El siglo XX, un siglo perdido para Zacatecas

El siglo XX, un siglo perdido para Zacatecas

En mi colaboración de ayer afirmé que el siglo pasado fue el escenario de dos cambios de orientación de la política económica en los países que al iniciar la década de los años 50 permanecían fuera de la zona de influencia de la Unión Soviética (URSS); el primero en 1946, al terminar la Segunda Guerra Mundial, cuando sus gobiernos acordaran avanzar en la construcción del llamado Estado de Bienestar en sus distintas modalidades, siguiendo los postulados del economista británico John Maynard Keynes; y el segundo a partir de la crisis económica mundial de los años 70, cuando el capital financiero internacional impuso a los gobiernos la aplicación de los principios del neoliberalismo, paradigma económico alternativo al Keynesianismo, que alcanzó su hegemonía mundial a finales de la década de los años 80 con la desaparición de la URSS y el apoyo de los gobiernos de Estados Unidos y la Gran Bretaña.

La entidad zacatecana, golpeada por la destrucción inherente a la Revolución, la gran depresión de 1929 y diversas revueltas armadas, no logró desarrollarse durante las cinco décadas de crecimiento acelerado de la economía nacional y no se benefició de la disminución lenta pero consistente de las desigualdades sociales y regionales, ni tampoco ha logrado nada durante la aplicación del neoliberalismo de 1982 hasta la fecha. Al estudiar la evolución económica de la entidad queda la impresión de que el pueblo zacatecano, en especial sus gobernantes, no han logrado que la élite del poder nacional tenga como objetivo el desarrollo económico de este territorio. No se logró que Zacatecas fuera incluido en los proyectos de modernización del mundo rural ni en los de industrialización propiciados por el Estado, manteniéndose a la entidad como una zona de reserva para la industria minera, con un medio rural atrasado con el sector ganadero como hegemónico hasta la década de los años 70. Las sucesivas élites del poder local no han sido capaces de coordinar la elaboración de un verdadero proyecto estatal de desarrollo pues, en el mejor de los casos, se han conformado con ser buenos gestores de proyectos aislados, como la instalación de la cervecera del Grupo Modelo en el municipio de Calera.

Los gobernadores de los veintes y los treintas, algunos de ellos militares que participaron en la Revolución, ejercieron sus funciones por periodos muy limitados proliferando los interinatos, y su atención estaba puesta en conflictos como la Cristiada y otras revueltas militares que dificultaban la estabilización nacional; las siguientes tres décadas fueron dominadas por el reynosismo y los dos gobernadores agrónomos, que tampoco lograron insertar a la entidad en las tendencias modernizadoras nacionales, ni siquiera en el sector mayoritario de entonces, el agropecuario, conformándose con mantener el poder estatal con métodos muy autoritarios; los 70 fueron años de crisis económicas y gasto federal creciente que, sin embargo, pocas huellas dejó en la entidad.

A partir de 1982 llegó el neoliberalismo con la presidencia de Miguel de la Madrid, lo que significó el peor de los mundos para Zacatecas, pues los sucesivos gobiernos federales abandonaron radicalmente su función de rectores del desarrollo, con lo que decretaron la muerte por inanición de la economía rural atrasada, mayoritaria en la entidad, provocando la expulsión de miles y miles de familias campesinas que no tuvieron más remedio que la emigración, pues los neoliberales apoderados del Gobierno Federal no diseñaron un camino para la inserción de la entidad en las nuevas redes transnacionales de producción y comercio, a diferencia del trato que dieron a las entidades fronterizas y a las del Bajío, lo que propició múltiples rezagos en sectores como el hidráulico, el energético, la construcción de infraestructura carretera, la innovación, la investigación científica, etc., que todavía hoy siguen siendo un obstáculo formidable para el desarrollo local. Los gobernantes locales correspondientes tampoco lograron presentarse como portadores de un proyecto propio y se vieron obligados a aplicar las directrices nacionales.

Todo lo anterior permite plantear la urgencia de un acuerdo entre todos los zacatecanos para iniciar, de inmediato, un intenso diálogo tendiente a lograr los acuerdos en lo esencial para elaborar las líneas principales de un verdadero proyecto de desarrollo local, que los legítimos representantes del pueblo zacatecano puedan presentar y defender en todos los foros e instancias que se requiera para darle viabilidad. Especialmente obligados a participar en ese diálogo son las autoridades en ejercicio y los partidos políticos, así como los representantes de la sociedad civil organizada.

La existencia de un proyecto de desarrollo para Zacatecas elaborado con métodos participativos, sería la mayor fortaleza para que la voz de la entidad sea escuchada en estos momentos en que confluyen varias graves crisis nacionales: económica, de representación, de credibilidad, de moralidad y, por supuesto, de seguridad humana.

Asimismo, la discusión a fondo de los problemas de Zacatecas sería la mejor preparación para afrontar la posibilidad de que se produzca un nuevo cambio de dirección del péndulo en materia económica al que me he referido, que se expresará en un complicado proceso de agotamiento del paradigma neoliberal y de surgimiento de uno nuevo, orientado esta vez a garantizar la vigencia universal de todos los derechos humanos. ■

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