Poniatowska: “el narcotráfico es una lápida sobre nuestros hombros”

Poniatowska: “el narcotráfico es una lápida sobre nuestros hombros”

Madrid. Elena Poniatowska inició el último día de su “sueño cervantino” con un desayuno con empresarios, gestores empresariales, periodistas y políticos. Era un escenario inédito para ella, quien nunca había asistido a esos desayunos tan típicos en México y que sirven para las “intrigas políticas” y para conspiraciones. En el Casino de Madrid, arropada por el director de la Real Academia de la Lengua, José Manuel Blecua, la novelista mexicana habló de todo un poco, pero también sobre la lengua que compartimos y que, a pesar de la invasión de los anglicismos y extranjerismos, se va enriqueciendo.

“Todo lo que enriquezca a la lengua no hay que rechazarlo, pero yo sí me alegro de algunas palabras que van a morir. Me refiero a las denigran y son despectivas con la gente, como las palabras naco y naquiza, que, afortunadamente, en México están desapareciendo”, dijo Poniatowska, quien además reiteró su cerrada defensa por la ortografía y por el buen escribir, al reconocer su profundo desacuerdo con Gabriel García Márquez en este aspecto.

La también articulista de La Jornada está viviendo un sueño desde que aterrizó el pasado domingo en Madrid, procedente de México, para recibir el Premio Cervantes y convertirse así en la cuarta mujer en la historia en conseguirlo, después de la filósofa española María Zambrano, la poeta cubana Dulce María Loynaz y la novelista española Ana María Matute.

También su reconocimiento ha servido para prestigiar aún más literatura mexicano, al ser la quinta figura literaria con el Cervantes, después de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol y José Emilio Pacheco; así como el periodismo, la profesión que le permitió descubrir México y encontrar a todos esos personajes que forman parte de su riquísimo crisol literario.

Pero en este desayuno informativa, tradicional en Madrid y que normalmente suele tener un invitado protagonista procedente de la clase política o el sector empresarial, Poniatowska derramó su encanto entre los invitados, que la celebraron con cerrados aplausos y palabras de elogio. Así como con preguntas de lo más variadas; que iban desde su postura sobre la despenalización del aborto, que ella defendió con un argumento tan sencillo como el decir que ella era partidaria de que “la única que debe decidir sobre su cuerpo es la mujer”. O sobre la guerra del narcotráfico y la orgía de sangre y muerte que ha provocado en México, y que ella reconoció que es una lacra que “no hemos logrado superar después de que estallara en los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. Pero el narcotráfico es una lápida sobre nuestros hombros”. O en sus opiniones con respecto a Cuba –cuando contó el momento que vivió en primera persona, que fue la entrada de los guajiros en La Habana tras el triunfo de la Revolución–. O sobre Venezuela y Hugo Chávez, al que definió como un personaje “único en la historia”, que supo hacer el bien a los “más pobres de Venezuela” pero que también creó a su alrededor un sistema que “me asusta”.

Asimismo reiteró su compromiso de que todo su legado se quede en México, a pesar de las ofertas millonarias por comprar su archivo, su biblioteca y sus cartas de prestigiosas universidades de Estados Unidos, como Princeton. “Así se fue el tesoro de Paz y de Fuentes, pero el mío no”, señaló.

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