El canto del Fénix

El canto del Fénix

Pobres de los talentosos

Pobres de los talentosos, que tienen que cargar durante toda su vida la piedra preciosa de su don. Y cosechar flores de ella.

No basta que la roca sea bella. Los pobres talentosos tienen que sudar al abonarla. Tienen que soportar mojarse las cejas con sal y luego sentir el ardor en los ojos. Tienen que vivir con el dolor en la espalda y el desvelo a la orden.

Pobres de los talentosos porque deben trazar surcos sobre superficies donde un cuerdo no se atreve. Pobres de ellos porque el abono que utilizan está amasado con la incomprensión de otros, con el tiempo robado, con manos crispadas, ojos henchidos, pies tensos como papalotes lanzados al sol de mediodía.

Pobres de los talentosos, porque deben someterse a la dieta de ajo y agua. Y adoptar posiciones fetales donde nadie los vea. Tienen que llorar en secreto y sacrificarse, envolverse en toscas toneladas de carbón, para un día mostrar fina pepita.

¡Ay, qué suerte tan ingrata! Los talentosos vivirán siempre con la sospecha ajena de que todo les fue fácil, de que así qué chiste, de que algún truco debe esconder.

Los talentosos desgastarán sus rodillas en nombre de entes inasibles. Sus banderas no son necesariamente políticas, su riqueza no es necesariamente económica.

Pobres de ellos, porque sus amistades pueden resultar bastante inciertas.

Pobres de los talentosos, porque constituyen la única clase de personas a las que no se les perdona caer en la pereza. Los ineptos pueden seguir cobrando sin trabajar, pedorreándose sobre sus laureles.

¡Ay, qué suerte tan ingrata! Los talentosos deben encerrarse como si hibernaran, no debería permitírseles pisar alfombras en tanto no generen la obra que se espera de ellos.

Los talentosos, pobres tipos, deben chingarle. Deben aplicarse una soba bonita.

No les sirven los manuales. La originalidad es lo más borroso en su búsqueda.

No debe haber tolerancia para ellos. Ni tolerancia ni consideraciones. No existen los artistas en germen, por muy becarios que sean. El artista lo es sólo con obra… o no es nada.

Pobres de los talentosos. Si realmente conociéramos el infierno en el que deben vivir, no cualquiera querría estar en sus zapatos.

Son como bombas que están a punto de explotar y dañarse y ser plácida lluvia para los otros.

Cuántas cosas tendrán que desmadrar los talentosos para llegar a su obra. Cuántos amores deberán perder para convertir su obra en amor. Cuánta vida deberán arriesgar para dejar aliento en sus creaciones.

¡Ay, qué suerte tan ingrata! Los talentosos sólo mostrarán la cara que busca el reflector. La otra no interesa a nadie.

Pobres de los que han sido obsequiados con un don, porque están condenados a una vida de zozobra.

Pobres de los talentosos, animales de mareo y de marea. Aturdidos del aire, el cielo y la noche. Ambulantes y posesos de los más febriles delirios.

Pobres, pobres de ellos. ■

 

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