La urgente necesidad de un efectivo incremento salarial

La urgente necesidad de un efectivo incremento salarial

En los últimos años la menor participación de los salarios y la mayor participación de las utilidades en el ingreso nacional es una realidad. De acuerdo con los datos más recientes publicados por la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), México es una de los dos países latinoamericanos en los que el salario mínimo más que aumentar, decrece.

Esta información se publica a la par de la emitida en los principales diarios de circulación nacional, respecto a que el Distrito Federal podría ser la primera entidad en el país en donde los mexicanos finalmente puedan llegar a fin de mes. Según se informa, se ha puesto en marcha una Comisión encargada de trabajar en una nueva política de los salarios mínimos con el objetivo de que se pueda establecer un mínimo de ingresos para los capitalinos, capaz responder a las necesidades reales de la población y no únicamente regular los salarios, como hasta ahora parece ser la única función de los organismos encargados en el tema. Entre las propuestas se tiene la de multiplicar por más de 3 el salario mínimo; es decir, que en lugar de 67.29 pesos, el salario mínimo por día sea de 243.58 pesos, incremento que se daría de forma gradual.

Como era de esperarse, la iniciativa genera un interesante debate entre los economistas: por un lado se tiene a aquellos que, bajo el argumento de la teoría neoclásica, argumentan que dado que los salarios están en función de la productividad marginal del trabajo, y ésta es baja en el país, los salarios no pueden incrementarse. Por el otro lado se tiene a los economistas que se muestran incrédulos de respecto a que realmente se presente un cambio de esta magnitud originado desde las altas esferas de la política, y no desde la acción política de las masas en pro de su beneficio.

Más allá de que la lógica del argumento de la Comisión para elevar el salario mínimo sea la de por este medio incrementar la productividad laboral y así hacer más competitiva la economía, elevar el salario incrementaría el consumo y con ello la dinámica económica en la Ciudad de México. Lo cierto es que este debate más que traer beneficio a la población que habita en la capital del país, debe ser una discusión que se vuelva parte de la agenda nacional. Las necesidades del país así lo exigen. Con base en el Informe Mundial sobre Salarios 2012/2013, en Brasil se paga en 5.40 dólares la hora de trabajo, en Grecia la hora tiene un precio de 13 dólares, Estados Unidos la paga en 23.30 dólares y en Dinamarca 34.80. Cifras que contrastan enormemente con el tabulador mexicano que sitúa el precio de la jornada laboral de 8 horas en poco más de 5 dólares, es decir que la hora de trabajo en el país equivale a 0.65 dólares. Si a esto agregamos que de acuerdo con los datos de la Procuraduría Federal del Consumidor, (Profeco) una canasta de 10 productos básicos (huevo, pollo, frijol, leche, atún, jabón de tocador, tortilla, una botella de agua y un boleto del metro) cuesta 173.6 pesos, se requieren al menos 2.6 salarios mínimos para poder realizar este consumo.

Si a esto agregamos que las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) publicadas por Inegi para 2009 arrojan que la población económicamente activa en el país es de 47 millones de personas, de las cuales 44 millones (94.7 por cierto) está ocupada y más de la mitad de la población recibe percepciones menores a este monto, tenemos que a la mayoría de los mexicanos se les niega la posibilidad de si quiera cubrir con sus necesidades básicas. ¿Qué mayor argumento se requiere para que el inmediato aumento se ingresos a los trabajadores se vuelva una realidad?

Hacer frente a la deliberada política de salarios bajos es urgente. El deterioro de más de 74 por ciento que ha presentado el salario mínimo con respecto a 1976 y que mantiene a cerca de 70 por ciento de la población en el país percibiendo salarios que incluso atentan con la constitución, así lo demanda. Por lo que el proyecto de la actualmente dominante concepción de la teoría económica queda superado porque las ganancias y los salarios más que ser determinados en el mercado, son determinados por el estado que guardan las luchas de clase; entendidas como las movilizaciones, el poder efectivo de los sindicatos y de las asociaciones empresariales. De lo contrario, ¿cómo se explican los elevados salarios que cobran los diputados y senadores mexicanos? ¿Acaso por sus niveles de productividad? ■

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