Ramón López Velarde, mi poeta de cabecera y al que más recurro: Luis Miguel Aguilar

Ramón López Velarde, mi poeta de cabecera y al que más recurro: Luis Miguel Aguilar

■ Yo no hago distingos entre la alta cultura y la cultura de la vida ordinaria, señala el escritor

“Hay una charlatanería o no sé qué, le llaman la bibliomancia, que es adivinar con libro. Según esto haces una pregunta y abres un libro en la página y a ver qué responde. En fin, bueno, de algún modo a veces  yo necesito ir a la bibliomancia para encontrar en poetas que me encantan, que gustan, respuestas a esto que va ocurriendo y lo que me ocurre internamente también”.

Uno de esos poetas para Luis Miguel Aguilar (Chetumal, Quintana Roo, 1956), es Ramón López Velarde, de quien dijo, “vuelvo, vuelvo, lo releo, lo vuelvo a releer. Me sé de memoria muchas cosas de él. En fin, es mi poeta de cabecera y al que más recurro”.

Por esto, expuso el galardonado con el Premio Internacional de Poesía Ramón López Velarde 2014, “para mí, que mi nombre se una un momento con el de López Velarde, pues es algo que ni en el más loco de mis sueños imaginé”.

En la entrevista con La Jornada Zacatecas, realizada horas antes de que le fuera entregado el reconocimiento por su trayectoria y obra poética en evento realizado en el foyer del teatro Calderón este jueves por la noche, el también traductor, editor, ensayista y por muchos años director de la revista Nexos, quiso reservarse la médula de su mensaje, en que dijo, abordaría la pertinencia del autor de La sangre devota con el momento actual.

No obstante, luego de proponer a Sor Juana Inés de la Cruz como, “y voy a decir, el mayor poeta, para que no haya confusiones de género”,  y mencionar que ha habido grandes momentos de la poesía del país en la obra de José Gorostiza, Octavio Paz, Efraín Huerta, Jaime Sabines o Manuel José Othón, dijo de López Velarde, “sigue siendo el centro de la poesía mexicana”.

Algo que tiene que ver, expuso, con que siempre puede obtenerse de él una respuesta. “Volvemos a él. Yo me imagino que ahora hay un joven poeta leyéndolo deslumbrado, viendo todas sus metáforas, todas sus imágenes, todo lo que logró”.

La manera en que el Consejo consultivo honorario del Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde encontró que Luis Miguel Aguilar y López Velarde podían unirse, fue observando como mérito de la obra del primero para contextualizarla en la remembranza del segundo, que esta “recrea de muy diversas maneras el enigma de la cotidiana vida de la persona”.

Al respecto de su poesía, el columnista de Milenio diario con El camaleón peripatético, agregó, “para mí y para el tipo de poesía que intento hacer, la vida cotidiana es fundamental. Mi poesía es una poesía de conversación, una poesía coloquial que no sólo canta sino que cuenta cosas, una poesía al ras de la calle y de las experiencias (…) yo no hago distingos entre la alta cultura y la cultura de la vida cotidiana, para mí todo es enriquecedor y todo dispara temas”.

“Lo que yo hago”, dijo, y recuperó para ello lo expresado en su libro Fábulas de Ovidio (Cal y Arena, 2000), “es bajar la historia de una mujer que pierde 14 hijos y uno vuelve a leer eso y tiene una modernidad absoluta con lo que está ocurriendo en la calle, con lo que sabemos del entorno”.

Por esto señaló, “no hago distingos. En los clásicos uno puede encontrar cantidad de cosas, de ayuda, de consuelo, y también en la noticia del día. Yo lo que intento es agarrar un asunto y conectarlo con otras cosas para potenciarlo, para entenderlo y para ayudarnos”.

Sobre las conexiones que ofrece la propia poesía, sus para qué, Luis Miguel Aguilar, trae a colación  a José Emilio Pacheco y lo parafrasea para señalar que “es un misterio que tanta gente escriba poesía sabiendo que no va a recibir dinero de eso”.

De la experiencia en el contexto del propio festival de poesía, agrega la expresión de un escritor cubano, quien por la mañana expresara algo que Aguilar Camín refirió como magnífico: “la poesía ni se vende ni se rinde”.

Riendo, invitó a los lectores del género a no desconfiar de la poesía, de los poetas sí, dijo, “pero de lo que escriben no, porque hay confianza de que lo escriben por querer escribirlo y no por buscar un fin ulterior”.

En su caso, agregó, no hay día en que no esté repitiéndose de memoria versos y cosas que le proporcionan nuevas conexiones.

“Yo creo que la poesía sí es un modo de ayudar a vivir. Para mí, ya fuera en los momentos más difíciles de mi vida, ya fuera en los momentos más alegres, siempre encuentro algún algo que me ayuda a llevar la vida misma…”.

El acompañamiento de este recurso de sobrevivencia es añejo, era un niño, cuando se inició leyendo poesía en “esos libros del Declamador”, pero fue con el encuentro de la obra de Ernesto Cardenal en la revista El corno emplumado que trascendió la poesía “que rimaba y tenía sonido como de Bécquer, Díaz Mirón o Amado Nervo”, para entrar con el verso libre “a la poesía en toda su variedad. Y bueno, me puse a escribir y a nunca dejar de leer y de aprender”.

En esta búsqueda encontró otro de sus autores predilectos, T.S Elliot y su poema Tierra baldía, uno que contiene, expone, “una gran cantidad de imágenes y voces que entran y salen. Y situaciones de la vida moderna mezcladas con personajes de la vida clásica”.

Como un hallazgo en este diálogo continuo entre la modernidad y el mundo clásico dice, encontró “la primera vez que aparece una gasolinera en un poema”, un elemento de la vida cotidiana que se suma a otros como canciones populares”.

“Ese poeta Elliot, y ese poema Tierra baldía, me revelaron cómo podía ocuparse de las cosas cotidianas y al mismo tiempo contrastarlas, digamos, con un pasado literario”.

En este homenaje a Luis Miguel Aguilar, que además agradece por constituirse el festival en un espacio donde se invita a los poetas a que hablen no de la situación de la poesía, asuntos sociales o políticos, dice, sino “simplemente nos invitan a leer nuestro trabajo y ponerlo en contacto con el público, se ha reiterado la cita que José Joaquín Blanco hizo de su poética.

El crítico dijo en un texto publicado por primera vez en el diario Uno más uno, “la poesía de Luis Miguel Aguilar no se parece a ninguna otra que se esté escribiendo o que se haya escrito en México durante las últimas décadas”.

En respuesta, Aguilar comentó, no podría explicar a lo que Blanco se refería, pero propuso, su obra siempre ha estado “a caballo entre lo que se consideraba en México poesía culta y la poesía coloquial. Yo usé diferentes formas de acercarme a la poesía. Creo que a lo que se refiere es que mi poesía no tomaba partido ni por una ni por otra, y al ser así, tenía su propio camino”.

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