Acá también hay tragedias

Acá también hay tragedias

■ Inercia

En medio de tanto conflicto social que se ha generado en el país, los reflectores han perdurado sobre Gobierno Federal, donde la corrupción augura un 2015 no con menos problemas. Si bien es cierto que quien se supone es nuestro máximo representante nacional da siempre mucho material para criticar, también en este entorno tan propio, como lo es la Noble y Leal Ciudad de los Zacatecas hay mucho por comentar.

Las vicisitudes nacionales han acaparado nuestra atención; las noticias están llenas de información sobre lo que acontece en otros estados, en otras ciudades y hemos olvidado por instantes lo inmediato; hemos perdido de vista asuntos que nos conciernen de forma directa y que, por falta de vigilancia, lejos de resolverse se están haciendo más graves.

 

¿Algún interesado?

Es difícil dejar de lado las tragedias que están aconteciendo cada día en el país; no se puede ignorar que hay un desmoronamiento del orden público cada vez más impresionante. Hay irrupciones violentas por doquier y es seguro decir que existe temor e incertidumbre en la sociedad. Estamos ante una época devastadora para México…

Pero como si no fuera suficiente con eso, en Zacatecas tenemos otros tantos problemas. Por ejemplo, el hecho de que la deuda pública de gobierno llegará a superar los 11 mil millones de pesos al cerrar este año, lo que implica que cada ciudadano debe más de 3 mil pesos. Si a esto le sumamos que durante los festejos del Centenario de la Toma de Zacatecas se gastaron más de 400 millones en obras y actividades, que a sólo 6 meses de su realización, tienen nula significación para la ciudadanía, o bien, el escándalo por la remodelación de la casa del gobernador, que se llevó a cabo en 2012, y que supuso un gasto mayor a los 19 millones que debieron ir dirigidos al desarrollo urbano, más grave aún es el tema de Salaverna, donde familias enteras fueron desalojadas por una minera a la que Gobierno del Estado cedió permiso para excavaciones en esa zona… Podemos hablar de que, la corrupción federal tiene su paralelo aquí mismo.

Y todavía más terrible es el hecho de que como zacatecanos poco hemos cuestionado tales acciones. Las confrontaciones que, a veces hacen los más osados (quienes resultan ser casi siempre jóvenes estudiantes) al gobernador han sido con base en hechos que conciernen directamente a la Federación, como ha sido el caso de Ayotzinapa.

¿Hay alguien que hoy en día exija explicaciones a Miguel Alonso por su administración, por el cumplimiento de promesas en campaña o por su nulo interés en el mejoramiento de la calidad de vida, seguridad y empleo en el estado?

 

¡Preocupémonos!

Dice Michel Foucault en sus conferencias sobre la hermenéutica del sujeto que en la antigüedad, la filosofía del hombre daba particular interés a la “preocupación por uno mismo”; Foucault trata de explicar por qué hemos dejado de lado esta idea y la hemos desplazado como una idea negativa mejor conocida como “egoísmo”. Me parece que aparte de los presupuestos del filósofo francés que tienen que ver con la evolución histórica del pensamiento social entre el individuo y la otredad, también hay una triste explicación en el sistema que nos gobierna, pues entre tanta miseria e injusticia nos encontramos entre la espada y la pared: ver por el bien propio o tratar de ayudar a los demás a riesgo de perder la vida. En esta diatriba, el bien propio no significa la preocupación por uno mismo, sino una forma de protección ante lo externo, esto es una fuga o evasión de la realidad inmediata.

Así, vemos las noticias y nos consternamos por todo lo que a diario sucede en el entorno pero ello no nos lleva a movernos para solucionarlo. Y ese “egoísmo” es tan artificial que ni siquiera podemos hacer algo por el bien propio siquiera. Si no somos capaces de preocuparnos por lo que no es íntimo, mucho menos por el otro o el exterior.

Con esto quiero decir que, es probable que a la sociedad zacatecana le resulte mucho más factible cuestionar lo que sucede afuera del estado, porque hay en ello un respaldo social de peso nacional en el que camuflarse, mientras que la confrontación directa y contundente con el aquí y ahora representa mucho más compromiso, pues implica una verdadera preocupación por uno mismo y por los otros.

Es alarmante que nuestro gobierno cometa tantos atropellos y que no haya quién se manifieste por eso, puesto que significan lo mismo que los problemas que hay en la Federación: un gobierno corrupto y sin escrúpulos, un gobierno que ve por un interés muy particular que lejos de ayudar a la sociedad sólo la refunde cada vez más en la desigualdad y la violencia.

Empezar un año más en silencio conllevará una inercia que puede culminar en un sexenio donde nuestro gobernador, como todos los demás, se va impune a ocupar un nuevo puesto y a formar parte del círculo vicioso en que se ha convertido nuestro sistema político y que amenaza con destruir lo poco que nos queda de dignidad. ■

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