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El deforme de los informes

El deforme de los informes

Hubo una vezun tiempo en que los informes le importaban a alguien. Los del máximo gobernante del país se hacían el primero de septiembre y el país casi se paralizaba. Le llamaban “el Día del Presidente”.

Aquellas fechas pasaban a la historia; podría estudiarse el último informe presidencial de cada mandatario y prácticamente obtener un resumen de su gobierno: “Es ahora o nunca. Ya nos saquearon. México no se ha acabado. ¡No nos volverán a saquear!”, decía López Portillo antes de nacionalizar la banca, por ejemplo. “Repudio total, al fraude electoral” le gritaban a Miguel de la Madrid el primero de septiembre de 1988. Fox en su último año apenas pudo entregar su informe a la mesa directiva del Congreso ante el descontento de la oposición por la elección fraudulenta de 2006. Y Felipe Calderón, el espurio triunfador de aquella elección, no pudo nunca emitir un mensaje a la nación desde el Congreso de la Unión; el primer año apenas pudo entregar su informe por escrito y retirarse ante un Congreso que lo repudiaba. Aprendió la lección, y para 2008 gestionó los cambios legislativos necesarios para eximir al presidente de la obligación de acudir al Congreso año con año a dar cuentas. Habría que conformarse con que lo mandaran por escrito.

Con el pretexto de acabar con el “Día del Presidente” y las cursilerías de la televisión reportando lo que había desayunado el mandatario, se terminó con el día (quizá único) en el que se explicaban las grandes decisiones y decepciones del año en cuestión. Se terminó con la incómoda obligación de tener que escuchar siquiera (o disimular hacerlo) a la oposición.

A cambio tenemos un mensaje a la nación que puede ser emitido desde cualquier lugar, eso es lo de menos, bien puede ser el Auditorio Nacional o un centro de convenciones. Peña Nieto eligió una sede decorosa, Palacio Nacional, que además de su carga histórica cuenta con un magnífico estacionamiento llamado “zócalo” que facilitó la logística del evento y al mismo tiempo acaparó la nota.

De eso, y de “un largo spot” dieron cuenta los titulares del día siguiente al mensaje de Peña Nieto, en el que habló de las reformas que tienen en picada su de por sí precaria aprobación, y en el que anunció el magno aeropuerto que se construiría en la Ciudad de México, y que tiene en alerta a los pobladores de Atenco por un lado, y por el otro a los especuladores inmobiliarios cerrando tratos.

Zacatecas por las mismas, el Congreso del estado, tradicional recinto del máximo evento político del año sólo fue visitado de “pisa y corre” por el gobernador, quien se retiró sin escuchar los posicionamientos de las diferentes bancadas, y con él, los diputados priístas que rompieron el quórum necesario para la sesión.

“Sin incidentes entrega MAR informe a la Legislatura”, dice un periódico local; como si se tratara de un acto rutinario, obsoleto, en el que no hay nada que decir más que dar cuenta de su realización. El tono cambia cuando se habla del evento en el Palacio de Convenciones con tres mil invitados, correligionarios la mayoría de ellos, y sin opositores que interrumpan la fiesta; “Ordenado y glamoroso”, dice el mismo diario.

Afuera y muy lejos, junto a la Plaza Futura se reunían cerca de cien ciudadanos, según nota de Alma Ríos y Alma Alejandra Tapia en este medio (http://ljz.mx/2014/09/09/bloquea-dttyv-integrantes-de-organizaciones-sociales-pretendian-acudir-al-recinto-del-informe/) los ahí presentes eran cuidadosos de no sacar pancartas o gritar proclamas, sólo se organizaban para subirse en automóviles particulares sin logotipos cuando fueron bloqueados por elementos de la Dirección de Tránsito y Vialidad bajo el pretexto de que se trataba de una manifestación, y de acuerdo a la ley que entró en vigor el pasado 5 de septiembre, para manifestarse es necesario solicitar un permiso con 24 horas de anticipación.

Las reporteras, incisivas y atinadas, cuestionaron cuáles eran los elementos para llamar a esa reunión de personas “manifestación” dado que no había proclamas, mantas, no se obstruía el paso, etc. La respuesta fue que estaban presentes miembros del Frente Social por la Soberanía Popular, del #Yosoy132, estudiantes de la Normal de San Marcos y otras organizaciones más. Ingredientes suficientes para llamar a ese coctel “manifestación”. Ojalá nunca se encuentren en la fila de las tortillas esos revoltosos, porque obligarían a las autoridades a actuar en consecuencia.

Y como eso de informar ya no se usa, y ante la toma de algunos espacios universitarios, el Rector de la UAZ decidió entregar su informe a la presidencia colegiada del Consejo Universitario en el hotel Fiesta Inn. No hubo invitados, ni aplausos, pero tampoco reclamos. No hay siquiera en la prensa local una fotografía del evento. Solamente un triste enlace, por si a alguien le interesa el informe que no fue: http://comunicacionsocial.uaz.edu.mx/documents/12342/85cfafdd-5649-4103-89fd-fb4760edf200

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