¿Plenipotencia en el ayuntamiento capitalino?

¿Plenipotencia en el ayuntamiento capitalino?
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La renovación del comité municipal del PRI en Zacatecas retrata de manera nítida la ruptura que se está generando al interior de este partido, y que es más estrepitosa de lo que pensábamos o imaginábamos.

El pasado jueves 18 de septiembre, el ex contendiente por la presidencia de dicho comité, Víctor Miranda, haría entrega de un recurso de inconformidad en contra de la negativa del registro de su planilla, así como en contra de la entrega del registro de presidencia y secretaría, a la fórmula Jazmín Barrón y Carlo Magno Lara, regidores del ayuntamiento capitalino. Cabe mencionar que ambos documentos los adjudicaría a la sede local, ante la presencia de un notario público, debido a las condiciones políticas alrededor de la renovación del comité ejecutivo municipal de aquel partido.

El recurso (del cual este autor tiene copia) tenía como objetivo señalar la violación de los estatutos de su partido al otorgar el registro a dos funcionarios públicos en activo (los antes mencionados), y que ahora también cumplen, a la par, con tareas ejecutivas del tricolor en la capital, situación que allana la legalidad con que se conforma el nuevo comité municipal. ¿Por qué este recurso no tendría futuro alguno (ni siquiera llegó ante el Tribunal de Justicia Electoral del Estado de Zacatecas)? Es la pregunta central del problema que aquí asoma.

Según versiones del equipo de trabajo de Víctor Miranda que han tenido contacto con este espacio de opinión, el mismo jueves 18 dos altos mandos de la presidencia municipal de Zacatecas (ente ajeno a un conflicto de esta naturaleza) buscarían en su domicilio al interesado, y lo llevarían al Hotel Parador para plantearle, de manera desafiante, la necesidad de que renunciara a su legítima búsqueda de justicia interpartidaria, o de lo contrario una de sus familiares sería dada de baja de la adscripción a la que pertenece en Gobierno del Estado, dejándola, así sin más, fuera de sus labores cotidianas.

Estas declaraciones contrastan de manera interesante con las del presidente estatal del PRI, José Olvera Acevedo, quien habría dicho que para la renovación de este comité ejecutivo municipal no se presentó impugnación alguna. Y no sólo eso, también advirtió (dejando en ridículo su postura como presidente ante el conflicto) que los estatutos de su partido no son tan estrictos, al permitir que, por el simple hecho de que los funcionarios públicos “pidan licencia”, su registro procede independientemente de que el ayuntamiento la otorgue o no (hasta el cierre de esta edición, debido al mutis del alcalde Peña Badillo, se entiende que tanto Jazmín como Carlo Magno se mantienen en la nómina del ayuntamiento).

La crisis no sólo prende alerta en las gastadas relaciones de poder al interior del PRI, sino que muestra incongruencia en la impartición de justicia interna. El líder estatal, quien en su tiempo libre se dedica a apuntalar su candidatura para gobernador entre la militancia priísta, y quien no tiene locución directa con el gobernador, sino sólo por sus vasos comunicantes: la delegada Alejandra del Moral, y el secretario general de Gobierno, Francisco Escobedo; desconoce y/o legitima el crítico nivel de operación de funcionarios del ayuntamiento capitalino. Con ello favorece (no legalmente, sino de facto) a los regidores, y deteriora la renovación del OMNPRI, puesto que la nueva presidenta municipal, Jazmín Barrón, gestiona, para el lugar que abandona, a Margarita Alonso.

Ahora bien, esta problemática tiene dos antecedentes. Uno es del diputado local Rafael Gutiérrez, quien habría prometido pedir licencia para asumir la dirección de la Comisión de Organización del PRI, sólo tuvo que renunciar a la coordinación de la bancada.

Y uno más, en un asunto intrascendente para el tricolor municipal. La renovación del comité organizador de las fiestas de Bracho adoleció de características similares. Funcionarios del ayuntamiento capitalino amenazaron a las planillas participantes, para impulsar a los candidatos de su preferencia. El asunto terminó de manera bochornosa para los funcionarios amedrentadores, ya que la planilla que ellos impulsaban no fue la elegida.

Es así que la primera fuerza electoral de Zacatecas vive el reacomodo de los cuadros alonsistas en un partido que no termina de ser ajeno. Ello facilita dos escenarios para los candidatos a gobernador que, según el pulso público y político, más posibilidades tienen de ganar la elección de 2016.

Carlos Puente se verá obligado a ser un factor de unidad, puesto que depende de los votos del PRI para ascender a la gubernatura. Frente a estos conflictos, la tarea titánica que tiene en frente deberá mostrar su olfato político, empezando por buscar perfiles con capacidad para enmendar el trabajo a medias de los comités municipales priístas. Mientras que David Monreal debe de buscar garantías para que el PRD (acostumbrado a rupturas) sea un elemento de cohesión, y no de división. ■

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