Un rockcito para todos los roles / Personajes del rol zacatecano

Un rockcito para todos los roles / Personajes del rol zacatecano

Corría el año 1970 y de entre los invitados apareció un personaje acá, delgado, pelo extravagante e indumentaria también algo extraña, como que venía de otras latitudes. Comenzó a conectar cables y a acomodar bocinas y todo el ritual acostumbrado para una buena audición, pues iba a tocar el mejor conjunto de Guadalupe y sus alrededores, The Tick’s, y sus piezas, de carácter sesentero, a veces Ventures o Shadows, o de plano los gustados rocanroles que ponían a girar a los asistentes a la boda del primo. El chavo acá le daba una palmada al pandero, hacía algunos coros y bailaba como los que aparecían en la tele, como poseído, como si la música y el alma estuvieran unidos en un grato y eterno abrazo; Chew le decían.

Con la visita de las mejores bandas del rock nacional a Zacatecas en el periodo del 70 al 72 se dejaron ver infinidad de rockeros que, ahora convertidos en cuasi hippies, estudiaban en la Universidad y organizaban tremendos conciertos donde ya se vislumbraba un cambio en la actitud de los jóvenes; ahora vestían jeans, camisas floreadas o playeras de Los Stones y otros grandes músicos del rol; las chavas, en lugar de vestir, más bien iban desvistiendo cada vez más, eso sí, con su mascada atada a la cabeza, un look que cuando lo desataban dejaba ver un  inmenso mar de libertad, aquélla que tanto tiempo fue anhelada por los soñadores.

Jaime López Espino "Máquina", el baterista de la legendaria banda Mr. Máquina. Foto: ‘Lalo’ López
Jaime López Espino “Máquina”, el baterista de la legendaria banda Mr. Máquina. Foto: ‘Lalo’ López jornada zacatecas

En los subsiguientes años, algunos de esos personajes del rol ya eran músicos y tocaban las rolas más pesadas, aquéllas que la radio ya había congelado, Smoke on the water, Stairway to heaven, Uncle Jam, que siempre fue la preferida de Jaime López, incansable baterista de la recién formada entonces Mr. Máquina, o Nasty sex, que se discutía con todo Nacho Rosales. Al compás de las rolas sicodélicas, las de las bandas de metales y las ya clásicas de Los Doors, Stones y Deep Purple, el chavo acá se debatía entre los movimientos contorsionados y las gesticulaciones que daban la impresión de estar viendo en vivo al mero Jim Morrison; claro, era el Chew, decían.

Amanecer, de Fresnillo, la banda ochentera que tocaba música de vanguardia y el mejor hard rock en español. Disco joya que grabaron en 1986 los hermanos Lozano Aguilera, grandes personajes del rol zacatecano
Amanecer, de Fresnillo, la banda ochentera que tocaba música de vanguardia y el mejor hard rock en español. Disco joya que grabaron en 1986 los hermanos Lozano Aguilera, grandes personajes del rol zacatecano jornada zacatecas

Con la nueva década, se hicieron presentes en Zacatecas nuevas bandas que estaban logrando consolidar un verdadero movimiento de rock nacional, Chac Mool, Hi Fi Orchestra, Newspaper, Real de Catorce, Toncho Pilatos, TNT, Ultimátum, Luzbel y Dug Dug’s, principalmente. En ese tiempo, la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) desplegaba sus banderas de sensibilidad para asociar al rock con las contiendas electorales, para, de esa manera, escuchar en vivo a La Banda Elástica, Fongus, Javier Bátiz o Arturo Meza, y como abridores Mr. Máquina, Amanecer o Euterpe, que eran las agrupaciones que tocaban el mejor rock de aquí, de Zaca, en el tiempo que estuvieron en escena. Estamos a mediados de los ochenta, ochenta y seis concretamente, y el chavo acá se dejaba caer con lo mejor del rock heavy español, y desde la plazuela Goitia hasta El Gallito, se escuchaba el estribillo… “moriré con las botas puestas” o … “maldito sea, maldito sea tu nombre”. Es el Chew, decían. Ese mismo año Euterpe abrió junto a Mr. Máquina a la mejor banda de heavy metal mexicano de todos los tiempos, Luzbel, y presentó algunas piezas de corte progresivo escritas por ella misma; es el Chew el que canta, decían. Unos meses después, en Humanidades, abrió Mr. Máquina a Real de Catorce, donde aparte de interpretar su avasallador set metalero, le llegó al público con unas rolas stonianas, que el chavo acá entregó el alma entera cuando con la agrupación tocaba Honky Tonk women, y los movimientos aquellos del chamán, que estaba transformándose en El Rey Lagarto, se veían venir cuando el vocal de los maquinones se apropiaba del material de Morrison. Es el Chew, decían.

