Ricardo Justiz, entrega para cooperar con el desarrollo cultural de Zacatecas

Ricardo Justiz, entrega para cooperar con el desarrollo cultural de Zacatecas

■ Se ha desarrollado en la Universidad como maestro de violín desde hace 22 años

■ Su presencia generó hace 14 años la denominada Camerata Silvestre Revueltas

“Yo soy un poco un representante de Cuba aquí. Y he hecho todo lo posible porque sea así”.  Expresa sobre el trabajo que ha desarrollado como maestro de violín desde hace 22 años, en el seno de la Unidad Académica de Artes de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), Ricardo Justiz Despaigne.

Su presencia, además de la formación de niños y jóvenes instrumentistas que se han integrado a ensambles locales, nacionales e internacionales, generó hace 14 años, la denominada Camerata Silvestre Revueltas, que inició sus trabajos en el año 2000, como Camerata de la Escuela de Música de la UAZ.

La  agrupación se conformó inicialmente por sus alumnos, posteriormente, se enriquecería con la intervención de otros docentes.

Ricardo Justiz Despaigne arribó a Zacatecas en 1992, producto de un convenio celebrado entre la UAZ y el Ministerio de Cultura de Cuba.

Dejaba en su país, el puesto de jefe de la Cátedra de Cuerdas de la Escuela Nacional de Música de Cuba y una trayectoria como ejecutante de violín y docente.

Entre otras experiencias destaca su participación en la Camerata Brindis de Salsas, agrupación que hace honor al denominado “Paganini negro”, destacado violinista cubano del siglo 19 y principios del 20.

Con este ensamble realizó giras en su país y el extranjero y grabó producciones discográficas acompañando a artistas como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés.

Ricardo Justiz nació en Santiago de Cuba en 1942. Sus vínculos con el violín se remontan a su niñez. En un museo de su localidad natal, recuerda, le llamó la atención el instrumento por su forma. Más tarde le haría adquirir a su madre uno de juguete hecho de hoja de lata.

Su memoria también lo lleva a tardes pasadas junto al radio escuchando largas sesiones de música, entre ella la de los mexicanos Pedro Infante, Jorge Negrete y Pedro Vargas. Y un programa de valses, su primer referente de música no popular.

Una tía por parte de su padre, quien trabajaba en el servicio doméstico para la directora de una pequeña escuela de música en Santiago de Cuba, sería el vínculo para que se integrara a la edad de 15 años al estudio del instrumento.

Por razones de gusto y económicas después y a invitación de unos amigos se integraría a una charanga, un grupo que interpretaba cha, cha, cha, danzones y boleros. Entonces en la isla también se escuchaba el rock and roll. “Me gustaba el ambiente de la tocadera de la música”, comenta.

Esto le abriría la posibilidad de allegarse algunos recursos para ayudar la difícil situación que se vivía en su hogar desde la muerte de su padre, situación que le sorprendió a la edad de dos años de edad.

Tras esta experiencia tuvo la oportunidad de colaborar con un maestro de ensamble coral que lo acercaría a la música clásica, que cada vez más fue ocupando un mayor lugar en su gusto.

Vino Luego la Revolución Cubana. Este hecho es referido por Ricardo Justiz como un renacimiento para la gente pobre de la isla.

El  viraje, “malo para unos, bueno para otros”, dice, significó la oportunidad para cualquier familia de integrar a sus hijos al desarrollo como ingenieros, médicos o como músicos. Agrega que en su caso, antes de que este cambio se diera, ser pobre y de raza negra era “una mancuerna difícil de llevar”.

“Porque aquí no se ve eso. Pero en Cuba sí había un racismo muy fuerte. Yo como negro no podía entrar a un montón de lugares que estaban controlados por los blancos”.

En 1962 se integró a la Orquesta Sinfónica de Santiago de Cuba, proyecto incipiente propiciado por la nueva visión de las cosas en su país.

Tras dos años de estancia en esta agrupación fue enviado a La Habana para estudiar en la Escuela Nacional de Artes de Cuba, “un lugar fabuloso”, refiere, que involucraba a estudiantes de todo el territorio en disciplinas como artes dramáticas, ballet, música y artes plásticas.

