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El patronazgo político de la casta Monreal

El patronazgo político de la casta Monreal

El descrédito del sistema de partidos políticos no es gratuito. La crisis ha escalado por diferentes etapas, primero un abandono de los colores ideológicos donde todos los partidos pasaron a ser blancos, y la diferencia entre ellos llegó a ser la misma que entre empresas comerciales que no tienen ideologías particulares, sino únicamente compiten por clientes.

Después pasaron de fundar sus campañas en lemas programáticos a formatos mercadotécnicos: se hizo esencial en las campañas el color, imagen y estudios de opinión, para captar la atención de los votantes, con lo cual se hizo a un lado la publicidad fundada en prioridades de cierto sector social o la promoción de polémicas políticas públicas. En seguida, con el financiamiento público, los partidos pasaron a ser dirigidos por burocracias eternas y autonomizadas de sus propios militantes. Así las cosas, tenemos la transición de la idea de “Partido” que se constituye en mediación política de ideas o intereses sociales diferentes a “Franquicias” burocratizas que se mueven como empresas de imagen en el mercado de votos.

Pero la desnaturalización de la función de mediación pública de los partidos no termina ahí: hay otro paso más. Las burocracias se mueven alrededor de ciertos sujetos que terminan por convertirse en dueños de los partidos; esto es, estas franquicias políticas se convierten en propiedad particular de dichos actores. No decimos propiedad privada, pero sí propiedad particular, que en términos funcionales es análogo. Esto significa que el partido político es manejado y conducido de acuerdo con intereses particulares de estos patrones. Con ello, la posibilidad de que los partidos cumplan su función de mediación de intereses sociales, y sean vehículos de representación pública de la pluralidad de grupos u ordenamientos sociales, está muerta.

Ahora hay una nueva figura diferente al caudillo, al cacique o al burócrata partidario: se inaugura el Patronazgo Político. Un ejemplo en la transición del cacique al patronazgo fue Alberto Anaya, del PT, y González Torres, del Verde. Pero ahora los Monreal en Zacatecas consolidan la figura. En dos partidos tienen como “acciones” (como las acciones de inversión en las empresas) y son dueños enteramente de uno. Sus negociaciones son transacciones. La negación misma de la democracia. Pero un rasgo sobresaliente es que este patronazgo, en la geometría política, no se identifica con posturas de derecha (como se esperaría), sino que reivindica posiciones en la izquierda.

Así las cosas, estamos ante una triple desnaturalización: del sistema de partidos, de la democracia y de la izquierda partidaria. Es preocupante que uno de los partidos donde la casta-Monreal ejerce su influencia sea Morena, que al iniciar su vida expresa una serie de notas que constituyen el motivo de esperanza de una parte importante del ciudadano de izquierda, sobre todo después de la debacle del PRD. ¿Se convertirá Morena en una franquicia más en la inversión o especulación de las “acciones” políticas de la casta Monreal? Sin duda, también se requiere construir una alternativa de izquierda partidaria, pero para eso no es sólo esencial, sino vital, que brille y realce su función de mediación de las aspiraciones de la democracia radical y el poder obediencial de la izquierda social; pero si Morena es capturado por el patronazgo monrealista, esta aspiración sucumbirá como el Titanic: en su viaje de inauguración.

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