Tortas japonesas

Tortas japonesas

¡Qué bárbaros! La neta es que Villa Balboa no obstante en materia de shows televisivos los priístas continúan dando diez y las malas a los panistas, y el último performance del licenciado Peña Nieto quedó de superlujo, no tanto por la lectura del texto aparecido en la superficie del teleprompter como por las imágenes de fondo ( macromáquinas en acción, obreros portadores de cascos y uniformes inmaculados, escolares rozagantes, campesinos endomingados, hombres, mujeres, ancianos y hasta perros con sonrisas de oreja a oreja) como por la audiencia inmediata, compuesta de grandes patronos: Azcárraga, Slim, Bailleres, Servitje, etcétera; sus chalanes: góberes preciosos, senadores, diputados, etcétera; y simples comparsas: cantantes de ranchero, conductores televisivos (lástima que ya no haya boxeadores como los de antes), etcétera; sin que faltaran prietitos al arroz como los delegados perredistas y algunos panistas, cuya pinta quintopatiera y (con la honrosa excepción del gober de Morelos) tacuches casi de Milano, contrastaban con la tejana elegancia del resto de la concurrencia.

Y si bien las promesas contenidas en el texto resultaron casi casi copia al carbón de las de López Portillo hace treinta años, de acuerdo con las cuales la venta de petróleo al exterior haría la prosperidad y la felicidad de los mexicanos, incluían una variante: la venta sería ya no del petróleo extraído de los yacimientos nacionales, sino de los yacimientos mismos, ahorrándonos de paso las molestias de la extracción.

Empero la cereza del helado no apareció sino al día siguiente, con la presentación de la maqueta de un mega-super-aeropuerto de la coautoría de un yerno de Carlos Slim (a quien se le ofrecen al parecer chorromillonarias disculpas con  parte de la megatransa en progreso por las molestias ocasionadas por una reforma confeccionada a la carta para Televisa), que nos colocará ipso facto en el primer mundo (¿dónde habremos oído antes esa canción?).

Lástima que como dijo el lic. Peña los enormes beneficios tardarán un poco en llegar, probablemente cuando la explotación exhaustiva haya agotado los yacimientos, y no quede una gota de petróleo, al igual que en Alemania, Francia, Italia y Japón, países todos ellos altamente desarrollados; así que mejor imposible.

Se me había pasado mencionar como lector al tal Nacho Valenzuela (con el que ando arañando ya la media docena), a quien cual Tío Gamboín anotó como sobrino. ■

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