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Pánfilo Natera, el juez de las tempestades

Pánfilo Natera, el juez de las tempestades
  • Historia y poder

Cuando el sindicato nacional del crimen se aposentó en las raíces del suelo zacatecano uno de los indignados en primera fila fue Pánfilo Natera García,  a quien le gustaba la acción, por lo que el campo era fértil para que su indignación tomase las armas, juntase hombres y mujeres decididos a entregar su vida en pos de que la situación cambiara en la suerte de los pobres.

De muchos es sabido de su activa participación en la Toma de Zacatecas con los hermanos Arrieta y su pasión por salir siempre victoriosos del peligro, con Cándido Aguilar y su estrategia militar de guerrilla urbana siempre a la vanguardia y con el jefe de jefes, Doroteo Arango Arámbula, a quien sin traicionar a Venustiano Carranza ni desoír sus mandatos urgentes, se  le mostró solidario y eficaz en las grandes carnicerías que ensombrecieron el cielo zacatecano.

Juez de las tempestades: era buen razonador y en general muy capaz, podía expresarse bien a pesar de su cuna tan pobre y sus aparentes escasos estudios, siempre anheló en lo más profundo ser escritor, debía tener tacto y diplomacia, pues tendía a ser demasiado frontal en sus apreciaciones, creándose enemigos innecesariamente, era nervioso e impaciente, tenía que aprender a no dispersar sus talentos y energías y era importante que se mantuviera siempre ocupado para evitar así sus frecuentes estados depresivos. Sus 19 letras en la numerología sureña deparaban  triunfo, dinero, amor y popularidad.

A pesar de su rigurosidad fue buen padre, buen maestro, buen gobernador pues su  segunda gestión de 1940 a 1944 intentó a toda costa incorporar los esfuerzos de las fuerzas progresistas que se hermanaban en partidos, sindicatos, gremios, experiencias comunales campesinas en donde el apogeo agrícola le diera inmediatos beneficios para paliar las hambrunas, los desastres de las políticas nacionales que ignoraban el sufrimiento y la desatención centenaria de miles de familias en todo el territorio zacatecano.

Pese a su ánimo conciliador tuvo pleitos con el congreso de diputados, empresarios y la Iglesia debido a la instauración de políticas populares que se parecieron a las del entrañable Tata Pachito, antiguo gobernador zacatecano que emergió a la fama por ser uno de los mejores por todos los tiempos y no por su generosidad cristiana sino por el deber republicano de combatir la pobreza y las mafias políticas que sangraban el erario y le daban poca credibilidad al papel rector del estado en el destino de la economía, la educación y la cultura.

En extremo delgado y alto, media caso 1,93 cts., decenas de fotógrafos nacionales y del mundo lo retrataban con igual furor y fama de Panchito Villa, siendo vistosa su indumentaria de gamuza, su sombrero con decenas de imágenes religiosas y colguijes que le daban fuerza, motivos de arrojo sin ser arrogante y una simpatía entre las tropas de soldados que confiaban en él su argucia militar y su conquista inmediata en las tareas que atendía.

Sus familiares aun sostienen que una de las causas que lo entristecieron y quizás lo llevaron a la muerte a sus 69 años, fue el asesinato artero de su querido hijo Pánfilito, – diputado- y a manos de un policía del que nunca se supo si era parte de una venganza o conjura contra de él mismo y su limpia trayectoria- y que a la postre lo deprimió y lo llevó finalmente al firmamento de la eternidad. Hoy miles de calles y plazas llevan su nombre valiente.

Termina 2014, año emblemático para Zacatecas ¡Loor eterna a los caídos en el cumplimiento de su deber! ■

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