Tercer Concurso de Cuento Corto (Quinto lugar)

Tercer Concurso de Cuento Corto (Quinto lugar)

El nuevo rey

 

Personajes:

Reyes. El príncipe; se convierte en el nuevo rey.

Rosalío. El rey; muere. Papá de Reyes.

Nacha. La reina, mamá de Reyes.

Cabezón. Tío malvado, hermano de Rosalío.

Atuna. La novia de Reyes y la nueva reina.

Espinoza. Amigo de Rosalío.

Cristina. Amiga de Reyes; jirafa.

Vegueta. Dinosaurio; amigo de Reyes.

Portol. Hijo de la Portola y amigo de Rosalío.

 

Introducción:

Ésta es la historia de un caballo aventurero y curioso, que debe de encontrar, con la ayuda de sus amigos, un gran ciclo de vida sin fin.

 

Érase una vez que el sol de la mañana se elevaba sobre la llanura de Río Verde. Los animales y los pájaros se reunían en el castillo del Rey. ¡Éste había sido un día! Los animales se inclinaron al ver al nuevo príncipe, Reyes, delante de ellos.

El rey Rosalío y la reina Nacha veían cómo el sabio Portol presentaba a su hijo recién nacido al reino.

Reyes se convirtió en el caballito más juguetón y curioso. Temprano, una mañana, Rosalío llevó a Reyes a la cueva del rey, llamada Cueva del Salitre. “Todo lo que toca la luz es nuestro reino”, le dijo a su hijo. “Un día, Reyes, el sol se pondrá en mi tiempo aquí y se levantará contigo, como el nuevo Rey”. Todos nosotros estamos conectados en el gran ciclo sin fin.

Más tarde ese día, Reyes fue a ver a su tío Cabezón. “Mi papá me enseñó todo el castillo -se jactó el caballito-. Y ya estoy al tanto de todo”. Ahora, Cabezón estaba enojado, porque ya no era el siguiente en ser rey. Tenía un plan para deshacerse de este nuevo príncipe y preguntó astutamente si Rosalío le había mostrado lo que estaba más allá de la mesa. “Bueno, no -dijo Reyes con tristeza-. Él dijo que no puedo ir allí”. “Y tiene toda la razón -dijo Cabezón-. Es demasiado peligroso. Sólo los más valientes caballos van allí. Un cementerio de caballos no es un lugar para un joven príncipe”.

Reyes no notó la trampa de su tío Cabezón. Decidió mostrarle a su padre lo que un caballito valiente podía ser.

Rosalío fue a buscar a su mejor amiga, Atuna, para ir al cementerio de caballos ese mismo día. Pero él no tenía idea de que Cabezón había enviado a tres leones al cementerio, para matar al príncipe nuevo.

Reyes se adelantó a través de las llanuras de Río Verde, dejando atrás a Atuna, pero de pronto, llegaron al lugar prohibido y empezaron a ver lo que nunca habían visto jamás. Eran montones de huesos.

“Es realmente espeluznante”, dijo Atuna. Reyes, a punto de descubrir un cráneo, vio a Espinoza, el amigo de su padre.

Después de mucho tiempo, Reyes despertó, y todo a su rededor parecía diferente: había árboles, llanuras, praderas y flores en el lugar de la presa. Una jirafa llamada Cristina y un dinosaurio llamado Vegueta lo habían llevado a su casa. “Estuviste a punto de morir -dijo Pumba-. “Yo te he salvado”. “Gracias por tu ayuda”, dijo Reyes, pero pensó: “No tengo a dónde ir”. Empezó a alejarse. “¿A dónde vas a ir?”, preguntó amablemente Cristina. “A ninguna parte”, dijo Reyes. “¿Hay algo que podamos hacer?, dijo Vegueta. “No, al menos que ustedes puedan cambiar el pasado”, contestó Reyes. “Tienes que dejar el pasado atrás -dijo Cristina-. Repite con nosotros: ¡Chicomucatachi! Esto significa: sin preocupaciones”. Reyes decidió quedarse en la presa con sus nuevos amigos.

Pasaron los años, y sin Reyes el reino. Reyes se convirtió en un caballo joven. Él vivió feliz, sin preocupaciones en la vida, con sus amigos. Pero un día sucedió algo que no era una situación para “no preocuparse”. Una yegua hermosa, muy tierna, se encontró con Cristina y Vegueta. El corcel Reyes la vio y se dio cuenta que era su vieja amiga Atuna. “Estás vivo -dijo ella alegremente-. ¡Esto significa que eres el rey! Atuna le dijo a Reyes que Cabezón había destruido las tierras del reino. “Reyes, si no hacemos algo, pronto todo el mundo morirá de hambre”. “¡No puedo volver atrás. No lo entendería!”, dijo Reyes. Atuna estaba decepcionada de su amigo. “¿No lo entiendes? Eres nuestra única esperanza”. Atuna regresó sin su amigo Reyes.

Esa noche, Reyes estaba junto a un arroyo llamado Arroyo del Capulín, pensando. De repente, oyó un ruido y miró hacia arriba. “Yo sé quién eres” -dijo Portol-. Eres el hijo de Rosalío. Estás vivo y te voy a enseñar algo”. Siguió a Portol por la orilla del arroyo, pero cuando miró el agua, se reflejó. Había cambiado de forma y se convirtió en su padre. “¡Sin embargo, recuerda quién eres! Tú eres mi hijo y mi verdadero rey”. De pronto, el reflejo y Portol desaparecieron. “Yo voy a regresar”, dijo Reyes.

Mientras tanto, la tormenta, las nubes y un relámpago arrasaban con las tierras de Río Verde y del reino. Con las hierbas secas se incrementaba el fuego. Las enormes llamas llegaban hasta la boca de Cabezón. Casi se quemaba, y un caballo apareció entre el humo. ¡Era Reyes!

Cabezón arremetió contra Reyes. Quería matarlo, al igual que a Rosalío, Vegueta y Cristina. Se unieron a la feroz batalla y los caballos hicieron retroceder a los leones.

Reyes, finalmente, lanzó a Cabezón al precipicio. Cabezón aterrizó y se encontró rodeado de leones, y se lo comieron. ¡Reyes salió victorioso!

Reyes tomó su legítimo lugar como rey, y una vez más, la tierra floreció una madrugada; los animales y las aves se abrieron paso de nuevo a los pies del castillo del rey; Portol tomó a la pequeña yegua, mostró a la nueva princesa, hija del rey Reyes y la reina Atuna, a la multitud que vitoreaba. El ciclo sin fin seguía su curso.

2

Moraleja:

Las personas que se quedan estancadas en una época o pasado jamás serán felices, porque sus mismos recuerdos no los han dejado avanzar. Esto fue lo que le pasó al rey nuevo. Vive el presente y deja el pasado, porque ya está empolvado.

 

Autor: Carlos Manuel García Soto

Edad: 11 años

Escuela: Telesecundaria Francisco E. García Estrada, en la localidad Colonia Río Verde

Ciudad Cuauhtémoc, Zacatecas

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