La resurrección neoliberal de Don Porfirio

La resurrección neoliberal de Don Porfirio

Hacer crítica al Porfiriato y sus expresiones actualizadas contemporáneas, no significa reivindicar el llamado ‘régimen de la revolución’ propio de los discursos oficiales del ‘nacionalismo revolucionario’. Recordemos que las traiciones a las demandas de la Revolución comenzaron muy pronto: con el propio Madero, que una vez en el poder, incumplió la entrega de la tierra a los zapatistas, y los obligó a combatir.

Las demandas de justicia social venidas del México Profundo, expresadas políticamente en el Villismo y el Zapatismo, fueron derrotadas: Villa en Celaya ante las fuerzas de Obregón, y años después fue asesinado por órdenes de Calles; y Zapata igualmente cae por la vía del crimen y del engaño. Igualmente, desde Palacio Nacional se ordenó el fusilamiento de quien pudo ser el candidato a la presidencia de estas expresiones populares: Felipe Ángeles. Quienes triunfaron fueron los sonorenses que tenían una idea muy distinta a las banderas de justicia social exigidas por el pueblo; ellos creían en la  modernidad económica con Estado fuerte. Así inició el autoritarismo acompañado de enorme corrupción que duró más de 70 años en el poder.

Sólo un gobierno ha reivindicado con decisión los ideales de la revolución: el cardenismo. 70 por ciento del reparto agrario en Zacatecas ocurrió en este periodo, y en el país se entregaron más de 18 millones de hectáreas que dieron tierra a más de 6 millones de campesinos mexicanos. El proyecto educativo tuvo un avance sin precedentes, y el sindicalismo mexicano fortalecido logró derechos sociales de avanzada y, lo que ahora cobra una enorme relevancia: se nacionalizaron los recursos energéticos considerándolos estratégicos para el desarrollo nacional. Así, el petróleo pasó a manos de la nación. Años después, con el salinismo en el poder, sobre todo a partir de 1992, se reformó lo que fue un tabú durante décadas: el artículo 27 de la constitución en materia agraria, y en ese mismo contexto, en sólo 5 años se ‘desincorporaron’ 250 empresas públicas; entre las que destaca Teléfonos de México, que operaba sin números rojos y produjo en pocos años al hombre más rico del mundo.

También se vendió la televisión estatal y desde entonces no tenemos televisión pública abierta, la aviación, las instituciones de crédito, la siderurgia, la producción de fertilizantes, ferrocarriles y un largo etcétera. Todo pasó a manos privadas, y la promesa de que eso iba a dinamizar la economía quedó en discursos incumplidos, pero también en nuevos  bolsillos hiper-millonarios. Ahora, se confecciona la apropiación de la riqueza petrolera, que proporciona a México un tercio del presupuesto de la Federación. Son ganancias gigantescas que provocan ambiciones monumentales. En suma, con la reforma laboral desmontaron las conquistas obreras, y se le entrega al capital transnacional los mejores recursos del país: justo los dos rasgos definitorios del porfirismo. Con ello, han restaurado a don Porfirio. Huerta fue el primer intento de restauración porfirista y la hizo fracasar la División del Norte, la pregunta ahora mismo es, al intento modernizador-neoliberal, ¿hay alguna fuerza que la derrote?

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