¿Los diablos andan sueltos? Hasta pronto, Raúl Álvarez Garín. De los héroes del 68.

¿Los diablos andan sueltos? Hasta pronto, Raúl Álvarez Garín. De los héroes del 68.

A punto de recordar la matanza represiva, asesinato vil en la impunidad, del 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, si algo prevalece en los últimos meses como noticia local, regional y nacional, son las muertes de muchos o pocos mexicanos que sumadas arrojan una estadística cuya creciente numeralia a todos debería poner a pensar por distintos motivos, sobre todo, uno de gran importancia como la sospecha de por qué no resolver a través de las instituciones los problemas, si la eliminación de contendientes o sólo su represión no los resuelve y las experiencias muestran que aquellos se multiplican o continúan en lo básico a pesar de tantas muertes. ¿Hasta dónde se avanzó y en qué sobre el millón de muertos ocasionados por el movimiento llamado: Revolución Mexicana? Cualesquiera fuera su significación ideológica, eran mexicanos, en el bando que fuera y tuvieran o no claridad política. Hubo lugares en que “tirios y troyanos” levantaban seguidores. Muchos, sin ser forzados a ir a pelear, se incorporaban a la lucha… hasta por aburrimiento. En cuanto sus letras y tácticas, eran menos las primeras que las segundas, pues conocían sus lugares de origen como la palma de su mano.

En el México de hoy, cada incremento de presión  del modelo neoliberal repercute sobre la gente en alteraciones de su cotidianidad. Si viven en el campo o en la ciudad, la escasez y todo tipo de restricciones  los acota, los limita, los presiona, tienen que hacer algo para sobrevivir y su vida en los márgenes los enfrenta a éxitos, penurias o fracasos, no siempre atendidos por la ayuda social que se supone es acción y son recursos de programas como el “sin hambre”, cuya acción en medios es positiva con relación a la inversión, aunque todavía sea estrecho o ausente para millones de mexicanos, todos con derechos, pero sin garantía de poder hacerlos realidad, ni para trabajar ni para comer ni para habitar, estudiar o cultivarse y expresarse con suficiencia humana, social, política y cultural. Las explosiones que eso causa, hasta repentinas, no siempre son vividas con conciencia de lo que se hace, ni de lo que el medio hace a la gente. De las formas, su cantidad y calidad varían: robo, heridas, asesinato incluso, etc. Pero también maltrato, pago indebido, usura, etc. junto a otras múltiples causas, algunas institucionales, la más grave sería la insensibilidad e incomprensión de la institución misma junto a la personal pertenencia y dependencia de ella o la falta de observancia de los reglamentos de trabajo y todo tipo de prescripciones, cuando las hay o debe haberlas, máxime si se trata de miembros del Ejército, institución nacional clave o de alguna policía; organismos, sobre todo el Ejército, conminados a actuar con estricto apego a la ley. Si hasta armas con distintas características se les confían para su mejor desempeño, dado el carácter que riesgos y peligros representan para su seguridad. Las acciones de autoridades, jerarquía y efectivos, están sujetas por la ley y sus reglamentos con base en los cuales se entra en acción, sea la eventualidad que sea.

Una nota de Sergio Ocampo Arista, emitida para La Jornada, en Iguala, Gro., el 27 de septiembre, describe: Los ataques armados que policías municipales y presuntos pistoleros emprendieron la noche del viernes contra alumnos de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa dejó cinco muertos, 25 heridos y 25 desaparecidos, reportaron los alumnos. La agresión, que continuó la madrugada de este sábado, fue pareja contra cualquiera que parecía estudiante, tanto que los pistoleros dispararon contra un autobús donde viajaban jugadores del equipo de futbol Los Avispones, de la tercera división profesional, sobre la carretera federal Iguala-Chilpancingo. El vehículo se desbarrancó.

En Zacatecas, la acción del procurador Nahle ante problemas similares, ocasionados por estudiantes de la Escuela Normal Rural de San Marcos, por ser de jure sería la solución aparentemente correcta: acusar y procesar por secuestro a los estudiantes, por retener vehículos comerciales o tomar un camión de línea y trasladarse a Zacatecas y presionar por sus demandas en función de incumplimientos de la autoridad para enfrentar carencias específicas y básicas. ¿Nahle propició se resolvieran los problemas a los estudiantes de San Marcos in situ por las autoridades correspondientes o el temor de pasar en la cárcel 30 años los disuadió a aguantar los incumplimientos de dichas autoridades sobre carencias básicas para llevar una vida más civilizada en su combativo internado como disponer de agua caliente en sus baños o lograr alguna mejora a su dieta?

En Iguala, Guerrero, ¿cómo apreció aquella autoridad la situación?  “Alguien contrató a los ayotzinapos para que vinieran a ‘hacer desmadres’”, dijo el alcalde a Sergio Ocampo, autor de tan excelente reportaje. Hoy el luto y el repudio a tales hechos es nacional. ¿De qué se trata, qué diablo político anda suelto? ■

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