Subjetivaciones rockeras / Dos recomendaciones discográficas

Subjetivaciones rockeras / Dos recomendaciones discográficas

The elder (2005), Flametal

Curiosamente a lo que pudiera parecernos, la agrupación del disco comentado en esta ocasión no procede de España, como algunos suelen (o solíamos) pensarlo, sino de Berkeley, California, en Estados Unidos de Norteamérica; me refiero a la interesante banda de metal flamenco Flametal, término que conjuga los dos géneros mencionados con anterioridad, mismos que son ejecutados con una calidad sorprendente. El grupo está conformado por Uriah Duffy, en el bajo; Angeline Saris, también en el bajo; Tomas “The Hammer” Perry, en la batería; Benjamin P. Woods, en la guitarra flamenca, guitarra eléctrica, caja española y voz, y Brian Spalding, en la guitarra.

El disco al que hoy haremos referencia es el titulado The elder, que, traducido, sería algo así como El mayor. La obra está conformada por ocho tracks, por medio de los cuales nos percatamos que los géneros musicales que confluyen en ella no son tomados a la ligera, sino que ambos son asumidos con toda la seriedad, con el propósito de darnos a conocer su complejidad. Es bien sabido por la mayoría que la estética flamenca (que es un conjunto de disciplinas artísticas que incluye la música, el baile, la poesía y, en buena medida, la plástica) exige un pleno dominio de sus expresiones, ya que, de lo contrario, la propuesta se vería deslucida o como una simple caricatura.

Vale mencionar, por ejemplo, que el segundo tema de la producción que esta vez nos ocupa es una pieza eminentemente flamenca, en la que no sólo escuchamos el excelente dominio de la guitarra y de la caja española, sino que nos percatamos de los zapateados que, sobre el tablao, ejecutan algunos bailaores, lo que nos remonta de inmediato a las peñas flamencas y gitanas; con toda esa atmósfera pletórica de pasión, de hecho, es prácticamente imposible concebir el flamenco, en cualquiera de sus manifestaciones, sin una fuerte dosis de pasión. No obstante, esa atmósfera se deja sentir a lo largo de todo el disco, mismo que nos invita a escucharlo en más de una ocasión.

Respecto al metal, no se puede negar que también hay un conocimiento profundo al respecto, y escuchamos, en este sentido, una excelente muestra del denominado speed metal, con interesantes salpicaduras de death, siempre conjugado con las figuras producidas por la guitarra flamenca acústica, algunas de ellas sorprendentes por su complejidad y depurada ejecución, incluso podemos decir que ése es el gancho que nos atrapa a partir de sus primeras notas. Sin duda, lo que escucharán a lo largo de toda esta producción discográfica es un interesante proyecto, realizado con toda la seriedad, en el que destaca la armonía y el equilibrio de dos estilos musicales (que desde hace algunas décadas demostraron hacer lo que podríamos llamar un buen maridaje), sin que uno intente sobreponerse al otro y donde, de hecho, se le da prioridad a la música. Es un disco bastante recomendable.

Verlorene welt_Flaming BessVerlorene welt (1980), Flaming Bess

No siempre el que se nos diga que un grupo toca rock progresivo nos garantiza que habremos de escuchar una propuesta que nos sorprenderá de principio a fin; hay casos, como el que hoy nos ocupa, en el que si bien escuchamos un proyecto bien ejecutado, realmente no logra despertar del todo el interés, o bien, resulta una producción que se nos olvidará al paso de un par de días. Lamentablemente, es el caso del disco Verlorene welt, de la banda alemana Flaming Bess, el cual, como lo mencioné palabras antes, si bien no es malo, tampoco es una obra que, desde mi particular punto de vista, merezca consagrarse para la posteridad.

La producción, en su versión original en vinil (que es la que escuché), está conformada por ocho tracks; sé que para una remasterización realizada en 2003 incluyeron cuatro bonus tracks, que eran más bien una especie de remixes de algunos de los temas contenidos desde el principio en el acetato, pero para ser honesto, con lo que escuché me pareció más que suficiente. A través de sus temas -todos ellos carentes de energía y más bien pensados para ser escuchados en espacios chill-out (es decir, totalmente descafeinados)-, escuchamos algunas narraciones en alemán, lo que vuelve al proyecto un tanto más inaccesible.

Participan en el disco Joachim Jansen, en el sintetizador; Hans Wende, en el bajo; Hans Schweiss, en la batería, y Barry Peeler, en la guitarra, pero además, para éste, contaron con las colaboraciones de Woh Galach, en la narración; Achim Wierschem y Bruno Blättler, como guitarristas; Valerie Kohlmetz, en las percusiones, y Herbert Ihle, Marlene Krückel y Wolfgang Emperhoff, en los coros. A lo largo de la producción resulta imposible no recordar agrupaciones como Renaissance o Eloy, ya que algunos de sus acordes los rememoran, sólo que sin la transgresión que caracteriza a esas bandas. Insisto, el disco no es malo, pero me atrevo a decir que está destinado a tímpanos más delicados, indispuestos a sobresaltos o a las intempestivas pero gratas sorpresas a las que nos tienen acostumbrados las bandas más consagradas del rock progresivo. Si me pidieran una definición para el estilo que caracteriza al disco, yo le llamaría algo así como soft-prog. Espero conocer sus otras producciones discográficas, con el deseo de llevarme una mejor impresión.

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