De la necesaria solidaridad

De la necesaria solidaridad

La solidaridad siempre es buena noticia, que se requiera de ella siempre es lamentable. No sólo por la circunstancia que la hace necesaria, sino porque idealmente las cosas deberían solucionarse más allá de la buena voluntad de los seres humanos.

El dramático accidente que provocó severas quemaduras en jóvenes zacatecanos que se encontraban de misiones en San Juan Bautista Cuicatlán Oaxaca, ha despertado numerosos gestos de apoyo que deben ser reconocidos: hoy miércoles 23 de abril a partir de mediodía un grupo de estilistas hará cortes de cabello por cincuenta pesos en el Portal de Rosales esperando con ello reunir dinero para uno de ellos. Por su parte el club Ronin hace colectas a través de alcancías, e incluso ofrecen llevarlas hasta donde esté el posible donante. En Facebook la usuaria Cindy Almaraz llamó a recolectar ropa usada en buen estado para venderla y cooperar con ello a las familias de los afectados, y así muchos esfuerzos más.

Sin embargo, más allá de estos gestos, se esperaría que la asociación Juventud y Familia Misionera de la congregación de los Legionarios de Cristo, a la que pertenecen estos jóvenes, brindara apoyo a estas familias adicional a los 50 mil pesos de seguro médico al que tienen derecho como misioneros al inscribirse y sufragar la cuota de mil pesos por persona, que según la revista Emeequis pagan los aproximadamente 10 mil participantes de las misiones. (Información disponible en disponible en http://www.m-x.com.mx/2013-06-09/la-mafia-financiera-de-los-legionarios-de-cristo-int/ ). Ojalá así suceda.

Dentro de esta desgracia, el sector al que pertenecen, las amistades con las que cuentan, y los vínculos familiares que tienen los jóvenes afectados por este accidente, han ayudado a difundir los números de cuenta1 para que la gente haga donativos económicos, y ha contribuido también a recibir el apoyo del gobierno del estado de Zacatecas, tanto para la atención médica, como para las gestiones frente al gobierno de Oaxaca, lugar donde sucedió la explosión.

No corren con la misma suerte, sin embargo, los cientos de trabajadores cuyas condiciones laborales los obligan a viajar continuamente a lugares inhóspitos, como los maestros rurales, los asesores pedagógicos itinerantes, enfermeras y médicos que atienden rancherías, e incluso trabajadores de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), quienes han sido víctimas constantes de la delincuencia;tanto, que este organismo recibió en 2012 la orden del Instituto Federal de Acceso a la Información (Ifai) para que diera a conocer el número de trabajadores agredidos, el puesto que desempeñaban, la fecha del asalto, el motivo, el lugar, la localidad, municipio y estado donde ocurrió el hecho e indicar si fue ejecutado.

Por otro lado, historias como la de Daniel Ramos Alfaro de 20 años, voluntario del Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) y estudiante de la Universidad Pedagógica Nacional, pasan casi desapercibidas. Daniel desapareció en octubre de 2013 cuando caminaba por una brecha en el municipio de Uruapan Michoacán, luego de impartir clases. El activismo de su familia ha logrado que el caso cobrara algo de visibilidad, sin que hasta ahora se haya traducido en atención gubernamental suficiente como para resolverlo.

Recientemente un grupo de migrantes mutilados emprendieron el viaje desde Honduras hasta la Ciudad de México esperando poder reunirse con Enrique Peña Nieto para explicarle los problemas que se enfrentan en su paso por nuestro país. A pesar de la penosa travesía, sólo lograron ser recibidos por la subsecretaria Paloma Guillén sin que parezca haber resultados de ese encuentro. Este sector de la población también ha encontrado más apoyo entre casas de migrantes como la que dirigía el padre Alejandro Solalinde, o en personas en situación casi tan modesta como la suya, como las patronas, que en cualquier instancia gubernamental.

En todos estos casos la sociedad, se moviliza y atiende lo que los gobiernos frecuentemente miran de lejos. ¡Qué bueno! Comparto el orgullo mexicano de considerar que pertenecemos a un pueblo solidario, capaz de mover escombros para sacar de ellos a quienes queden atrapados en un terremoto, de donar lo poco o mucho que se pueda para que otro tenga algo que comer, o salde una cuenta hospitalaria. Sin embargo, la satisfacción que da saberse en un tejido social que funge de red de protección cuando se requiere, no quita la preocupación porque este apoyo social fuera prácticamente innecesario ante un Estado capaz de garantizar el bienestar más básico que incluya mínimamente el derecho a la salud, a la atención médica accesible de calidad y oportuna, la seguridad, y un amplio etcétera. ■

 

@luciamedinas

 

(Endnotes)

1              Óscar Tostado De La Torre. Banorte: 4915665375900624 a nombre de Claudia de la Torre ibargüengoytia

Emmanuel Lanzguerrero, Banamex 5256 7800 5101 4493 a nombre de Celia Salinas Iñiguez

Diego López Cortés Banamex 5544 9205 0092 8594 a nombre de Maria Elena Cortés Sanchez

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