La moneda está en el aire

La moneda  está en el aire

La crisis por la que atraviesa la UAZ es el resultado del proceso de agotamiento del proyecto político-académico de su grupo hegemónico. Por tanto es un proceso de ruptura de las elites dirigentes concomitante a la apertura de un espacio de expresión de inconformidades. Cuando el grupo hegemónico podía imponer la “unidad” incluso la oposición tenía un rol legitimante. La presencia de cinco planillas a la dirigencia del Spauaz se debe interpretar contra ese trasfondo de descomposición de un proyecto hegemónico, y es parte del proceso de su disolución. Esto no significa que las planillas representantes del grupo hegemónico vayan a ser derrotadas -seguramente su influencia corporativa todavía les alcanza para ganar- sino que aún ganando no tienen capacidad de resolver los problemas de los universitarios. Para explicar esto último, la hipótesis que podemos manejar al respecto parte del papel que han jugado los sindicatos desde 2005, cuando finalmente el Spauaz cayó en control del grupo que ocupaba la rectoría. Esa es la cúspide y consolidación de tal grupo; el momento en el que contaba con la capacidad de dirigir e imponer un sentido al hacer universitario. Porque recordemos que, además, se había logrado superar el adeudo de 500 millones con el ISSSTE en 2004. En tales circunstancias no había contrapesos porque el Spauaz, aunque formalmente de intereses opuestos a los de rectoría, se enderezó hacía el rumbo exigido desde el Jardín Juárez debido a que sus dirigencias representaban el mismo proyecto. Ahí comenzó el declive, porque la inexistencia de contrapesos generó irresponsabilidad en la conducción y un ambiente opresivo en el que nada se movía sin la voluntad expresa del centro alrededor del que todo gravitaba: la voluntad del líder supremo encarnada en la figura del rector. El Spauaz ni siquiera se daba por enterado de los problemas de la UAZ porque formalmente no existían; se aceptaba, sin discusión, que los adeudos con el Spauaz estaban pagados a cabalidad en cada convenio posterior al desistimiento de huelga. Finalmente, en 2012, presenciamos asombrados los universitarios la aparición de dos candidatos del mismo grupo hegemónico; evidencia de una ruptura entre facciones. Ganó, como era de esperarse, la facción identificada con la Rectoría. A partir de tal ruptura la dirigencia del Spauaz denunció la deuda, defendió a sus agremiados contra las rescisiones arbitrarias, descubrió que los paros y la huelga son instrumentos para beneficiar a los docentes y que, en suma, sus intereses no se identifican con los de la Rectoría. Con está narración a cuestas podemos identificar que la inexistencia de contrapesos resulta funcional a los intereses de cualquier grupo hegemónico, por lo que en consecuencia se anula la democracia y la crítica con el objetivo de evitar las demandas “excesivas” de los académicos hacia la rectoría. Evitar las demandas excesivas hacia la Rectoría es una doctrina con dos componentes: 1.- La aceptación por parte del Spauaz de la abolición de cláusulas y capítulos enteros del contrato al momento de la firma de los convenios posteriores al desistimiento de huelga, con todo lo que esto implica para los académicos, 2.- La cancelación del Consejo Universitario como instancia superior de decisión, reemplazándolo por la cúpula del grupo hegemónico. En esto concluyó el proyecto del grupo hegemónico: la ausencia de democracia, la ausencia de crítica, la incapacidad por parte de la rectoría de pagar las cuotas de la Seguridad Social y un crecimiento sin planeación financiando de los salarios de los universitarios traducido en deuda al ISSSTE. El escenario de cinco planillas buscando la dirigencia del Spauaz es el resultado de la ruptura de la elite dirigente que ya no pudo imponer la unidad al no lograr recomponer sus facciones en disputa. Esto permitió que muchos otros encontraran conveniente mostrar que ya no existe el control que, retóricamente, las facciones del grupo hegemónico reclaman para sí.

Es claro, entonces, que el grupo hegemónico intenta recomponerse, para volver a detentar el control de la UAZ. Los universitarios ya hemos sufrido ese control, y no es creíble que lograran superar las prácticas que impusieron en el pasado reciente, porque para que esto ocurra deben, primero, hacerse conscientes de sus errores, segundo, tener la voluntad de cambiar.  Ni lo uno ni lo otro pueden hacer, porque hacerlo es reconocer la derrota y el agotamiento de su proyecto. La moneda está en el aire y tiene, como todas las monedas, dos caras: la una representa de dos maneras lo mismo, mientras que en su anverso se presenta, de tres maneras, lo otro. Corresponde a los universitarios dejarse llevar por el fatalismo de lo “mismo”, o correr el riesgo de lo “otro”. ■

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