Un rockcito para todos los roles / Sacos de la ‘Army’, playeras sicodélicas y ‘jeans’

Un rockcito para todos los roles / Sacos de la ‘Army’, playeras sicodélicas y ‘jeans’

Al comenzar la década de los setenta, las grandes bandas de metales estaban promoviendo sus inolvidables sonidos dependiendo del estilo que cada personaje llevaba para sus adentros; entonces, sí importaba la playera que llevabas puesta, y aún hay quien la lleva ceñida a la figura rocanrolera de nuestros días. Simón, ésa que llevas untada a la piel, a las entrañas mismas, y que te hace aparecer en sociedad como uno más de los inconformes, de los que están hechos de otra corteza, de los que nunca se someten a los requerimientos de los gobernantes en turno, sean del partido que fueren, todos son oportunistas y patrocinan la demagogia a más no poder, todos anhelan sólo el poder, y cuando lo consiguen, se corrompen, los verdaderos líderes terminaron con la Revolución Mexicana, o ¿hay alguien de la izquierda que no se haya corrompido?

Una gran parte de los estudiantes que de alguna manera habían visto pasar los acontecimientos del 68 y que estaban inmersos en los hechos violentos del famoso halconazo aquel Jueves de Corpus del 71 estaban formando parte del cambio fortuito de mentalidad del joven setentero, nativo del país de los sueños, de los descendientes de Cuauhtémoc, de los que poblaron Chicomoztoc para continuar la travesía. En “Pueblo solo” se identificaban algunos aprendices de rockeros, que ya verían jeans, playeras que destacaban por las fotografías de Jimmy Hendrix, El Che Guevara, Los Stones, George Harrison, Lennon, Janis Joplin, Jim Morrison y una enorme eteka de estampados que fueron quedando en la memoria de los seguidores del rock que había transitado por las dulces armonías de la época dorada, los sesenteros que aún viven para renacer con sus elegantes ritmos llenos de magia y de nostalgia, aquellos de copete envaselinado, de sweater o cuello de tortuga.

Los Spiders, banda tapatía que estuvo en Zacatecas en 1975 y 1976; otra de las que siempre han llevado puesta la playera del rock mexicano

La transición que sufrió el rock a consecuencia de la sicodelia fue cercando más a los jóvenes protestosos, a quienes veías con largos sacos de la Armada norteamericana conseguidos en los tiraderos de la “segunda”, pesados botines, jeans, playeras y una frondosa mata que bien podía ser a la afro, a la príncipe valiente, a la apache o a la hombre de las cavernas; algunos iban a las estéticas unisex que comenzaban a surgir; otros, de la solapa, acomodaban su pelo a la usanza, y la verdad, habíamos algunos que nos parecíamos más a la mamá de Tarzán que a algún rockero famoso. Sin embargo, era muy satisfactorio vestir, caminar y hablar como hablaban los chavos acá, de onda, los macizos, los gruesos, era muy común entre la banda setentera fumar cigarrillos faros o chivas –les llamaban– debido a la corta edad y a la falta de recursos económicos, ya que el ser estudiantes implicaba que casi nunca se traía una buena feria en el bolsillo; claro, ya había en el poblado dostrés ricos, pero estaban peor, sus padres los tenían más reprimidos. Así que so pretexto de la represión, la falta de monedas, la facha de existencialistas o, de plano, el deseo intrínseco por conocer lo que por todo el mundo estaba rifando, varios iniciados le ponían a la mota como para dejar de ser los chavos pueblerinos; algunos salieron afectados emocionalmente, otros se quedaron en el viaje y no pocos, en el mejor de los casos, fallecieron paulatinamente por diversas causas, todas relacionadas con los excesos; el resto seguimos gritando ¡Qué viva el rocanrol! Miguelón de la Torre, El “Bra” Santana, Arturillo Galván, “Lacho”, “Faly”, El Chito y Lorenzo fueron quizá los primeros aprendices de rockeros en el barrio, aunque ya destacaban Jaime López Espino, quien por esa época formara parte de la banda de rock pesado Mr. Máquina, o el Chón Salmón, quien, tras convertirse en profesionista, logró ganar algunos premios nacionales en literatura.

La banda setentera de Guadalupe, El Galindo, Lorenzo, ‘El Chito’ y El Pessi, mostrando el disco más “grueso” de Led Zeppelin

También en la escena estatal, Los Tick’s lograban establecerse como uno de los mejores conjuntos del estado, originarios de Guadalupe, como aportación al circuito rocanrolero que durante esa época sólo generó ocho agrupaciones que adquirieron cierta fama: Fórmula Uno, Criollo, Los Tick’s, Fire Fly Company, Los Purépechas, La Sangre Caliente, La Séptima Galaxia y Mr. Máquina. Desafortunadamente para nuestros coterráneos, el ser rockero ha sido, hasta el día de hoy, sólo una forma de vida, una manera de llenar algunos espacios existenciales, y todo un cúmulo de experiencias que han hecho de su personalidad todos unos ejemplos para los aprendices de rockeros de todas las edades. Todos los que vimos transcurrir la diversidad de subgéneros en que se ha constituido el rock desde sus orígenes hemos adquirido una forma peculiar de hablar, de escribir, de vestir y hasta de andar, o acaso ¿ya olvidaron a Jaime López Espino?, aquel corpulento baterista de Mr. Máquina, con sus playeras ceñidas y con estampados de Ten Years After o Rush o AC/DC, sus ajustados jeans acampanados y tenis negros, o al inconfundible seguidor de Doors y Stones, que cuando se plantaba en el escenario, asumía la personalidad de Morrison o Jagger. ¿Lo recuerdas? José Antonio Chew Fernández, o a otro de la misma banda que siempre vestía de negro y cantaba o tocaba el bajo o la guitarra y caminaba así como saltando, como tratando de elevarse, como caminan aún varios aprendices de rockeros; “El Chobby”; ¿recuerdas? Lástima, ellos ya se fueron pero dejaron un legado para los que se han puesto la playera de rockeros, sí, ésa que se lleva puesta hasta el fin de los tiempos.

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