Grito de guerra

Grito  de guerra
  • Inercia

Cuenta la historia que el 15 de septiembre de 1810, un grupo de personas en desacuerdo con el virreinato español implantado en la colonia de La Nueva España, se reunió en el atrio de la iglesia de Dolores para sublevarse, liderados por el cura Miguel Hidalgo, quien con un grito llamó a levantarse en armas proclamando independencia.

Hay en este relato tres elementos de primordial importancia: el grito, que además de fungir como comunicación también resulta un desahogo; la guerra, que desde luego implica violencia de todo tipo; y la independencia, que sugiere la idea de individuos capaces de autogobernarse.

Sin embargo vale la pena preguntarnos qué tan vigente son estos elementos en el México contemporáneo. Si es que sólo son adornos literarios que permiten tenerle cierto respeto al pasado o si su significado realmente marca la pauta para identificarnos como una nación que ha aprendido de su historia.

 

Mas si osare un extraño enemigo

En su República, Platón expulsó a los poetas por considerar que muchos de los versos que se escriben hablan de los vicios y llaman a llevar a cabo actos de bajeza humana, por lo cual, pese a la admiración que les pudiera tener, no permitiría que estuvieran en su utópica ciudad. El filósofo destacaba la importancia de que se enseñara a los jóvenes a no temer a la guerra, sino temer a la esclavitud, a no temer a morir en batalla sino preferir la muerte antes que rendirse ante el enemigo.

Para los clásicos, la guerra era una actividad en la que se desarrollaban muchas de las más importantes cualidades humanas, como el honor y la justicia. Se trataba no sólo de defender un territorio sino del autodescubrimiento.  Es así como para Homero, por ejemplo, Aquiles se reconoce como un héroe y Odiseo como un ingenioso hombre. Era a través de la guerra cuando los hombres tenían acceso a conocer de qué estaban hechos en todos los niveles.

Desde luego que con el paso del tiempo, la idea de la guerra se ha trastornado. Ya no se trata de una lucha por el conocimiento sino de una pugna por el poder sobre los otros a través de tácticas poco éticas o inhumanas. De ahí que, la guerra hoy en día, es algo que se trata de evitar, al menos en nuestro país.

Pero no sólo se evita este evento por lo ya mencionado, sino que, como el sistema en el que nos desenvolvemos propicia el descontento de sus habitantes, tal cual sucedía en septiembre de 1810, la guerra se usa como un medio de aleccionamiento público, es decir, se nos vende la idea de que si armamos un motín grandes desgracias caerán sobre todos.

 

Mexicanos al grito de guerra

Temer a la guerra es un sentimiento moderno y que en gran medida ha sido implantado por el sistema mismo. El temor en todas sus formas es una medida de control sobre el pueblo, para que se mantenga quieto. Es así como se ha establecido el neoliberalismo por tanto tiempo.

Resulta irónico que, en unos días se celebrará en México el Día de la Independencia y sin embargo dependemos del sistema. No podemos zafarnos de él. Seguimos sus lineamientos al pie de la letra; lo hacemos fuerte cada vez. La historia es ahora solo un pretexto para tener días de asueto, en los que, tal cual ha sido la verdadera historia del país “no hacemos nada”.

Celebrar la independencia es una burla que se lleva a cabo cada año, en la que se hace gala de un patriotismo demasiado ramplón y dominguero; porque en realidad, nadie hace nada por la patria, nunca. Es tan fútil salir a gritar “qué viva México” cuando la realidad trata de todo lo contrario, es decir, de un país muerto tanto en ideales como en energía.

Contradictoriamente hay una guerra muy violenta que se ejerce sobre los mexicanos diariamente, que mata a miles y acaba con el país poco a poco; es la guerra en la que el sistema nos atrinchera mediante la pobreza, la injusticia y la ignorancia. Y es una guerra que estamos perdiendo a voluntad. El no defendernos es violencia autoinfligida y una muy severa.

Algunos han tratado de luchar en esta guerra pero con una postura que aún pertenece al sistema. Podemos reconocer variados ejemplos contemporáneos, como Andrés Manuel López Obrador e incluso José Manuel Mireles; el primero busca la equidad y un país sin corrupción dentro de las propias normas del mismo, es decir, creando otro partido político y haciendo campaña. El segundo, aunque más radical, también muchas veces pidió ayuda del gobierno para lograr sus cometidos justicieros. Hay una contradicción implícita en ambos: Ni quieren estar en el sistema, ni se rebelan por completo a él, y helos ahí, uno en la cárcel y el otro juzgado como enfermo mental y peligro para México.

Si algo podemos entender de la historia nacional es que la base del cambio está en el movimiento, el cual sólo es posible mediante la unión de fuerzas y la violencia, una violencia purificadora que nos revelará un verdadero conocimiento patriótico. ■

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