Las nuevas generaciones de músicos estaban gestando un movimiento alternativo y surgieron Four Winds, Twins, Éxtasis, Cactus, Lodo, Sombras Blancas, Séptimo Ángel, Noxious Creed, La Orquídea Polternwinter, Pacal, Ansuz, Ixion, Ángel Nocturno, Postnecrum y una larga fila que el día de hoy convierten la escena estatal en un abanico de propuestas que conforman el circuito zacatecano, metidas sólo en dos tres bares de la ciudad donde les dan oportunidad de tocar por tres chelas como pago a su participación; a unos cuantos les pagan en efectivo y a algunos otros hasta les quieren cobrar por dejarlos tocar en su bar, ¿ingenioso, no?

David Pérez “El Chobby”, otro personaje del rol zacatecano, echando gritos con Mr. Máquina. Foto: ‘Lalo’ López
David Pérez “El Chobby”, otro personaje del rol zacatecano, echando gritos con Mr. Máquina. Foto: ‘Lalo’ López jornada zacatecas
Eduardo ‘Lalo’ López, guitarrista finísimo que formó parte de Mr. Máquina desde 1975; aún sigue activo tocando música versátil. Otro gran personaje del rol zacatecano. Foto: ‘Lalo’ López
Eduardo ‘Lalo’ López, guitarrista finísimo que formó parte de Mr. Máquina desde 1975; aún sigue activo tocando música versátil. Otro gran personaje del rol zacatecano. Foto: ‘Lalo’ López jornada zacatecas

En el rol del rocanrol zacatecano han quedado en el ambiente los recuerdos de esos grandes personajes que sirvieron de guía a algunos de los nuevos músicos y roleros de esta ciudad; cómo no recordar al famoso “Rusty”, que era otro aferrado al rock y cada quincena mercaba un buen de acetatos; a Jaime López y su desmedida pasión por el rock pesado, su disciplina en el deporte y su presencia en la sociedad como uno de tantos seguidores en busca del México democrático, o al “Chobby” y sus artilugios para hacer performance de las rolas de Black Sabbath o AC/ DC cuando tocaba el bajo o el requinto o cuando diseñaba sus propios vestuarios, era un verdadero artista.

En un local situado en El Laberinto, se ubicaba un bar lleno de magia, de hechizo, de chamanes y camaleones que metamorfosearon a través de los años o del alcohol o la presencia de los espíritus de los pirados Jimmies o Janis o Brian en grandes conocedores, seguidores, escritores, músicos e intérpretes de la música que se está convirtiendo en clásica dentro de las generaciones de la era digital. El Gallito Bar era refugio de intelectuales, maestros, escritores, políticos, líderes sindicales, tranzas, pintores, impresores, homosexuales, mariachis, deportistas, albañiles, uniformados y todo género humano; allí se podía convivir plenamente en armonía, mientras no te metieras con los parroquianos asistentes a la fiesta del día. Allí fue donde conocí realmente al chavo acá, de espíritu indomable, de grandes ideales y de una pasión extraña por la música de Los Stones y Los Doors, un real y aferrado personaje del rol zacatecano, José Antonio Chew Fernández,  a quien aún se le recuerda con cariño. También allí nos dimos cita otros personajes del rol, Jorge Salmón Ríos, “El Cara” Ríos, “El Chino” Limones, Cardoso, “El Gallo” Girón, Neto Perales, “El Crazy” Rojas, Arturillo Escobedo, Chucho Reyes, El Rafa Montano, mi compadre Manuel Oliva, Jesús Ortiz Carreón, “El Rusty”, el poeta Enrique Salinas y un servidor, El Local de las Diez, como decía el “Mono” Valadez.

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