Toca a esta y a futuras generaciones la democratización del país: Tryno Maldonado

Toca a esta y a futuras generaciones la democratización del país: Tryno Maldonado

■ “Ser intelectual no es un privilegio. No es una casta aparte”, señala el escritor en Acentos

■ El autor de Metales pesados dice ejercer la crítica en sus libros, entrevistas y columnas

Toca a esta y futuras generaciones de ciudadanos, dice Tryno Maldonado, hacer democrático a este país ahora inmerso en una “dictablanda” imperfecta. El escritor zacatecano pone en el centro de la atención para lograr este propósito, a la “conciencia crítica”, misma que destaca, deja muy atrás en este empeño al súper ponderado y limitante voto sexenal y que más allá de “tlatoanis” o caciques culturales dirigentes, surgirá desde abajo como la expresión del Movimiento #YoSoy132.

A propósito de José Revueltas, escritor y activista comprometido con los conflictos sociales de su tiempo, -a quien la sombra de Octavio Paz ha opacado este 2014 en el contexto de la celebración de sus centenarios natales-, Maldonado habló en Acentos, programa de La Jornada Zacatecas TV, acerca de la relación entre la intelectualidad mexicana y el poder.

El autor de Metales pesados (Alfaguara, 2014), obra que suma en el género de cuento a Temas y variaciones (Finisterre, 2002) y a sus tres novelas Viena roja (Planeta, 2005), Temporada de caza para el león negro (Anagrama, 2009) y Teoría de las catástrofes (2012), entre otras incursiones escriturales algunas en el ámbito periodístico como su colaboración en la revista emeequis, se expresó renuente a ubicar en los intelectuales a un sector que hoy movilice conciencias.

A la pregunta de Carlos Navarrete, conductor de la serie, acerca de dónde están esos a quienes Gabriel Zaid definió no por su inteligencia sino por su función social, como constructores de espejos desde los que la sociedad puede reflejarse “desdoblarse, contemplarse, comprenderse, criticarse y fantasear” para cambiar su realidad,  respondió que “están desperdigados por ahí”.

Otros, la mayoría, dijo, seguramente pueden encontrarse tomando café en la colonias Roma o Condesa en la capital del país. “Tranquilamente creo que ser intelectual no es un privilegio. No es una casta aparte como lo hemos visto en la historia de México”. Dicho esto en referencia a que el monopolio de la información y su relación con el poder se remontan como herencia cultural para el caso mexicano, al periodo precolombino.

En cita de la obra ensayística de Enrique Serna, recordó el papel que para mantener los privilegios de una élite fungió la clase sacerdotal en diferentes grupos mesoamericanos, basado en su presunto contacto directo con la divinidad y el acceso al conocimiento.

Al ejemplo agregó el caso del Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco, que luego de 50 años de abrir su puertas para la enseñanza a los indígenas al igual que los peninsulares durante el periodo de la Colonia, mediante una ordenanza excluyó a los primeros, luego de que la Corona Española se percatara de su mayor habilidad e inteligencia para aprender, asunto que resultaba inconveniente para el poder del Estado que reprende, censura, coopta y subordina el pensar y conocer.

“No tenemos derecho a opinar, a pensar o a ser críticos. Y el momento en que ejercemos nuestro derecho a la crítica es mal visto”. A la disidencia u oposición se le califica, dice, de vándalos, rijosos y holgazanes, por ejercer el derecho a la libre expresión, la manifestación pacífica o la desobediencia civil.

De la relación entre los intelectuales y el poder, surgida luego de la Revolución Mexicana, nacieron la UNAM, el INBA, el FCE y luego en el periodo del Salinato, el Canal 22, expuso como ejemplos Carlos Navarrete, para destacar los puntos a favor de ésta que calificó de relación de amor-odio entre los ilustrados y el régimen, y para adelantar el análisis de los vicios que se produjeron de este vínculo.

Tryno Maldonado recordó  por su parte, la figura de Octavio Paz, a quien ubicó como “el intelectual orgánico por antonomasia”, luego de referir un episodio que lo contrapunteó con Cuauhtémoc Cárdenas y que derivaría a la postre en el apoyo del Nobel mexicano al fraude electoral de 1988.

Agregó, fue también quien aconsejó a Salinas de Gortari, la creación del Conaculta y su Sistema Nacional de Creadores “para tener tranquilos a los intelectuales que se habían levantado en un griterío” en denuncia del robo del poder para la izquierda mexicana. “Ser intelectual no quiere decir que seas ya de por sí bondadoso o estés a favor del pueblo. Puedes obedecer a intereses tan nefastos como el nazismo, el fascismo o el priísmo, al que le servía Octavio Paz…y a Televisa”.

En ningún otro país o en pocos, dijo regresando al tema del Sistema Nacional de Creadores, existe esta opción. De la que ha oído expresar en el extranjero a sus pares, “matarían por tener una beca” como estas.

En respuesta a los comentarios les ha dicho, “pues claro, esa es la idea de Conaculta que nos matemos entre nosotros y que nos distraigamos de los verdaderos problemas”. Destacó de este sistema las características que lo exponen como una más de las políticas neoliberales: la competencia, la desunión del sentido comunitario y el fomento al individualismo.

El mercado entonces y dependiendo de la plataforma que se elija, puede ofrecer mayor libertad. El interés de editoriales como Alfaguara, quien actualmente lo edita,  “es publicar buena literatura y hacérsela llegar a los lectores que están esperándola”. Entre el condicionamiento y autocensura que puede derivarse del intento por el acceso a becas o las leyes oferta y demanda del mercado, se encuentran las posibilidades de insertarse en distintas plataformas, a las que se suman las que ofrece la Internet.

En conclusión sobre el papel de los intelectuales y su relación con el poder afirmó viendo hacia el futuro, “los voceros de la sociedad” serán los ciudadanos mismos. A diferencia de sus antecesores, están mejor informados y ya no le creen al régimen.

La opción y responsabilidad de una conciencia crítica es para todos, “más allá de que seamos panaderos o taxistas o carpinteros, pues ya no puede confiarse en el intelectual “como este sacerdote o tlatoani que es el iluminado, quien tiene el monopolio de la información…”.

Desde su propia actividad dijo haber decidido ejercer la crítica en sus libros, entrevistas y columnas.

“Como ciudadano me parece que sería un tipo nefasto cuando todos los días me levanto y veo injusticias, desaparecidos, asesinatos, homicidios, abusos de poder, corrupción…si me levanto y veo eso todos los días y no lo pongo en el único lugar donde puedo hablarlo, discutirlo, me sentiría yo en lo personal casi igual, de la misma categoría de los tipos que perpetran esas cosas. Entonces yo decido hacerlo (…) a veces involucro mi trabajo artístico mi literatura y a veces no”.

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