El socialismo democrático: el legado de Salvador Allende

El socialismo democrático: el legado de Salvador Allende

¿Se pueden hacer cambios profundos en las estructuras sociales a partir de triunfos electorales y desde la gestión del Estado? En la década de los sesenta y setenta, los grupos sociales que tenían la bandera del socialismo, dividían su opinión alrededor de esta pregunta. Y no era un debate sólo sobre la vía al socialismo, sino del tipo de socialismo que se deseaba construir. Allende creía en un socialismo como democracia radical, y por lo mismo, pensaba que éste no se podía construir más que por métodos democráticos. Frente a él estaba la conocida experiencia totalitaria de la Unión Soviética; el despotismo maoísta, que las izquierdas latinoamericanas ya criticaban fuertemente y la vía armada del guevarismo cubano.

Las izquierdas chilenas que se agruparon en la Unidad Popular, que llevaron a Salvador Allende a la presidencia, y que pudieron gobernar un poco más de dos años, gestaron reformas sin separarse de las instituciones republicanas, incluso con acuerdos con la Democracia Cristiana en lo se conoció como “estatuto de garantías constitucionales”. Allende efectuaba cambios graduales en la reforma agraria (que fue de los mayores logros), y algunas nacionalizaciones; pero al principio se concentró en cambios dirigidos a las oportunidades en el desarrollo de la población, antes de medidas que cambiaran las estructuras sociales: nutrición infantil, salud universal, becas y acceso educativo, seguridad social solidaria y ética de gobierno. Las grandes medidas para nacionalizar el cobre no se contemplaron para el inicio del gobierno. La moderación de Allende era en muchas ocasiones rebasada por líderes populares más radicales. El debate era intenso al interior de la Unidad Popular sobre el ritmo y forma del cambio.

Los cambios más acelerados era algo difícil desde la óptica de Allende por que la sociedad chilena estaba muy dividida, recordemos que el triunfo mismo de Unidad Popular fue muy apretado y las derechas tenían también presencia social activa. Sin embargo, el sueño duró poco, Estados Unidos y la ultraderecha chilena organizaron el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Y a partir de ahí se estableció el primer gobierno neoliberal en América Latina, incluso los teóricos del neoliberalismo se convirtieron en asesores directos del gobierno militar de Pinochet. Y además, se conoció una de las experiencias más feroces de represión en la historia latinoamericana: después del golpe se desató la persecución de los opositores, ejecuciones, desapariciones, tortura, y exilio, fueron el pan de cada día en los meses siguientes al golpe de Estado.

En estos últimos cuarenta años han pasado dos cosas importantes: el neoliberalismo ha mostrado sus desastrosos resultados, y las izquierdas abandonaron el imaginario del socialismo como bandera política. En este momento, nos encontramos justo en un punto de evaluación: ¿se puede retomar el imaginario socialista (democrático), como ya lo han hecho algunos intelectuales europeos; como parte de los objetivos de las izquierdas? Si la respuesta es positiva, con toda seguridad será una bandera democrática y pluralista, que coincide con el legado de Salvador Allende y su lucha por una estructura social igualitaria.

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