¿Qué educación queremos?, ¿qué maestros necesitamos?

¿Qué educación queremos?, ¿qué maestros necesitamos?

En términos del Dr. Pablo Latapí S. (qepd), el estado debe ser promotor de la educación, y los maestros responsables de ejercerla; tanto la pomotoría como el ejercicio de la práctica educativa requieren de estrategias diferentes, ello implica que la autonomía tendría que ser el común denominador para que las acciones que se emprendan responsan al proyecto gubernamental y a la visión de una sociedad. De algo debemos estar convencidos, de que las mal llamadas escuelas –en vez de denominarse centros educativos- hoy día no cumplen con su función educadora tal y como debieran hacerlo, lo que se requiere al respecto es que la educación sea un tema que interese tanto a la ciudadanía como al estado.

Las aspiraciones pedagógicas deben responder a las necesidades educativas de una sociedad puesto que no se puede sustraer del hecho educativo al entorno social para que así se pueda dar respuestas adecuadas a situaciones problemáticas concretas. El panorama educativo no es halagador, según datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), 8.5 millones de estudiantes de preescolar, primaria y secundaria que viven en comunidades de alta y muy alta marginación en el país, acuden a 124 mil planteles que enfrentan carencias de infraestructura y equipamiento (La Jornada Nacional; pág. 24. Jueves 09 de mayo de 2013). Esto de suyo es grave, si a ello le agregamos que gran parte de los estudiantes asisten a las “aulas” en condiciones de salud deplorables, los procesos de enseñanza y aprendizaje se ven afectados, no se diga el de desarrollo de competencias.

Todo este estado de cosas son reales; ni ficticias ni inventadas,  es por ello que el planteamiento permanente debe ser el saber qué educación queremos y qué maestros necesitamos, urgente es el que se tomen los acuerdos necesarios y se emprendan las acciones pertinentes para salir de esta crisis educativa y así avanzar hacia un futuro más promisorio. En la medida en que veamos a la educación como una actividad social de suma importancia, se podría hacer mucho en esta materia, se trazarían  y transitaría por nuevos caminos y lo que es mejor, se tomarían decisiones en materia de política educativa menos sesgadas y se emprenderían acciones en el rubro de formación y actualización docente de manera también más exitosas.

¿Qué educación queremos?, primeramente, deberíamos contar con un modelo curricular que realmente centre su atención en aspectos meramente de formación para la vida, que sea más transdisciplinar que interdisciplinar y que priorice a la transversalidad como eje central para el fortalecimiento curricular; una educación que esté centrada en el aprendizaje y que el docente desarrolle su actividad con el alumno y no consigo mismo, dado que, de lo que se trata es que se genere un proceso de diálogo y entendimiento entre los actores del hecho educativo –maestro, alumno, directivo, padre y madre de familia, otros que tengan relación indirecta con el centro educativo-. Queremos una educación que no admita prácticas indebidas y lesivas a la dignidad de los seres humanos que participamos de ella, que sea sólida y realice evaluaciones que sean justas para que, derivado de todo esto, se tomen las mejores decisiones; en aras siempre de favorecer el crecimiento de los individuos y por ende, de la sociedad. En sí, creo que la sociedad está plenamente convencida de que su principal problema es el de la educación, que también está de acuerdo en que esta debe mejorar.

¿Qué maestros necesitamos?, acotaré algo al respecto; la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico tiene a los maestros mexicanos como los de más bajo índice de desempeño, así como tiene a México como el país más pobre dentro de los países más ricos que conforman dicha organización. Por supuesto que esto no debe hacer mella ni en México ni en los mexicanos; tanto nuestros estudiantes como nuestros maestros tienen el mismo potencial cognitivo y las mismas capacidades que los de los países con los mejores índices de desempeño, esto es más que suficiente para lograr resultados similares a los de las naciones que ocupan  actualmente las mejores posiciones en cuanto a rendimiento académico. Tal vez los bajos índices de desempeño obedezcan solo a cuestiones de orden actitudinal tanto de maestros como de alumnos, puesto que el problema del aprendizaje y de construcción de conocimiento  radica más en las estrategias didácticas que se utilizan más que en la capacidad para entender las disciplinas académicas. Toda esta trama que hoy día viven las instituciones educativas no tiene mayor grado de dificultad dado que los maestros que se requieren no son aquellos que más conocimientos manejan sino los que mejor actitud adoptan ante el manejo de los conocimientos que poseen. Para un servidor la actitud es una postura epistemológica dado que, como en el proceso de adquisición de aprendizajes y construcción de conocimiento, se requiere estimular la dimensión afectiva y cognitiva de los sujetos.

En conclusión, sabidos estamos de que las reformas educativas y curriculares deben ser inminentes, ante ello,  la tarea por realizar es compleja y se requieren acciones de grandes magnitudes, ordenadas, sistematizadas y bien encausadas; estas iniciarían con la formación de maestros que llevarán a cabo a su vez la formación de los maestros de todo el país. En dicha formación la prioridad es de que se promueva el diseño y gestión de un modelo curricular centrado en el aprendizaje y basado en el desarrollo de competencias; cierto es que actualmente existe un modelo curricular con esas características, solo que se lo construyeron a los maestros y lo que se requiere ahora es que los maestros lo construyan. Esta tarea no será posible si no se multiplica a los multiplicadores, sería una tarea de larga duración, de una planeación a detalle, de tenacidad, persistencia y paciencia de parte de todos los involucrados en este proceso. ■

 

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