Nicanor Parra enseña que la poesía no debe ser triste: Javier Acosta

Nicanor Parra enseña que la poesía no debe ser triste: Javier Acosta

■ Se recuerda el trabajo del artista chileno, creador de la antipoesía, a 100 años de su natalicio

■ Él se destaca por hacer poético lo que no se esperaría que fuera, comparte docente y escritor

Para que los jóvenes se den cuenta que la poesía no tiene que ser sería, triste ni fruto de una fatalidad pasional o un tormento psicológico, es recomendable que lean a Nicanor Parra. El chileno, continua Javier Acosta, es una rara avis en la poesía latinoamericana. Abrió una ventana para que entrara aire fresco por medio de su antipoesía, mediante la que rompió el último resabio de solemnidad del género.

A 100 años de su nacimiento, agrega el también poeta, “todos los homenajes, discursos, conferencias y charlas están de sobra”, menos la lectura de su obra, misma que encuentra pertinente para sobrevivir el México de hoy.

En el contexto de la serie de conmemoraciones que este 2014 se acumulan para voltear a ver las obras de Octavio Paz, Efraín Huerta, José Revueltas y el propio Nicanor Parra, lo importante dice, es la enseñanza que ofrece su literatura, “la experiencia interior”.

Javier Acosta, agrega acerca de esta “aventura que ensancha nuestra vida y nos dice que podemos vivirla de otra manera, más vivos de lo que estamos”, tiene carácter de irrenunciable, pues “no podemos andar como muertos ambulantes”.

“Podemos tener democracia, libertad, amor, descanso, comida claro…pero todo ello no es suficiente sin la experiencia interior”, dice.

Esto fue expuesto a colación “de las contradicciones e ironías de la vida”, para recordar que la obra artística de Nicanor Parra y la de otros chilenos como Pablo Neruda y aun Alejandro Jodorowsky, tienen un anclaje en una sociedad oprimida, expuso, “por las formas más totalitarias de la política, la dictadura militar”.

Las desapariciones, persecuciones, el destierro y el exilio, fueron vividas sin dejar de lado la producción artística, pues dice Acosta en cita de Hölderling “donde crece el peligro, crece también lo que salva”.

Luego de Rainer Maria Rilke rescata otra revelación: el arte enseña que hay otras formas de vida. “Se puede vivir creativamente, alegremente, que fue lo que nos enseñó Nicanor Parra. Se puede gozar la vida, festejar la existencia, aun a pesar de la opresión. Y es más, utilizar este festejo de la existencia contra la opresión…”.

De Parra el propio Javier Acosta rescató para sí mismo como un referente, su libro Para detener la calvicie y otro “hermoso que conservo con mucha devoción, que es el de Trabajos prácticos”.

En este último, expone, el autor hace de la poesía un objeto a modo de llamamiento a su sociedad con base a parodias de los lenguajes político y publicitario, a los que llevó a la poesía creando “cosas nuevas”, en una combinación de fotografía y poesía de la que surgen “imágenes impactantes”.

También asumió su tono antipoético. “Yo le robé un título”, que comenta, incluyó en su segundo libro Melodía de la i: Poemas para perder el miedo a las embolias.

“Este título es francamente antipoético, ese tipo de fórmulas son muy de Nicanor Parra, yo las tomé siguiendo su enseñanza para huir del lugar común. Siempre enseña eso su poesía, es tremendamente original. Dice lo que no se esperaría que fuera poético y que finalmente resulta poético.  Se hizo en muchas partes, pero creo que finalmente fue él quien lo ha condensado y llevo a su límite de la manera más festiva, gozosa y con gracia”.

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