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Diez partidos y sólo dos proyectos verdaderos

Diez partidos y sólo dos proyectos verdaderos

Ayer iniciaron sus campañas los candidatos a diputados federales de los 10 partidos autorizados para registrarlos, y unos cuantos candidatos independientes. Constataremos, una vez más, que en México no están teniendo lugar procesos sociales para elaborar proyectos para el país donde se formen liderazgos sólidos y capaces, y los ciudadanos se agrupen alrededor de proyectos, por lo que los procesos electorales han sido despojados de todo contenido relevante para la sociedad, deviniendo en competencia de carismas personales y en torneos de mercadotecnia y manipulación de grupos sociales, recreando y fortaleciendo con ello las relaciones sociales clientelares y los vicios del viejo régimen. En síntesis, se ha propiciado un proceso degenerativo de la actividad política donde la pieza clave es la falta de credibilidad del sistema de partidos en su conjunto.

Para valorar mejor el contexto en el que inician las campañas electorales, hay que recordar que la liberalización democrática iniciada en 1977 y traicionada por la élite del poder a partir del año 2000, coincidió en el tiempo con tres procesos: la implementación a partir de 1982 del modelo neoliberal que ha generado estancamiento económico, desempleo y un incremento en la desigualdad; con la generalización de la corrupción, la violencia y la inseguridad; y desde hace una década con la captura parcial del Estado por diversos grupos criminales, por lo que muchos mexicanos están convencidos de que la democracia no resuelve sus problemas, y un número cada vez mayor de ellos expresan que aceptarían un regreso al autoritarismo si les garantiza una mejoría en su calidad de vida.

Lo anterior ha provocado que la política se haya  reducido a una lucha descarnada, al margen de todo proyecto y legalidad, a ganar a como dé lugar, primero las candidaturas y después las posiciones de representación popular sometidas a elecciones, de manera que la tarea casi única de la élite del poder  es conseguir recursos económicos para garantizar el funcionamiento de la maquinaria electoral, para financiar las campañas mediáticas y, en ocasiones, para condicionar el voto de los más pobres, aunque no sólo de ellos. No existe debate programático alguno, ni en los medios, ni en las universidades, que ayude a los electores a tener claridad de lo que, en el fondo, representa votar por cualquiera de los candidatos en competencia.

No obstante lo anterior, existe una forma, así sea indirecta, de conocer los proyectos que realmente apoyan los partidos, más allá de los documentos que hayan registrado para cumplir los requisitos legales. Se trata de examinar el sentido de las votaciones más importantes emitidas por los integrantes de las dos cámaras del Congreso de la Unión durante los últimos dos años, o sea las derivadas del Pacto por México, mejor conocidas como reformas estructurales; es relativamente fácil demostrar que ese paquete de reformas  unificó a todos los legisladores del PRI, PAN, PRD, Verde y Panal, con la excepción de dos temas en los que tomaron distancia PAN y PRD; el primero de ellos votó en contra de la reforma fiscal, mientras que el PRD no apoyó la reforma energética. En todos los demás temas votaron como si integrarán un solo partido liderado por el presidente Peña Nieto. El hecho de que hasta ahora ninguno de los partidos señalados haya hecho ningún tipo de autocrítica por esas coincidencias, puede ser un indicador de que no desautorizarían un nuevo paquete de reformas “estructurales”, algunas ya anunciadas como la del sistema de salud y seguridad social, o la del agua, y todas las que se deriven de la revisión que ya están haciendo de los más de 800 programas con apoyo presupuestal federal.

De lo anterior se desprende la conclusión de que a la minoría beneficiaria de las reformas de Peña Nieto lo que realmente les interesa es que el bloque de diputados a su servicio sea mayor a los dos tercios necesarios para reformar la Constitución cuantas veces sea necesario, sin importarles verdaderamente el partido al que pertenezcan; y lo que realmente temen es que se fortalezca la oposición más resuelta y clara a todo su paquete de reformas, esto es, sin lugar a dudas su preocupación principal del momento es MORENA, el nuevo partido que encabeza Andrés Manuel López Obrador.

Así pues, lo que se juega en este proceso electoral federal es el número de diputados que tendrá el bloque dirigido por Peña Nieto y, concomitantemente, si la bancada de MORENA tiene el tamaño suficiente para detener nuevas y peligrosas reformas constitucionales. El elector que crea que el país va por el rumbo correcto, fortalezca el bloque de Peña Nieto votando por Panal, Verde, PRD, PAN o PRI, de lo contrario no lo dude, la opción es MORENA. ■

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