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Perorata sobre la (in)dependencia de México*

Perorata sobre la (in)dependencia de México*

Ritos del poder

La vida pública de México está colmada de ritos que al paso de los años se han vaciado de contenido, si alguna vez lo tuvieron. Ya no representan mitos fundacionales de la “patria”, simplemente perviven como representaciones del poder autorreferencial. Por ejemplo, los informes de gobierno rendidos a puerta cerrada, frente a públicos aduladores, son textos burocráticos plagados de mensajes laudatorios, proclamas narcisistas de pronta traducción a spots publicitarios de ensordecedora divulgación masiva; otro ejemplo: mientras el petróleo, recurso estratégico para el despliegue de capacidades productivas, es privatizado y extranjerizado, al mismo tiempo ondean banderas monumentales que terminan siendo símbolos deslavados, no sólo por el viento y la lluvia, sino por la vacuidad ideológica.

El discurso del poder es una pasta ideológica en el peor sentido de la palabra: el ocultamiento de la realidad y la imposición del proyecto dominante que busca garantizar la gran propiedad privada, las ganancias y el control social. A su vez, la noción misma de ideología es menospreciada cuando estamos ayunos de un sistema de ideas renovadoras que alienten el cambio de estructuras y la transformación social. Ideas claras para saber vivir, no para sobrevivir y obedecer.

Todos los días, a todas horas, en todo lugar y momento, la telecracia pretende hipnotizarnos y ordenarnos “votar” por el oligopolio de la caja idiota, y ya persuadidos nos invita a reflexionar, pero por asuntos vacuos, como la incompetencia de futbolistas ensalzados por los merolicos del micrófono. Los medios masivos de comunicación envilecen la subjetividad popular y persisten en formar a consumidores compulsivos que aceptan cualquier campaña de mercadeo. La lucha de clases se ha reducido a una “lucha de marcas”, el conflicto social es recubierto por la competencia mercantil y la ideología reinante es la del consumismo. No hay alternativa, hay opciones de mercado.

 

Unción de lo común

La expropiación de lo común se aproxima al despojo terminal y residual de los medios de vida y trabajo. Los bienes comunes naturales (agua, minerales, petróleo, gas, maderas, cultivos, tierras, biodiversidad) son engullidos con prontitud por el capital extractivo y depredador, y los bienes comunes “artificiales” o culturales (conocimiento, códigos, saberes, tradiciones, identidades, información, comunicación, educación, incluso las relaciones sociales y modos de vida) están siendo subsumidos a la lógica del capital. El conjunto del trabajo y la reproducción social salen de nuestro control y son recodificados por los estrategas del capital y el poder.

Para evitar empantanarse irremediablemente en una fase terminal, sin retorno, es necesario reconstruir el ámbito de lo común. Un pequeño ejemplo puede ser la articulación de la cultura popular, sus tradiciones, saberes y producciones. Veamos algunos ejemplos que pretenden ser articulados por trabajos  de investigación orientados a la reivindicación del bien común y la construcción de subjetividades que eventualmente pueden contribuir a otras formas de desarrollo humano.

La producción de mezcal tradicional muestra cómo la cultura de los pueblos originarios pervive y sus valores de uso, como el mezcal, posee una significación mítica arraigada en la cultura material de los pueblos. Aunado a los alimentos de la milpa (frijol, maíz, calabaza, chile, maguey), no sólo representan un baluarte de la gastronomía ancestral sino que con sus prácticas contribuyen a la defensa y preservación de la biodiversidad. En los tiempos que corren, está desatada la expropiación de saberes, culturas y tradiciones, y se pretende descatalogar los productos no industriales. La producción de los maestros mezcaleros, como Miguel Ángel Partida, adquiere una importancia económico-político: frente al embate de productos industrializados, tóxicos y nocivos para la salud, como pueden ser los mezcales y tequilas industriales y una multiplicidad de bebidas y alimentos chatarra, la resistencia cultural de los productores artesanales permite la preservación de valores de uso nativos, que sin embargo están amenazados, en peligro de extinción. La importancia del trabajo de los maestros mezcaleros adquiere mayor visibilidad gracias al trabajo de investigadores y divulgadores como Carlos Lucio, quien está realizando una estancia posdoctoral en la Unidad Académica de Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ).

La música popular, representada por el conjunto “Estampa Norteña”, de Trancoso, Zacatecas, entraña un proyecto artístico que pretende rescatar el corrido revolucionario, justo en momento de que la música popular mexicana de lo géneros norteño, tambora y banda —otrora considerados géneros menores— es retomada por la industria del espectáculo para grandes producciones discográficas y bailes masivos, pero a costa de recodifican dichos géneros y convertirlos en especímenes culturalmente nocivos, pues producen símbolos y letras que hacen apología de la violencia, el machismo y el narcotráfico, y se desentienden de la realidad del pueblo, de sus esperanzas y luchas sociales. El apoyo del investigador Esaú Arteaga de la Escuela de Música de la UAZ es primordial, pues recupera el sentido de las luchas sociales en la tradición musical mexicana.

