El consejo general del INE construye su propio perfil

El consejo general del INE construye su propio perfil

El pasado jueves, en la capital del país, tuvieron lugar las entrevistas a cargo de los 23 aspirantes a integrar el Consejo General del IEEZ que pudieron superar las etapas iniciales del procedimiento de selección. Como se dice en el argot futbolero, la pelota queda ahora en la cancha del Consejo General del INE, último responsable de lo que al respecto suceda. No puede escapar a los integrantes del máximo órgano de dirección la trascendencia de la decisión que habrán de tomar. En privilegiado lugar de las razones que deben atender se encuentra el desarrollo del proceso mismo, es decir, deben dejar claramente establecido que los conocimientos, experiencia y trayectoria que -a través de la Convocatoria por ellos emitida- fueron exigidos a los participantes, habrán de encontrar un reflejo fiel en las individualidades seleccionadas para asumir tan elevada responsabilidad. Merecería el descrédito y el repudio total una integración de consejeros donde los últimos en resultados aparecieran como primeros en los cargos. Si éste fuera el caso, el aparente rigor del procedimiento de selección podría considerarse no solamente como una farsa, sino como simple pretexto para bloquear el acceso a consejeros de criterio independiente y, por tanto, a las opiniones “incómodas” o no gratas a los intereses creados en la política, que siempre existen y tanto alejan a los ciudadanos de las urnas.

El Consejo General del INE tampoco puede ignorar que han sido varios los casos en los que ha debido dar marcha atrás a sus acuerdos de integración de Consejos de los ahora llamados Oples, en virtud de sentencias emitidas por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Nunca como ahora las decisiones de los diferentes órganos del poder y de sus organismos descentralizados y autónomos, serán objeto de mayor escrutinio por la sociedad civil. Así pues, la decisión del Consejo General del INE es una oportunidad de contribuir a recuperar la confianza pública o, en su defecto, habrá de sumarse a las decisiones que han incrementado la falta de credibilidad en la frágil democracia mexicana. Seguramente también debe prevalecer en el ánimo de los consejeros la certeza -concepto nodal para una autoridad electoral- de que el lugar que ocupan en el Consejo General está directamente vinculado a una reforma electoral que se ve a sí misma como la solución a la injerencia que, indebidamente, los poderes locales de la mayoría de las entidades federativas han ejercido sobre sobre el órgano responsable de organizar elecciones libres, que arrojen resultados creíbles y que permitan legitimar a quienes eventualmente obtienen el triunfo gracias a ellas.

Finalmente, el Consejo General del INE puede tener la certeza de dos cosas: en primer lugar, que la opinión pública hará su propio análisis a la luz de los resultados por ellos mismos consignados y, en segundo, que todo aquél  que evalúa, se evalúa a sí mismo. Si no lo dice ahora la razón, habrá de decirlo el tiempo. Y el tiempo acostumbra ser más preciso que nuestras decisiones.

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