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Cien años después

Cien años después

La historia, si se le estudia con seriedad y compromiso, no solo posibilita explicar con acierto el pasado; también ofrece bases para entender el presente y con ellola posibilidad de descubrir las tendencias hacia lo futuro. El historiador, sin embargo, dado su objeto de estudio, tiene que apoyarse necesariamente en razonamientos lógicos para entender “lo pasado”. Apoyarse ahí donde lo lógico representa la reproducción mental de la trayectoria realdel proceso histórico, en este caso, del estudio y explicación deuna de las etapas de la Revolución Mexicana.

Nuestra contribución periodística, parte en esta ocasión, de una vía inversa al proceso histórico real en cuanto a que comienzade un evento reciente llevado a cabo por la sociedad zacatecana actual: La de recapitulación histórica de la Toma de Zacatecas cien años después:

Las calles del Centro Histórico de la ciudad se vieron repletas de miles de zacatecanos y compañ[email protected] visitantes que abandonaron sus casas, comunidades y lugares de origen, para recordar aquel hecho histórico y dar cuenta de su propia versión diferenciándola del gobierno, cien años después de que “El Centauro del Norte” tomara Zacatecas.

Más diez mil almas dejaron de manifiesto que las demandas de la Revolución Mexicana siguen vigentes debido a que nunca fueron consumadas o a que fueron abandonadas por los gobiernos. No les era posible entender cómo un acto oficial de gobierno “celebraba el triunfo del Ejército Constitucionalista”, cuando al mismo tiempo estaballevando a cabo medidas contrarrevolucionarias como la venta de las propiedades de la nación, del petróleo y riquezas naturales; de ataque a las garantías individuales, a los derechos laborales de los mexicanos y a la propiedad ejidal etc., garantizados por la Constitución de 1917, precisamente con el triunfo de la Revolución Mexicana.

Campesinos, estudiantes, obreros, normalistas, mineros, amas de casa, maestros, ex braceros, integrantes de organizaciones políticas, de la OPT, etc., todos en una gran marcha, se dieron cita en la vieja estación de ferrocarril –frente a la máquina 30-30– como queriendo recapitular la forma en que Villa y Felipe Ángeles arribaron a la ciudad para destruir las tropas federales del usurpador Huerta aquel 23 de Junio de 1914. Su marcha recriminó más tarde en la Plaza de Armas, el derroche de recursos y el mal gobierno de Miguel Alonso; a Peña Nieto -que con este motivo se encontraba en la ciudad- se le increpó por su incapacidadmanifiesta para dirigir el país.

La protesta clamó por las calles del Centro Histórico. “Si Villa viviera, qué chinga les pusiera”, “Se ve, se siente, Pancho Villa está presente”, “Si no tenemos solución, habrá revolución”. Una manta pareció resumir el sentir de aquel ejército ciudadano: “La Toma de Zacatecas es del pueblo”.

Ciertamente, como gritaran los manifestantes, cien años después no había nada que festejar. El bajo crecimiento económico, los 900 mil pobres en el estadoy los 650 mil desterrados por la miseria y falta de oportunidades al vecino país del norte, indicaban que los viejos problemas que combatió la Revolución mantenían su estigma sobre el pueblo. Que se viven circunstancias parecidas de las que el escritor mexicano Mariano Azuela dejara constancia en su popular obra Los de abajo; ese clásico de la literatura mundial que muestra con toda crudeza y realismo, la vida de los desposeídos levantados para la revuelta…

Cien años después, una pregunta rigurosa mantiene tambiénsu vigencia ¿Qué hacer? La Guerra de Independencia, La Reforma y la Revolución Mexicana fueron acciones armadas donde las masas se lanzaron tras la búsqueda de su destino. En la mayoría de las narrativas y crónicas que pude examinar en estas y otras páginas con motivo de los cien años de La Toma de Zacatecas, se hace alusión al hecho histórico con datos, fechas y nombres de manera descriptiva y, las más afortunadas, terminan “exigiendo” al gobierno que “mejore sus servicios” y que administre “honradamente” los recursos del pueblo. Todas ellas pareciera que olvidan que la naturaleza misma de este sistema se consolida precisamente debido a su política antipopular, contrarrevolucionaria y neoliberal y a sus traiciones y asesinatos de luchadores sociales y revolucionarios. Los menos, pretendencon su narrativa, darle rostro humano al sistema, maquillarlo o hacerlo amoroso, menos agresivo. Parecieran querer encontrar entre la maleza al mítico tigre vegetariano.

Nos pasa que muchas de las veces, al revisar la historia, nos olvidamos de sus mejores lecciones. El 23 de junio quedó destruido el ejército federal y sellada la suerte de Victoriano Huerta quien renunció tiempo después y partió a un exilio sin regreso. Esta victoria de la División del Norte y su entrada triunfal a la Ciudad de México junto al Ejército Libertador del Sur, dejó en claro el poderío revolucionario de las masas pero también la falta de visión histórica de su dirección al replegarse a Chihuahua y Morelosnuevamentedespués de sus triunfos. Desde entonces el thermidormexicano, el buitre de la Revolución, anida en Palacio Nacional. Nuestro deber será recuperar el sueño de Villa y de Zapata para retomar la Revolución donde ellos la dejaron.

Fuente informativa: Prensa local ■

 

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