El queso artesanal añejo rojo o enchilado, destacadamente de los municipios zacatecanos de Monte Escobedo y Valparaíso, es una preciada muestra de la producción alimentaria de los pueblos campesinos o agrarios, también llamados sociedades rancheras, que combinan el entorno de pastizales, microclimas, ganadería y el saber hacer con la producción artesanal de queso. Los pequeños productores también afrontan el embate de las industrias lácteas que comercializan quesos de dudosa calidad con ingredientes químicos y sustitutos lácteos, amén de prácticas monopólicas que cierran el camino a la distribución de los quesos artesanales por acuerdos comerciales revestidos de dispositivos tecnológicos como el código de barras, las normas oficiales excluyentes, la pasteurización, el envasado, el etiquetada y el mercadeo: en una palabra, el gran dinero. La investigación de la maestra Obdulia Bañuelos, egresada del Centro Regional Universitario Norte (Crucen) de la Universidad de Chapingo, sede Zacatecas, quien además es productora artesanal de queso en Monte Escobedo, dignifica la tradición de los quesos genuinos.

Paradójicamente, la investigación científica se ha venido deteriorando conforme las burocracias que controlan el sistema educativo imponen criterios utilitaristas como “sociedad del conocimiento” y “capital humano” que privilegian la investigación aplicada a los requerimientos del sector empresarial monopólico. El trabajo académico de investigación se convierte en un insumo productivo directamente vinculado al capital corporativo, que a su vez está impelido por el afán de la máxima ganancias posible en el menor tiempo posible. El desafío mayor consiste en impulsar una investigación estratégica vinculada a las necesidades sociales del México profundo, donde perviven los maestros mezcaleros, los músicos populares y los productores de queso, pero también, en un sentido amplio, los campesinos, los artesanos, los pequeños comerciantes e industriales, los trabajadores de la educación, la salud y la construcción, los artistas e intelectuales, los trabajadores precarios, informales y desempleados, las mujeres jefas de familia, los ancianos sin pensión, los jóvenes denostados como “ninis”, los niños pobres, los migrantes, en fin, una multiplicidad de clases y sectores sociales que están siendo despojados de sus medios de trabajo y subsistencia.

El elemento integrador es la convivencialidad que posibilita el maridaje entre productores de la economía popular e investigadores. Ahora afrontamos una crisis generalizada de las relaciones sociales. No sólo las referidas a la explotación del trabajo asalariado y no asalariado, sino también a las vinculadas con la reproducción social, la vida cotidiana y la convivencia. La fiesta, el encuentro, la convivencia, el carnaval, son expresiones que restauran los lazos de amistad, colaboración y solidaridad. Está en nosotros aprovechar los encuentros para hacerlos positivos, enriquecedores. Asimismo, la investigación permite organizar y contextualizar las ideas, datos e información, y apuntalar los proyectos.

 

Una proclamación

Ahora es oportuno dar un “grito”. No el grito ritual de “independencia”, que como otros ritos del poder, nos alienan, además de que los signos dominantes más que los de una presunta independencia son los de la dependencia. Sino la declaración de ideas tendientes a la construcción social de un “otro desarrollo”, entendido como un dispositivo factible para una “economía de la vida” que se oponga y supera la vigente “economía de la muerte”, diagnosticada días atrás por el Dr. Rodolfo García Zamora en el IV Seminario de Pastoral de Movilidad Humana.

1) Ante la gentrificación, el desarrollo geográfico desigual, las desigualdades sociales y la securitización, reivindicamos el derecho a la ciudad, no sólo como una libertad individual de acceder a los recursos urbanos sino como un derecho colectivo para transformar la ciudad acordes a la voluntad popular mediante el ejercicio de un poder social.

2) Ante el abandono del campo, los privilegios a los agronegocios, la explotación de los campesinos, jornaleros y pequeños productores por acaparadores y grandes cadenas comerciales, reivindicamos el derecho al campo y a la soberanía alimentaria, donde se restituyan las bases materiales e institucionales para la producción y consumo de alimentos sanos, nutritivos e inocuos.

3) Ante el deterioro inducido en el sistema educativo y la enorme deuda social contraída con los niños y jóvenes excluidos de la educación y la frustración de los afortunados egresados que no pueden insertarse al mercado laboral, reivindicamos el derecho a la educación pública, gratuita, crítica y de calidad.

