El sábado de Gloria, tradición distorsionada

El sábado de Gloria, tradición distorsionada
  • Punto y Aparte

Antaño era un día propicio para la diversión, para disfrutar de una fiesta en la que  poco o casi nada importaba si había templete o si en este estarían las próximas figuras políticas aspirantes a ocupar los puestos de elección popular. Era un andar y andar, un caminar alrededor del jardín, escuchar la música de las bandas y observar el rostro alegre de las jerezanas que, en fechas como esta (principalmente en estas) se desprenden desde temprano de sus comunidades ataviadas con sus mejores galas, para ir al encuentro de aquellos amigos que una vez se ausentaron, de aquellos que se fueron a la Unión Americana en busca del sustento para sus familias, en pos de oportunidades que con el tiempo las hicieron realidad y que ahora regresan henchidos de esa mexicanidad que allá no la sienten, que no la tienen ni la practican y que al llegar la fecha del sábado de gloria, inicio de las fiestas jerezanas, quisieran gritar y demostrar a los cuatro vientos, que son mexicanos, que saben gritar y montar a caballo y que se embriagan y pueden hacer “payasada y media” aunque la familia sufra.

Ahora, cuando ya faltan escasas horas para la llegada del día más importante para los habitantes de la tierra de Ramón López Velarde, se pueden ver los preparativos de las corporaciones de seguridad pública para que desde antes, todo esté debidamente vigilado y evitar así el desorden normal de cada año, que es ya prácticamente imposible detener o meter al orden a una turba de cabalgantes urbanos que tratan a toda costa de hacerse notar ante los cientos de asistentes a la céntrica plaza de esa cabecera municipal, de Jerez, primer “pueblo mágico” zacatecano que ha tenido presidentes de varios colores y de niveles y capacidades distintas para gobernar a un pueblo en donde el sabor que “rifa” es el norteño, los dólares pues.

Cada año y desde 1824, año en el que según los que saben da comienzo la feria de primavera. Le toca al sábado de gloria, un día religioso y sagrado para los creyentes cristianos, abrir las festividades profanas con una enorme movilización de jinetes que montan caballos, unos muy finos, otros no tanto y que tratan de vestir el tradicional traje de charro, “ques que pa’ verse bien, pa’ lucir mejor” y buscar la bendición del todopoderoso terrenal y quedar en las listas de listos para los procesos electorales en turno, el partido, la militancia y convicciones ya no importan, se han disminuido y se van, poquito se poco perdiendo, como se pierde el tradicional sabor de las fiestas jerezanas desde la celebración de la misa de gallo y aquellas serenatas y fiestas previas en el vetusto teatro Hinojosa. Ahora, en las calles y en los caballos, es fácil de observar a personajes que le quieren subir al cuaco por el lado izquierdo, o que no tienen ni la menor idea de cómo y de qué manera deben de agarrar las riendas del penco, pero quieren que todo México se entere, quieren a toda costa ocupar al día siguiente los espacios de los diarios locales, porque de ello depende mucho su futuro político y usted que va a andar por aquellas tierras de poetas, literatos, músicos y artistas, de braceros y ciudadanos americanos o residentes, jerezanos legalizados en un país que no es el de ellos, tendrá la gran oportunidad de ver en briosos caballos, propios, prestados o rentados, a políticos de medio pelo que pretenden alcanzar con el simple hecho de acudir a esta fiesta convertida en enorme cantina, el ser tomados en cuenta para precandidaturas a presidencias municipales, a diputaciones locales y federales. Ahí frente al templete gubernamental podrán mirar (pese a las multitudes), a sujetos que al pasar saludarán con respeto, en espera del gesto de aprobación.

¿Nombres? Claro que son muchos los nombres y ustedes los podrán ubicar porque a todo mundo le quieren saludar de mano, aunque se vayan tambaleando al trote del caballo y el sombrero, aún con barbiquejo se les mueva en la cabeza en un constante ir de un lado para el otro, en peligro de ejecutar un rápido descenso desde el lomo del jamelgo.

En fin que la fiesta viene, la fiesta llega y un buen porcentaje  de los muchos que acuden a la cabalgata, saben realmente montar a caballo y saben respetar a las bestias (me refiero a los jamelgos) porque otros, hasta les dan bebidas embriagantes.

Próximos están los cambios en las dirigencias de los partidos políticos y ahí podrá usted mirar a Juan Carlos Lozano Martínez y a José María González Nava en sendos pencos, lo mismo que a Fernando Soto y a Alejandro Tello. .  No vaya a usted a dejar es gran oportunidad de ver a mujeres a caballo, como Judith Guerrero, a la titular de la secretaría de la mujer, de apellido Nañez. No estoy ciertamente seguro, pero Benjamín Medrano sí irá, aunque no acompañado de los hermanos de carne y de clase. Y finalmente los que no van a faltar serán Roy Barragán, Ismael Solís, el procurador  Nahle, Laurita Herrera, una mujer que sí sabe montar a caballo, Rafael Flores, Pancho Escobedo, El flaco Roberto Luévano Ruiz, Pedrito El universitario de León y a lo mejor hasta Luis Enrique Mercado Sánchez y párele de contar.

Una pregunta obligada: ¿qué tanto se deteriora la imagen de Jerez, Pueblo Mágico, con la celebración del sábado de gloria? ■

 

Nos veremos en la próxima entrega…

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