Del Cuarto Poder

Del Cuarto  Poder

En tiempos en que la audiencia televisiva decrece, cuando el homo cibernético parece encaminarse a superar al homo videns, cuando los anunciantes abandonan el canal dos por Youtube, vemos una batalla de “barones” (como los llama Zepeda Patterson) en lucha por conseguir una tercera cadena de televisión.

Innegablemente el cuarto poder sigue ahí, con matices, con otras formas, pero ahí, presente; minimizando catástrofes, exagerando nimiedades, construyendo villanos, desmitificando héroes, etc.

Para bombardear Siria con “legitimidad” hubo que sacudir a la opinión pública a través de vídeos de ejecuciones de periodistas a manos de verdugos de acento británico y con discurso fanático en defensa del Estado islámico al que hoy Estados Unidos le declara la guerra.

Para justificar una represión ejemplar a quienes vencieron el proyecto foxista del aeropuerto, las televisoras repitieron hasta el asco imágenes de pobladores de Atenco golpeando a un policía, pero prácticamente callaron sobre los abusos de la intervención policiaca en ese municipio del Estado de México, donde la constante fue allanamientos, violaciones a mujeres, y la muerte de dos personas, uno de ellos menor de edad.

Dice Arturo Jauretche que la libertad de prensa es sólo una máscara de la libertad de empresa, y así lo parece demostrar Televisa, que poco hizo por 65 mineros atrapados en Pasta de Conchos en 2006 y que ignoró la lucha de sus familiares por el rescate de los cuerpos, pero de quien ahora también podría esperarse un poco de presión para someter a la justicia al responsable de esa tragedia, Germán Larrea, expulsado recientemente del consejo de administración de la principal televisora del país por buscar a espaldas de esa compañía y con información confidencial de la misma, hacerse de una nueva cadena televisiva.

Si a Azcárraga le diera por apuntar sus armas contra su otrora aliado, pudiera hacerse justicia en el caso Pasta de Conchos y también en la contaminación ecocida del río Sonora y río Bacanuchi por desechos de la mina de Cananea, también propiedad de Germán Larrea, el segundo hombre más rico de este país.

La opinión pública pesa. Lo sabe La Tuta quien entendió que la principal victoria de los grupos de autodefensas fue mediática, y que al mismo tiempo fue esa atención pública la que llevó a su principal vocero y además el menos dócil, a la cárcel, nos referimos al doctor Mireles.

Esta intuición del poder de la prensa llevó a La Tuta a video grabar a quienes se reunían con él, (el hijo del gobernador constitucional, el gobernador interino, alcaldesas varias, y vaya usted a saber a quién más), y también a buscar entrevistas con periodistas de medios nacionales e internacionales, ahora sabemos, con la asesoría de  Eliseo Caballero, corresponsal de Televisa en Michoacán, y José Luis Díaz Pérez, dueño y director de la agencia Esquema.

Paradojas de la vida, mientras La Tuta busca interlocución con periodistas internacionales, y El Mayo Zambada con Julio Scherer, a nuestros políticos les da más bien por el público rosa, y prefieren salir en el programa Hoy con Andrea Legarreta y Raúl Araiza, o pasearse por la ciudad junto a Maxine Woodside.

Esto pase quizá porque hacer resonar un tema con frecuencia depende más de la potencia del vocero, que de la capacidad de convencimiento del argumento. Así algunos de quienes fueron inmunes a las palabras de Judith Butler o Martha Lamas, se contagiaron del mensaje feminista de la actriz Emma Watson en las Naciones Unidas hace unos días.

Por otro lado, una de las ventajas de nuestros tiempos es que ahora cámaras de vídeo de seis mil dólares (como las que Eliseo pedía a La Tuta) para transmitir un mensaje son prescindibles. Basta apenas un celular con cámara, o quizá menos que eso para ventanear en redes sociales a quienes abusan del poder, desde una señora humillando a su empleada por agenciarse dos chiles en nogada, hasta una hija de papi que manda cerrar restaurantes porque no le dan mesa.

Para darle (o no) credibilidad a lo que se dice en esa libertad casi anárquica de las redes sociales, para hablar de lo que no dará cuenta Televisa, para analizar la información que mueve al mundo, etc., el periódico La Jornada que celebra treinta años de existencia, ha sido fundamental.

Así lo reconoce involuntariamente las medidas marrulleras de retención de los pagos de publicidad de Gobierno Federal a ese medio, su segundo lugar en circulación nacional, los miles que destinan diez pesos diarios para su compra, o los millones que consultamos su página web. Así lo reconoce también Julian Assange que confió a La Jornada los cables de Wikileaks como sólo lo hizo con apenas otros cuatro o cinco medios en el mundo.  Y así lo reconocemos aquí, desde este espacio en La Jornada Zacatecas que no sería posible sin mucho de lo que ha dado La Jornada nacional. ■

 

@luciamedinas

 

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