Zacatecas: la patria pequeña para todos A los deudos de su alma

Zacatecas: la patria pequeña para todos A los deudos de su alma

■ Historia y poder

Algo tiene que ver la patria nacional con los acontecimientos deslumbrantes que aquí sobrevinieron, si nuestro Zacatecas fue pionera en las marchas triunfantes de las naciones indígenas que perseguían el sueño de las ciudades flotantes y se asentaron en la zona de Chicomoztoc departiendo enseñanzas y cultivos, ordenanzas y el ejemplo de ir siempre más allá pese a las tormentas, las traiciones, la derrota o la actitud de judas disfrazada de justicia social sirviendo al enemigo.

Y tiene que ver, primero, con los grandes hallazgos en los cultivos alucinantes que alimentaron a miles de familias, en las técnicas de la exploración y explotación de las minas que le dieron riqueza al país y al mundo, en el combate a las enfermedades con la instauración de una de las universidades más emblemáticas del país y que es producto a la vez de las grandes misiones de las congregaciones religiosas que instauraron en nuestro territorio las primeras letras, los números y las artes, los libros y la escritura.

También el ejemplo de numerosos hombres y mujeres que fueron parteaguas en la conducta nacional en todos los terrenos, si la labor social, si las letras, la música, la pintura, las armas o la leyenda de quien se supo popular ayudando a los más pobres a salir del atraso milenario y entregó su vida en charcos de sangre, en la tortura malnacida, en las celdas oscuras y temibles de la policía zacatecana.

Nadie escapa al vasto dominio de su riqueza material e intelectual: el poeta Ramón López Velarde ha sido considerado como el mejor poeta de todos los tiempos y no por su trágica aventura en la vida sino por lo prodigioso de su advenimiento y emancipación en las letras nacionales y latinoamericanas, vórtice de la suprema igualdad tan perseguida, paradigma de la nueva noticia de que un día finalmente todos nuestros pueblos se verán libres de yugos y autoridades vulgares a la hora de repartir la justicia tan anhelada, la paz en los hogares, la alegría en los rostros infantiles.

Bebé: tu nombre es la maternidad de todas las mujeres zacatecanas que creyeron en un nuevo país, un estado vigoroso, pero encontró en los carreteras de la vida la traba, el desencanto, el aullido de los lobos persiguiendo la adolescencia carcomida y harta de dolores, hastiada de las jornadas laborales, la fatiga, la incertidumbre, el duelo y el luto en sus calles populares.

Aun así, a medida que pasaba el tiempo,- el nuevo ser que vendrá a estas tierras colmará de bendiciones todos los caminos-, encontró siempre la fineza fingida, el veneno en sus aguas cristalinas, el vaho maloliente en los discursos del diputado enriquecido, del líder sin escrúpulos, del gobernador insensato y manipulador de las conciencias, del alcalde que destruyó con su tóxica palabra los rumbos en que se atacaba la avaricia, la explotación supina de las muchedumbres, la esperanza real de seguir otro rumbo que le diera efectiva ganancia en los camastros proletarios.

Zacatecas es nuestra patria chica y el entorno de todas las melodías, del agradecimiento de haber nacido y visto el desfile de todos los colores y de todas las conciencias danzar en la acción y la reacción que nos adelanta, que nos ennoblece y enternece y que nos prepara a seguir hacia adelante siempre alertas y solidarios. Eso y la justicia permanente. ■

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