Su memoria registra de esta etapa de su vida la oportunidad de estudiar con maestros checos y rusos, además de los nacionales, que le cambiaron la forma de ver la música.

“Mi formación tiene que ver mucho con la escuela soviética que fue una de las escuelas más famosas del siglo 20”.

Incluso refiere, tuvo una estancia de casi dos años en la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Su educación como ejecutante y posteriormente como docente quedó marcada por la disciplina y el rigor que caracteriza a esta escuela. Los soviéticos dice, ofrecieron “realmente una enseñanza muy positiva para nosotros: la disciplina, el amor al trabajo que ellos nos comunicaron fue crucial”.

La llegada de Ricardo Justiz a Zacatecas coincide con la caída del bloque socialista en el mundo, que propició en Cuba lo que se ha denominado como “periodo especial”, un momento de grandes dificultades económicas que agudizó la situación que desde hacía años se había impuesto mediante el bloqueo norteamericano.

Su venida, implicaba la posibilidad de aportar sus conocimientos, pero también la de ayudar a la familia que dejaba en su país.

Dice riendo, que para los cubanos sería necesario antes de llegar a un lugar como Zacatecas, hacer una escala en Veracruz.

La altura de la ciudad, el clima frío, la tristeza de dejar a su gente, su madre, su hija, sus parientes, su trabajo en Cuba, no fue fácil de enfrentar. Le animaba sin embargo, “la posibilidad de cooperar para levantar el nivel (de la música en Zacatecas).

Agrega, “yo no me puedo quejar del recibimiento que hubo”. Al poco tiempo de su estancia casó con una zacatecana.

Su llegada “fue para mí una forma de representar  a Cuba en México.  Y yo creo que siempre he tratado de que se vea así”. La ahora Unidad Académica de Artes, antes Escuela de Música de la Universidad Autónoma de Zacatecas, refiere, es una de las mejores de México.

“Y en parte creo que se debe a la contribución nuestra. Creo que no decirlo sería una falsa modestia, tampoco quiero decir que todo depende de nosotros. Pero sí en parte…un poco sí depende del trabajo que han hecho todas las personas que estamos aquí…maestros de otros estados y otras partes del mundo…”

Para Ricardo Justiz el trabajo no es una obligación sino un placer. Recuerda entre sus primeras anécdotas citar a sus alumnos para estudiar un 25 de diciembre, hecho que habría generado cuestionamientos sobre su actuar, “¿cómo qué onda?, ¿qué tú piensas de la vida? ¡para ti lo único que existe es trabajo!”.

“Yo siento que a la mejor para muchas personas que no están haciendo lo que les gusta o hacen lo que les gusta a medias casi es una obligación”.

La meta de este trabajo precisa, es propiciar una relación con los seres humanos, “me siento eternamente joven porque siempre siento estoy con los jóvenes. Últimamente con los niños”, sector al que volvió a atender mediante la docencia.

Esta labor le ha ofrecido satisfacciones. También el trabajo con los padres de familia pues señala todavía existen perjuicios acerca de la música como profesión, se piensa que “el músico es bohemio, es borracho”. Se requiere  apreciarla no como un hobbie sino como una carrera tan digna como cualquier otra.

Respecto de la Camerata Silvestre Revueltas, proyecto en el que también ha querido dejar su huella de trabajo y disciplina, comenta,  en este momento la agrupación solo una audición al año, integrada siempre al programa del Festival Cultural Zacatecas.

“Se creó la Orquesta de Cámara del Estado de Zacatecas yo no estoy en contra. Los violines son alumnos míos o lo han sido. No estoy en contra de que se haga esa orquesta o se hagan más. Lo que sí pienso es que se debería ver la posibilidad de ampliar y valorar 14 años de trabajo.

Me parece triste que se desconozca lo que se ha hecho, que creo que ha sido positivo. Y todos estamos en la función de ayudar y de echar para adelante a Zacatecas. No hay ni ha habido otro objetivo que cooperar con el desarrollo cada vez mayor de la cultura en Zacatecas”.

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