Subjetivaciones rockeras / De días a días y de otras nostalgias

Subjetivaciones rockeras / De días a días y de otras nostalgias

Hace algunos días, me enteré (debo confesar que lo desconocía) de la existencia de un Día Mundial del Rock, y mi primera reacción fue la de preguntarme ¿Qué sentido tiene la existencia de una fecha como tal? La verdad, lo desconozco; dudo que en alguna ocasión algún compañero de la oficina, por ejemplo, llegue en una efeméride de éstas con una playera de Isis o de Tool, y me diga: ¡Feliz Día Mundial del Rock; déjame darte tu abrazo! O que los miembros de alguna familia de pronto digan: ¡Vamos a partir el pastel por el Día Mundial del Rock! Ha de disculpar mi agrio sentido del humor, estimado lector, pero en realidad me parece, como muchas otras fechas más, una idea totalmente descabellada (recuerde que la colaboración lleva el título de subjetivaciones, y ésta es otra más de ellas). Aunque sí debo reconocer que los motivos que dieron pie a la fecha los ignoro (como tantas cosas), y sobre ellos leeré posteriormente.

Tampoco me puedo imaginar que alguien que comúnmente escucha un estilo diferente al rock, por el hecho de enterarse de la fecha, se proponga escuchar este género musical, al menos durante ese día; o que por ser el Día Mundial del Rock, todas las estaciones, culturales o comerciales, así como los canales de televisión se avoquen a programar esa música. Honestamente, dudo que la fecha motive a una reflexión profunda sobre los paradigmáticos cambios sociales que ha propiciado esta corriente artístico-cultural; más bien, creo que se trata de otra estrategia más por asir, de alguna manera, un movimiento que se ha caracterizado por su rebeldía, su irreverencia y su afán de libertad; aunque también, pienso que trata de edulcorar o descafeinar una postura que aún tiene mucho que señalar o denunciar, y que seguirá, por naturaleza propia, confrontando al sistema, al establishment.

Desde que tengo uso de razón escucho rock, me apasiona, no me cansa, siempre lo encuentro fresco, vigente y admiro el afán de muchos de sus hacedores por innovar de forma constante, aunque eso no implique en lo más mínimo que de no hacerlo decaiga, o si no, ¿quién que disfrute plenamente este género musical me podrá decir que no escucharía a The Animals porque está pasado de moda? El rock no conoce de modas, una canción realizada hace 50 años sigue trasmitiendo la misma frescura y energía que el día en que se estrenó; a eso hay que agregarle la cantidad de estilos que lo conforman. En fin, con esto quiero decir que siempre he disfrutado escuchar, vivir y sentir el rock; es una de las músicas que más me definen, pero nunca he necesitado que un calendario me lo recuerde.

Aunque debo hacer una honrosa excepción, recuerdo cuando era joven que, con un grupo de buenos amigos, nos organizábamos para festejar, no el día del rock, sino el “día del rocker”; la denominación es una mera sutileza, en realidad, pero el fondo de la fiesta sí dista mucho de lo que escuché el pasado 13 de julio. En ese “día del rocker”, los camaradas citados y su servidor recibíamos una invitación para asistir a una comunidad del municipio de Jerez; la idea era irnos desde un día antes para llegar a jugar fut, y después de eso, hacer una buena fogata, sacar parte de los víveres que llevábamos y pasar una divertida velada a cielo abierto; a la mañana siguiente, era levantarnos para ir a explorar el lugar, chapotear en algún arroyo, almorzar y seguir jugando fut, ya fuera soccer o americano, todo ello fondeado con música rock de los más diversos estilos.

Ya por la tarde, llegaban nuestros anfitriones con un tremendo cazo lleno de elotes, algunos guisos jerezanos y un par de cartones de cerveza. Disponíamos nuevamente de una fogata y, mientras se cocía o tatemaba la elotada, platicábamos con nuestros invitantes, a muchos de los cuales prácticamente conocíamos en el lugar; vale mencionar que muchos de ellos se encontraban recién llegados de varias ciudades de la Unión Americana y venían también con el entusiasmo de disfrutar la citada convivencia. La camaradería armoniosa era lo que siempre imperaba; pese a que muchos de nosotros nos veíamos por primera vez, era como si nos conociéramos de toda la vida. Fueron aquellas fiestas inolvidables en las que se promovía la convivencia sana y amena, siempre con el rock como motivo y, por supuesto, como música de fondo. Debo reconocer que eran otros tiempos.

Insisto, no necesito que un canal de televisión, una estación de radio o una página de Internet me recuerde que tal fecha es el Día Mundial del Rock, aunque, para ser honesto, espero que la efeméride sirva a la postre, como lo señalé líneas arriba, para reflexionar sobre el impacto social de este género musical paradigmático; deseo también que algún día tengamos las condiciones para llevar a cabo nuevamente el “día del rocker”, resultaría muy grato volver a convivir con aquellos y con nuevos camaradas y, por qué no, con sus familias. En fin, para mí, todos son días del rock, es muy raro el día que no lo escucho, y creo, sin temor a equivocarme, que muchos, como su servidor, lo disfrutan; estarán de acuerdo con éste. Así que hoy y siempre: ¡Feliz día del rock!

 

Pd: Un saludo afectuoso a los buenos amigos rockers de El Durazno, en Jerez, y La Concha, en Ojocaliente, y por supuesto, a los “RIPS”; años sin vernos, pero continúan los gratos recuerdos. Por los buenos tiempos: ¡Salud! Φ

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