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“Hubiera sido bueno que el gobierno nos tomara en cuenta”, claman los olvidados del Centenario

“Hubiera sido bueno que el gobierno nos tomara en cuenta”, claman los olvidados del Centenario

■ Lejos de luminarias de “última generación”, habitantes del lugar temen que llegue la oscuridad

■ A temprana hora, los pequeños que acuden a la escuela también son víctimas de robo

“¡Ay, hermoso Zacatecas mira cómo te han dejado! la causa fue viejo Huerta y tanto rico allegado”. El corrido Toma de Zacatecas refiere en este fragmento, la dolorosa destrucción de una ciudad que fue escenario de una lucha fratricida y a la usurpación del poder y la desigualdad como el detonante del enfrentamiento armado.

Alrededor de las 10 horas del 23 de junio de 1914, dice la historia a veces cantada, inició la batalla que derivaría en la conmemorada Toma de Zacatecas. A esa misma hora en la colonia que hace alusión al hecho, se expresa una aparente calma, ajena a los trajines que más temprano hacen salir a sus habitantes a trabajar en diferentes oficios: taxistas, comerciantes de diversos géneros, albañiles, o amas de casa rumbo a la escuela con niños de la mano. Y que también oculta para el ajeno, los escenarios de inseguridad que pueden observarse durante la noche.

Aquí las calles se llaman 23 de junio, Artillería, Brigada Servín, Brigada Madero, Ejército Constitucionalista o Juana Gallo, quien se coló nuevamente a la memoria colectiva sin mérito para este caso.

La inseguridad, la pobreza y la falta de apoyos campean en la colonia Toma de Zacatecas, como una lucha fratricida que rememora la tan sonada gesta histórica. “Hubiera sido bueno que el gobierno desparramara un poco de dinero…” ■ fotos: ernesto moreno

Lejos de las luminarias de “última generación” instaladas en el Centro Histórico de Zacatecas, donde se han concentrado las actividades celebratorias de la que se ha destacado como la batalla decisiva para el triunfo de la Revolución Mexicana, los habitantes de esta colonia temen la llegada de la oscuridad.

“Para las ocho de la noche ya de aquí no salgo”, dice anónimamente una ama de casa, madre de varios hijos y quien ha impuesto a su familia una especie de toque de queda luego de ocurridos en la zona, dice, “varios levantones”, o haberse recibido el día con la sorpresa de cuerpos colgados de un puente cercano. Los crímenes son perpetrados fundamentalmente contra la población joven.

“La colonia está bastante mal”, hay mucha delincuencia, drogadicción, “rateros”. La llegada del otoño con su temprano ocultamiento del sol significará el necesario acompañamiento de los hijos a la escuela en la mañana. A esa hora, los más pequeños también son víctimas de robo.

Las calles de la colonia Toma de Zacatecas, vecina del Mercado de Abasto en la capital del estado, son anchas y en su mayoría pavimentadas con concreto hidráulico.

A media mañana las calienta el sol, desalentando su andanza salvo cuando son transitadas por algunas mujeres que sombrilla en mano, salen para abastecerse de algún faltante para hacer la comida.

En su mayoría, las construcciones no sobrepasan un segundo piso y exponen en muchos casos muros y castillos que anuncian diferentes periodos de construcción que pudieran atender a la alternancia de tiempos de “vacas gordas y flacas”.

Existen otras casas mejor acabadas, quizás las más antiguas de este asentamiento que se remonta a los inicios de la gestión gubernativa de José Cervantes Corona y se ubica sobre terrenos antes pertenecientes al ejido La Pimienta.

La inseguridad, la pobreza y la falta de apoyos campean en la colonia Toma de Zacatecas, como una lucha fratricida que rememora la tan sonada gesta histórica. “Hubiera sido bueno que el gobierno desparramara un poco de dinero…” ■ fotos: ernesto moreno

En el área también hay hogares que se antojarían temporales pero que al paso de los años se han hecho resistir con materiales de reciclaje. Entre casas, se intercalan asimismo lotes baldíos con yerba crecida o desechos.

“Hubiera sido bueno que el gobierno desparramara un poco de dinero, que nos tomaran en cuenta”, expone sobre el gasto del Centenario, Ricardo Torres Sánchez, dueño de un pequeño negocio de venta y colocación de vidrios, cuyas operaciones comerciales por mes, oscilan en dos en promedio, y quien siente ya la quiebra encima.

Desaprueba que las contrataciones de obra y compras de materiales por parte de la administración de Alonso Reyes se hagan a gente foránea al estado y se deje “en el limbo” a los locales.

En esta expresión lo secunda Jesús Montano, otro joven, éste de 21 años, que se dedica a la reparación de herramienta.

Ambos y la mayoría de los entrevistados denuncian a la vialidad recientemente construida, misma que conecta con Tránsito Pesado como más causante de perjuicios que beneficios a los vecinos.

Dicen está mal construida. La reciente temporada de lluvias y un momento de granizo hizo que se inundara no sólo la vía sino las casas contiguas. En su construcción que ostenta como emblema el logo Mover a México, no se previó la pavimentación de calles que ahora provocan deslaves.

Detrás, hay una historia de corrupción que corre de boca en boca en la Toma de Zacatecas y señala al dueño de los terrenos como alguien cuya influencia en la administración gubernamental habría logrado que se desechara un mejor y primer proyecto.

En la colonia se observan los indicios de la operación de diversos programas asistenciales. En una calle cercana a donde se ostenta el letrero “Liconsa-Sedesol. Sin Hambre”, viven Manuel de Jesús Contreras y María Demetria Medranos, adultos de 66 años conjuntamente con varios de sus hijos adultos y los hijos de estos.

Cada dos o tres meses, el jefe del hogar pueden comprar por 18 pesos una despensa, que dice la familia dura dos días y presuntamente debieran recibir gratuitamente por su edad.

Señalan nunca han recibido ayuda de los presidentes de la colonia y agregan que en su búsqueda de convertirse en beneficiarios del programa 70 y más, llevaron sus documentos originales hace casi un año a las oficinas del Sedif sin que hasta la fecha les hayan dado respuesta, o devolvieran sus credenciales y otros papeles de identificación.

“No nos han dado ningún apoyo. Estamos viejillos. Yo oigo que ya les dieron a unas, que ya les van a dar a otras y a nosotros nada”, dice la mujer que habría tratado en esa oficina con una licenciada de nombre Simona.

Opuesto a esta visión que denuncia discrecionalidad en la entrega de apoyos en la zona, Ema Sánchez Meléndez, vecina desde hace 22 años de la colonia Toma de Zacatecas y esposa del ex presidente de la colonia de afiliación priísta, expresa como logros de la gestión de su compañero de vida un parque infantil y un centro donde se realizan diversas actividades realizados hace tres años. Ella quiso dejar patente en la entrevista: “no pues nada más que se sepa que sí dan los recursos y que se están utilizando para la gente que más necesita”.

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