Trama, tramoya, teatro

Trama, tramoya, teatro

La semana anterior, los encuentros, desencuentros y choques sociales y políticos por distintos motivos continuaron, sean o no novedad; algo no deja en paz a los mexicanos y los resultados no auguran una pronta pacificación. En el DF, manifestaciones cívicas y peregrinaciones guadalupanas “competirán” en asistencia. Aguinaldos y vacaciones navideñas, ¿serán pausa provisional para los ánimos, cuyos agravios y daños sean indeclinables e irreparables como la incógnita de los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, de los que aún se desconoce su suerte final y paradero? Las actuales posibilidades de prospección, tornan el tiempo virtual en real y algo se puede hacer o ya se hizo: al no revelarse, la desdicha y desesperanza inician a condensar múltiples esfuerzos para no dejar morir en mentes y medios, semejante atrocidad y tragedia.

La represión en el Zócalo fue violencia inédita, innecesaria sobre los manifestantes. ¿Por parte del gobierno del Distrito Federal?, al que suponían, si bien, no democrático, tampoco represor, sin motivo grave. La acción de los provocadores estuvo a la orden del día y si se insiste en desatar la represión mediante la provocación, obliga preguntar, ¿por qué? Con tantos distractores en acción, algo se espera generar o hacer emerger. Por lo pronto, se distrae a la gente de lo que la atosiga hasta sin darse cuenta por estar más allá de ella: el incesante accionar neoliberal del actual régimen presidencial presidido por Mexicanos Primero y Peña Nieto, no rinde las ganancias ni las rentas esperadas por los grandes concentradores de riqueza nacional. Ni su ambición ni especulación han sido satisfechas, con las acciones desplegadas por el gobierno de Peña Nieto. Ya ni el mitote en torno a la “casita azul” de su consorte aparta los reflectores de los exiguos logros alcanzados bajo su gobierno. En otro ámbito, nada se diga del sainete asestado a los mexicanos desde el H. Congreso de la Unión, con una representación grotesca a cargo de un añejo político, cuyo apetito de poder, dinero y lucimiento sigue insatisfecho, sin importar el partido donde se hospede o al que controle, de cara a rentabilizar en su provecho los presupuestos y puestos electorales. Parodia con sentido de futuro, cuando la representación se lleva hasta la hilaridad en tan máximo recinto. Con ello, sencillos ciudadanos podrán de imaginar la manipulación de mentes y cuerpos a enfrentar el año entrante. ¿Desierto sin opciones? Al contrario, la mínima es enfrentarlos con civilidad desde los concretos problemas políticos, económicos y sociales para impulsar y disponer, justo al momento de votar, de planillas creíbles integradas por ciudadanas y ciudadanos comprometidos con propuestas que procesen y alivien la inmediatez y el desvalimiento de la mayoría aun tomando distancia de las postulaciones partidarias. Eso exige a cada uno darse tiempo en la casilla para hacerlo bien e impedir se manipule un eventual voto plural, para que la deliberación ciudadana se sobreponga de un modo político concreto al dicho vulgarizador: ¡De todos, no se hace uno! El status para perpetuarse quisiera la repulsa al voto y provocar el abstencionismo. A los líderes formales de partidos, con votantes o sin ellos, el mínimo de votos y el abstencionismo garantizan sus clientelas con un pobre gasto de las prerrogativas. Siempre ganan, nunca pierden con una masa de electores que les provee de virtuales militantes y prospectos a candidatos, de los que conocen biografía, motivaciones y ambiciones. En tanto más grotesca sea la representación política, mayor impacto y el actor en ningún momento se deja llevar por las emociones que aparenta, al contrario, aferra el micrófono, grita, reta, presume (y reglamentariamente abusa) de su capacidad para controlar su representación y el tiempo; su madurez y sobreactuado realismo impiden que alguien se acerque a controlarlo, hacerlo en ese momento y lugar, sería contraproducente intentarlo, excepto para quién desde la Mesa concede el uso de la palabra (y controla la fuerza pública) según lo establecido de acuerdo a norma. ¿Por eso lo elogian las columnas periodísticas con el sobrenombre de El Chamuco? Pobre presidente de la mesa de debates, si llega a equivocarse.

Cuando la seguridad que se presume existe y no se concreta en hechos, la inseguridad asume muchos rostros: uno, el de los estudiantes normalistas sanmarqueños, a quienes se disuadió de acudir a manifestarse en Zacatecas y trasladarse mediante la toma de camiones, ¿secuestro sería el delito a castigar? Amable, Nahle, al prevenirlos. A cambio entrega una promesa institucional: sus demandas se atenderán sin venir a la ciudad. ¿Cómo castigar a quienes incumplan una prioritaria: arreglar los baños? Ayotzinapa de por medio, Miguel Alonso estuvo allá, en San Marcos: le reiteraron su urgencia. Ya pasó una semana con bajas temperaturas, ¿ordenó y se resolvió el problema? La desidia, de quien sea, se ganó la decepción de los normalistas y un baño de agua fría, como los que allá soportan. ¡A cumplir! ■

 

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