Apoyo presidencial, moneda de cambio

Apoyo presidencial, moneda de cambio
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No se puede negar una mejoría en las relaciones entre los mandatarios estatales, y el presidente de la República, una vez que ha asumido Peña Nieto la presidencia, y donde las elecciones en las que ganara la entrada al despacho de Los Pinos fueran operadas de manera importante por los gobernadores, quienes le entregaron un Congreso nutrido de representantes tricolores.

Lo que sí resulta novedoso en el caso zacatecano, y como lo expondría el nuevo líder estatal del PRI, José Olvera, es que hace tiempo no se veía un trato abierto y con pocos intermediarios, para gestionar problemas que competen al ámbito federal y local. Se puede hablar en este espacio compartido, por ejemplo de la seguridad, de los recursos federales para la reingeniería financiera y política de la Universidad Autónoma de Zacatecas (visión tradicional de los gobiernos federales para invertir bolsas extraordinarias en asuntos de crisis en instituciones educativas), del apoyo a infraestructura carretera, e infraestructura de instalación del gasoducto, y los que se sigan sumando.

No por ello se debe de explotar la retórica de la amistad del presidente en turno con el gobernador zacatecano, cuando en realidad las formas vienen del centro del país, y no de las periferias. Al igual puede ser un gran amigo de Miguel Alonso, lo mismo puede compartir cercanías con el jalisciense Aristóteles Sandoval –a quien ya ha visitado más de una decena de veces-, del chiapaneco Manuel Velasco, y del regiomontano Rodrigo Medina, entre algunos con quienes se deja ver con plácemes cada que tiene oportunidad.

Todo lo contrario podría decirse del ex gobernador Fausto Vallejo, en Michoacán, o de los mandatarios del Estado de México, Eruviel Ávila; el sinaloense, Mario López Valdez; y el poblano, Moreno Valle. En el caso del primero, ha habido un lobbying intenso para favorecer las circunstancias políticas que lo lleven a su dimisión, porque no rinde el perfil suficiente que garantice los índices de gobernabilidad y estabilidad que exige la entidad vecina de la Ciudad de México, y el laboratorio de ensayo electoral previo a las presidenciales.

En el caso de López Valdez, la extinta Ley Mordaza terminó por establecer un trato distante y protocolario, no entre gobernador y presidente, sino entre gobernador y secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, en quien recae naturalmente la política interna del país. Una vez que la pretendida coacción a la libertad de expresión impuesta por la ley del sinaloense creció de manera importante en los medios nacionales, el gobernador se vio obligado a recular e incluso retractarse.

No así con la crisis que viviera el poblano, Moreno Valle, después del enfrentamiento entre la policía estatal y los habitantes de San Bernardino, Chalchihuapan, Puebla, de donde resultaría un menor de edad (13 años) muerto. Amparados en la controversial “Ley Bala”, los funcionarios estatales involucrados en el conflicto político tardaron en reaccionar, tomando unos días para defender la pertinencia de dicha ley, y después derogarla por las presiones de la opinión pública, y las imágenes en los medios nacionales que intentaban dar claridad a la pregunta de si el niño había sido herido de muerte por una bala de goma o un cohetón de los propios manifestantes.

Nuevamente, el secretario de Gobierno fue incluido en el tándem del proceso político, cuando diversas organizaciones de corte civil impulsaran manifestaciones en contra de la polémica ley, así como exhortos a su despacho para que revisara los excesos que podría provocar un documento como el aprobado en aquél estado.

Si tomamos en cuenta, entonces, esta diferenciación de relaciones que ha extendido el presidente con los mandatarios, el común denominador podría medirse por la capacidad de gestión de los conflictos interestatales, y la resonancia que provocan los mismos a nivel nacional. El gobernador más desgastado a la fecha es el oaxaqueño Gabino Cué, quien no ha logrado ser un fiel de la balanza entre la sección 22 del CNTE y la reforma educativa federal. Todo lo contrario, ha sido señalado como un agente de fortalecimiento de aquella corriente de docentes al ofrecerles prebendas para mantenerlos “a raya”. El resultado, una CNTE que ha avanzado en trincheras y sigue acumulando poder regional.

De acuerdo a este esquema, la de Alonso Reyes ha sido una situación grácil, ya que la única amenaza ligeramente beligerante que ha tenido que enfrentar son las presiones tácticas de los alumnos de la Escuela Normal Rural General Matías Ramos. Lo mismo que las ya extintas marchas multitudinarias de la Coordinadora, para expresar su descontento en contra de la Ley Estatal de Educación.

Corre entonces el turno de responder el apoyo. Miguel Alonso debe de saber vender los beneficios de las reformas. Tarea que era para ayer, y que no será el centro de su mensaje el próximo 8 de septiembre. ■

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