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Aún, ¿atole con el dedo?

Aún, ¿atole con el dedo?

Esta fecha, enmarcada por el Segundo Informe de Peña Nieto, conlleva asomarse a la dureza de la complejidad que contra todo, incluida una eventual oposición, afianza entre los mexicanos, mediante la obediencia o corrupción una estructura de comunicación para facilitar fluya, se arraigue y consume en México la depredación privada de lo público mediante el accionar del neoliberalismo que impera y opera mediante los viejos métodos institucionales de privatización autoritaria. El actual Poder Federal, antes de erosionar la soberanía energética debe imaginar formas más creativas y justas para servir a México por ser esa la obligación constitucional para la que fue electo. La ausencia de tal dedicación y pasión por los mexicanos, hace posible avanzar el arrasamiento neoliberal que privatiza lo público y lo destroza como patrimonio nacional. Ese remate del país, ¿quiénes lo asesoran, impulsan o avalan?

Si viviéramos la democracia y llenáramos nuestro actuar con ese contenido, privatizar la explotación del petróleo sería una cuestión tan anticipable y sensible que debería ser consultada previa y efectivamente la opinión pública sobre su presente y su futuro. En cambio, sólo se le informa de hechos consumados gracias al autoritarismo mecánico con el que presta obediencia la actual aplastante mayoría priísta en la Cámara de Diputados, impunes y sin preocupación alguna de ser defenestrados por privatizar bienes públicos, sin que ocurra desobediencia alguna, riesgo sujeto por dádivas generosas o ilusorias. La eventualidad de revertir la privatización energética será imposible durante el tiempo que resta a esta legislatura. Su obediencia será la moneda que cambio asegure su futuro, si terminado el período legislativo continúan en lo mismo y se vuelven empresarios para hacer negocio, al abrigo de las reformas de Peña N. y producir o vender algo más que su voto. Hasta hoy no ocurrió lo eventual – maravilloso para las mayorías, haber resistido y negado el aval para privatizar el petróleo y proponer una reforma efectiva, rentable y disfrutable para y por todos los mexicanos. Resistencia política ciudadana altamente productiva en función de la relativa brevedad de su período legislativo y del manejo de las propias metas a escalar en el mismo rubro o en otros ámbitos, estatal, municipal, etc. O bien, con la conciencia cívica tranquila, incursionar en otras dimensiones, sin estar atenidos a obtener una recomendación de Peña Nieto para ser gobernador(ra) en su Estado, ingresar al servicio federal o emerger como iniciativo(a) privado(a), con toda tranquilidad y perspectiva. ¡Qué fortuna! Haber emitido un voto libre y no atado a la-autoridad-máxima, ni a ninguna, sino a favor del pueblo de México. El voto vendido no se dejaría sin eventual correspondencia y en el imaginario popular atrás quedaron las sumas imaginadas o reales de que se habló circulaban para impulsar el voto favorable a las propuestas de Peña Nieto. Semejante prestación de obediencia se adorna, adereza, justifica como se quiera, menos de ser libre y a favor del país, no en contra, ni a favor de su enajenación. Lo relevante, el voto libre sería efectivo para sacar adelante propuestas a favor del país, no del Ejecutivo y sus socios nacionales o extranjeros.

Zambrano, por supuesto, debe estar feliz porque hubo voto corporativo y superado tal escollo en la H. Cámara a favor de Peña Nieto y del Pacto por México, procura preparar el camino para consumar la derrota política del PRD. Toca a los perredistas auténticos rescatar el sentido original del mandato popular que los ha llevado a ganar elecciones, luego perdidas o anuladas por los fraudes o porque en verdad todavía no se ha podido integrar ni encender lo suficiente un proyecto alternativo de nación oposito, democrático y auténtico. No como en esta patria chica, donde lo democrático no es esencia ni profundidad ni práctica, sino cuando mucho, tema de plática o discusión, mientras bajo la égida formal de cualquier democracia partidaria se arrebata el voto, sin más ética que la utilitaria y esa simpleza que cierra el círculo, impide avanzar en la construcción compleja (y concreta) de una espiral democrática en continua expansión de calidad.

Lo cierto, en la primera ronda política de este viejo ser político o situación política nacional privatizadora es más que notoria la prisa por rematar lo que queda de público y para el público del patrimonio nacional y así, al incorporarlo al mercado, sus beneficios antes públicos y para el público, ahora serán privados y propios de quienes sean sus privados dueños o socios nacionales o extranjeros. Ellos serán los beneficiados con las concesiones, incluido el suelo nacional, sin mayor traba que la debilidad de nuestras comunidades para defenderse y defenderlo o negociar efectivamente y con justicia  más en provecho de todos. ■

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