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Tercer Concurso de Cuento Corto (Tercer lugar)

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La apuesta perdida

 

Ésta es una historia para todos los niños a los que no les gustan las matemáticas (son muchos, en realidad). Esto pasó hace mucho tiempo; es la historia de Raúl, un niño de tu misma edad, de tu misma estatura, pero él tenía un centímetro más grande la cabeza. A este niño, en particular, no le gustaban las matemáticas y nunca hacía ni un mínimo esfuerzo.

Un día, todo eso cambió cuando un hombre millonario visitó nuestra pequeña ciudad, retando a las personas más inteligentes a desafíos difíciles. Él decía: “Si respondes correctamente, te entregaré toda mi fortuna”. Mas nadie lo lograba. Raúl caminaba distraído cuando escuchó la noticia. Luego de considerarlo unos minutos, se decidió a participar; no sería fácil. Después de un par de horas, llegó el turno de Raúl. “Mi madre se preocupará porque no llego”, pensó el ansioso niño. Respiró y caminó hacia un área restringida donde aquel elegante hombre le esperaba, y al parecer, no podía aguantar la risa de ver a un niño acercarse. Sin poder hablar de risa, dijo: “Bueno, pequeño, si respondes correctamente, te entregaré toda mi fortuna” (aclaró su voz y continuó). Éste es el problema: “Dos personas van en bicicleta, una hacia la otra, y tienen 20 kilómetros de distancia entre sí y una hora después se reúnen. En el momento de salir, una mosca que está en el volante de una de las bicicletas vuela hacia el volante de la otra bicicleta, al llegar, se da la vuelta y vuelve al volante anterior, y continúa así hasta que las dos bicicletas llegan a su destino. Si la mosca volaba a una velocidad constante de 15 kilómetros por hora, ¿cuántos kilómetros recorrió la mosca?” Raúl quedó paralizado de temor, reflexionó una y otra vez durante unos minutos, tragó saliva y entonces… ¡Zam! Comenzó a hablar: “La respuesta es…” No dijo nada más, se puso de pie y se fue; se rindió con la respuesta en la lengua.

¿Quieren saber la respuesta? Raúl sabía la respuesta: 15. Aquel niño no la dijo porque pensaba que las matemáticas era sólo operaciones, mas no, no lo son; son algo tan fácil como ser una mosca. Sólo bastaba con leer un poco más el problema y descubrir que los dos ciclistas se encontraban en una hora, y la mosca viajaba a la velocidad de 15 kilómetros por ese tiempo. Nadie en nuestra hermosa ciudad lo logró. Muchos matemáticos han tratado de resolver el mundo con operaciones y más, sin darse cuenta de que la respuesta está enfrente, sólo falta leer, leer, leer, sólo me faltó leer…

 

Autora: Anaís Sofía Contreras Rivera

Edad: 11 años

Escuela: Colegio del Centro

Zacatecas, Zacatecas

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