¿Feminismo cool?

¿Feminismo  cool?

Confesión uno: no suelo hablar al estilo Fox: “chiquillos y chiquillas”, y no estoy convencida de la conveniencia de las cuotas de género en las candidaturas. Quizá por ello, o porque he priorizado otras causas, el feminismo nunca ha sido mi bandera, no la principal, cuando menos. Comparto, sin embargo buena parte de sus ideas, y con satisfacción he presenciado muchos de sus logros. Soy consciente empero, de que muchas de sus victorias son todavía parciales, las culturales sobre todos. El fin de semana lo reafirmé.

Confesión dos: el domingo a medio día de casualidad vi al gobernador, al presidente municipal de la capital y a su séquito entrar a Catedral. La curiosidad me hizo seguir sus pasos. Esperaba protagonismo, de menos una persignación en primera fila para satisfacción de los devotos ahí presentes, pero nada… Para mi asombro, permanecieron casi pegados a la puerta, silenciosos, aparentemente concentrados, sobre todo el gobernador. Parecía auténticamente en un gesto de religiosidad privada. Nadie le tomaba fotografías, no saludaba a nadie, etc. No había nota.

Reticente a irme en blanco, curiosee entonces dentro del templo y encontré la propaganda -he de decirlo- mentirosa, sobre el aborto, pero no me extrañó. Lo que llamó mi atención fue que también se enfilaba contra la pastilla de emergencia. Esa lucha que el feminismo ganó hace más de una década todavía es motivo de ataque dentro de los templos católicos. ¿En esos infiernitos se gastan la pólvora habiendo tanta corrupción inmoral en el mundo?, ¿tanto ecocidio? ¿Y mientras tanto el despojo inmoral que hacen las mineras es hasta aplaudido por los jerarcas de la iglesia?

Más tarde ese mismo día, en el coche vecino escuché:

Club de striptease y billetes de dólar, (…)

el cliente habitual dispara: (…)

las stripers suben y bajan por esa barra, (…)

El dinero hace girar el mundo, (…)

las gomas (que sujetan los billetes) hacen que tu chica baje, (…)

todo lo que veo son símbolos de dólar.

En inglés, acompañado de un hip hop pegajoso la voz de la cantante Rihanna. El bombardeo mediático previo hizo el resto, a mi mente llegaron las imágenes de las nalgas de la barbadense de 26 años moviéndose convulsivamente en el vídeo con que promociona la canción. La desazón me invadió.

Y no es que crea que las mujeres tengan que negar el cuerpo o reprimir sus ímpetus sexuales, pero el que las cantantes femeninas no encuentren mejor forma de llamar la atención que menear las nalgas me parece deprimente. Desde Miley Cyrus a Shakira parece que el único espectáculo que brindar es el de su permanente disponibilidad sexual1. ¿Es todo lo que hay?

La cantante Nicki Minaj lo lleva al extremo, en el vídeo de Anaconda, no hay escena en la que no aparezcan sus glúteos o los de otras mujeres; aislados del resto del cuerpo, como artículos de decoración, como escenografía o como tambores. La chillante voz de la cantante hace el resto: “Sí, él ama este gran y gordo culo/ Sí, esto es para mis perras con un gran gordo culo en el puto club”.

Fuera del espectáculo, en el ámbito político las mujeres y su “utilización” como objeto sexual también han estado presentes en los últimos días. El líder del PRI en el Distrito Federal se escurre de la justicia a pesar del evidente uso de recursos públicos para armar una red de trabajo sexual a su servicio. ¡Vaya paradoja! lo salva la opacidad que por principio debería tenerlo en auditorías. Por el otro lado, los panistas, aunque sin las cualidades emprendedoras del Rey de la basura, también usaron recursos públicos para pagarse una bacanal en la que cada mujer “rentada” costó 16% aproximadamente de lo que se pagó  de alquiler de la sede de la fiesta.

Para rematar, en uno de mis medios favoritos: www.sinembargo.mx leo el artículo La cátedra de Beyoncé de Gisela Pérez de Acha, en el que la autora sostiene que “Beyoncé sí sabe hacer feminismo. Nos ha dado una lección.” Y lo afirma con argumentos tan absurdos como que Beyoncé “acepta ser sexy”, como si ser feminista fuera negar la sexualidad, o fuera el consuelo de las feas. Le ahorro la molestia de leerlo, en resumen Pérez dice que la cantante logró que el feminismo fuera “cool”.

Mientras tanto el mismo medio publicaba que 80% de las migrantes centroamericanas son violadas en su paso por México para llegar a Estados Unidos. Ellas lo prevén, parte de su preparación para el viaje incluye inyecciones anticonceptivas para limitar las consecuencias del ultraje del que muy probablemente serán víctimas.

Y la noticia que cerró el fin de semana: el hackeo al teléfono celular de la actriz Jennifer Lawrance, que permitió la obtención de fotografías íntimas reproducidas por algunos medios de comunicación que no repararon en la falta de ética que eso significaba.

No cabe duda, aún falta mucho por hacer, mucho camino por andar. Ojalá en él haya más Judith Butlers que Beyoncés. ■

 

@luciamedinas

 

1              Para la socióloga americana Caroline Heldman este es un elemento de la cosificación de la mujer

 

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