4) Ante la expropiación de la riqueza generada por múltiples esfuerzos sociales merced a la estrategia neoliberal basada en el rentismo, el despojo de bienes comunes y activos públicos, reivindicamos el rescate de la patrimonio común y la producción de riqueza como base para restablecer el sistema de producción y reproducción de la vida digna.

5) Ante la imposición de programas de flexibilización y precarización laboral que no sólo erosionan el salario, insuficiente para la adquisición de bienes de consumo acordes a la subsistencia familiar, sino que también incrementan el tiempo efectivo del trabajo y diluyen el tiempo libre,  reivindicamos el derecho al trabajo digno y remunerativo y la ampliación del tiempo para vivir, de modo que sea posible realizar las capacidades críticas y creativas de la población.

6) Ante la concepción de la economía, vector principal de la sociedad contemporánea, como la utilización de factores de la producción, entre ellos el trabajo y la naturaleza, para la generación de la mayor tasa posible de ganancia sin consideración a la degradación ambiental y humana, reivindicamos la noción de economía como la organización social productora de satisfactores para la reproducción social, una economía orientada a la reproducción de la vida digna.

7) Ante la corrupción de la clase política, la falacia de la representatividad, la compraventa y coerción del voto y la toma de decisiones por el capital corporativo, el lobby y la tecnocracia, reivindicamos la necesidad de una democracia radical que eslabone desde la raíz mecanismos auténticos de representación social, los procedimientos de la participación popular, las formas de autonomía y poder popular.

8) Ante gobiernos reducidos a meros gestores de las grandes corporaciones, empecinados en vender el territorio y cuanto hay en él, incluyendo el trabajo barato, gobiernos que se erigen como vigilantes de la propiedad y la ganancia y como estrategas policiales para el control social y disciplinamiento, disuasión y represión de movimientos sociales y expresiones de resistencia y rebelión, reivindicamos la necesidad de erigir, no sólo elegir, un gobierno popular que “mande obedeciendo” a sus mandantes, el pueblo, no los accionistas, financistas, acaparadores y rentistas.

9) Ante la usurpación de la economía y la política por intereses corporativos y el acaparamiento de los activos y sectores estratégicos, así como del excedente económico, reivindicamos la necesidad del control social sobre las condiciones de existencia y el derecho a una producción articulada por lazos de solidaridad y cooperación.

10) Ante la reducción de la cultura como espectáculo y entretenimiento, del arte como mercancía, la ciencia como insumo productivo, la educación como formación de trabajo para maquiladoras y economías de enclave, el deporte como entretenimiento mercantilizado, reivindicamos la formación integral de una ciudadanía para la vida donde el arte, la cultura, la ciencia, la tecnología, la educación y el deporte sean fuerzas productivas al servicios de los intereses comunes de la sociedad.

11) Ante la falta de información, la monopolización de los medios de comunicación y la censura mediática, reivindicamos el trabajo de los periodistas comprometidos con la sociedad, la necesidad de medios alternativos de comunicación y el derecho a la información y comunicación de toda la población.

12) Ante la migración forzada por despojo, desempleo, pobreza, hambre y violencia, reivindicamos el derecho a no emigrar generando colectivamente condiciones de sustentabilidad social en los ámbitos de origen, pero también ante la necesidad de emigrar, respaldamos el derecho a la libre movilidad de las personas (no muros, no policía represora, no tratantes de personas, no sobreexplotación de trabajadores migrantes).

13) Ante el mal desarrollo y la degradación ambiental y humana, reivindicamos el derecho a vivir bien.

 

Un grito de indignación y esperanza

Animados por la noción del otro desarrollo, posible y necesario, es imprescindible recuperar nuestros mitos afincados en el sentido común popular, abrogar los monstruos desatados por el capitalismo salvaje, generar nuevas subjetividades y articular nuevas fuerzas sociales emancipadoras.

Pese a que el discurso del poder puede llegar a confundirnos al grado de nos saber si cuando gritamos “¡viva México!” estamos vociferando “¡viva el TLCAN!”; cuando pretendemos gritar “¡viva Pemex!”, pudiéramos emitir un “¡Viva Exxon-Mobil!”; cuando proclamamos “¡viva el campo!” estaríamos exclamando “¡viva Monsanto!”, y así sucesivamente, a estas alturas requerimos dar un grito de indignación, que en verdad es un grito de esperanza:

 

¡Vivan los pueblos de México!

¡Vivan los pueblos de Centro América!

¡Vivan los pueblos de América Latina!

¡Vivan los pueblos de América!

¡Vivan los pueblos que piensan o actúan en pos de un mundo mejor donde quepamos todos, incluyendo a la naturaleza! n

 

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