Hacer sentir para modificar conciencias, trabajo de Tomás Mojarro, El Valedor

Hacer sentir para modificar conciencias, trabajo de Tomás Mojarro, El Valedor
  • Su interés es hablarle a la gente y no ser interlocutor del sistema de poder, manifestó
  • En su conferencia La condición humana habló “a aquellos que no tienen temor a estar solos”

“Sentir, no pensar. Otros harán pensar. Llame a los catedráticos de la UNAM que de eso saben, explicar tesis. Perfecto, no les pongo un defecto, pero yo no, yo hago sentir”, dijo acerca del propósito de su conferencia La condición humana, ofrecida este domingo en el Teatro Fernando Calderón y contextualizada en el 28 Festival Cultural Zacatecas 2014, el escritor y periodista nacido en Jalpa, Zacatecas y “ahijado del Distrito Federal”, Tomas Mojarro.

Un poema, un relato corto, una reflexión traída de “el clásico”, “el filósofo”, “el psicólogo”, “el analista”, como gusta citar a los autores universales, es la manera de enriquecer ese sentir que puede “ampliar la vida interior” de las personas y servir de antídoto contra lo que llama “el horror de la mediocridad” en la que dice, se encuentra situada la mayoría de los mexicanos.

Tomás Mojarro, El Valedor, también así conocido, es un hombre cuya forma de hablar produce escalofrío, porque no aparece en su discurso un cinismo cada vez más común en otros decidores.

Todo lo expresa con absoluta convicción. Sin vacilaciones. Las palabras son enfatizadas y puestas con precisión para ofrecer claridad. Ejemplifica, en duda de que su interlocutor entienda lo que expresa con vehemente interés de que no se confunda. No ofrece concesiones, “al pan, pan, y al vino, vino”, surge la frase en algún momento de la entrevista con La Jornada Zacatecas.

Su interés señala, es hablarle a la gente y no ser interlocutor del sistema de poder. Ese, expresa, “hace lo suyo, oprime”.

Esa superestructura está funcionando. Pero lo importante “somos nosotros”, por eso hay que hablar de esa mediocridad que nos tienen hundidos en la falta absoluta de un sentido de la vida, sólo viviendo el día a día, “comiendo, descomiendo, oyendo boleros rancheros y románticos”, expone.

Como “cualquier humano consciente”, expone, trata de avanzar hacia la entelequia “de modo tal que pueda yo amplificar mi vida interior, afinar más la sensibilidad, robustecer más la imaginación y hacer que mi vida tenga un sentido y logre yo tener transcendencia, que mi vida no sea ese tránsito, incoloro, inocuo. De vivir a lo rutinario sin espíritu, sin pensar en nada más que en una inmediatez en donde no se involucra el espíritu en donde se vive muy cerca del animal inteligente”.

De esta manera más que dar una conferencia con datos, cifras estadísticas y gráficos, que no le importan, quiso ayer “tratar de hacer sentir, por lo menos, a una o dos gentes, que terrible es vivir dentro de la mediocridad”.

Y en oposición, referirse “a aquellos seres que no tienen temor a estar solos, vivir lejos de lo que el psicólogo y filósofo llama el rebaño y (Noam) Chomsky el rebaño de los perplejos”.

Seres que logran sin temor de “safarse” de la masa, intentar el tránsito hacia la perfección a través de los valores: la justicia, la verdad, la belleza, la libertad y la paz interior. Necesidades del humano para tener salud mental.

También lo son la vinculación, la identidad y la trascendencia.  Personalmente señala, ha trascendido porque tiene alumnos, “gente que se ha transformado”.

“Y esto no es una presunción ni en ninguno de los dos sentidos. Presunción por una especulación o por una vanidad”.

Recuerda la oportunidad que tuvo de ofrecer un taller de lectura entre los judiciales, torturadores, dice.

“Bueno llegaban al estacionamiento pero aventando el coche y frenando y subían…eran una muestra de la fuerza bruta, llegaban al salón, empezaba yo a leerles algo, vi a muchos de ellos llorar y luego llevaban a sus esposas, a los niños y allí están perfectamente involucrados en lo que estaba yo hablando, calladitos…calladitos…Al rato lo que les leí, el relato, el poema se les olvida claro, pero la vida interior se les amplió…”

Los sentimientos, precisa, es lo que va enriqueciendo y va retirando a la gente de la mediocridad. “Entonces vi a los judiciales, ¡caramba, pues lo que no he visto! en el sentido de que van cambiando y esa es mi certeza de la trascendencia…no es ningún alarde es mi trabajo”.

Todo esto comenta, se circunscribe a las masas pues no es su interés hablar con el sistema de poder ni criticarlo.

“Yo sólo critico aquello en lo que creo: mi amigo, mi amiga, mi hermana, mi esposa, compañera compañero. Haz las cosas bien. El sistema no me importa, él hace lo suyo…allá él como sea…”

Esta solución contra la mediocridad que critica en quienes le importan, la gente, pasa por la autoconstrucción mediante la lectura,  pero también la verdadera organización en células autogestionarias, “las masas creen que llenar el Zócalo es fuerza, es organización…les ha hecho creer el sistema que eso es organización”.

Cuando alguien le dice sobre esta propuesta que “son sueños guajiros, yo les digo se están befando a ustedes porque yo propongo. Si ustedes dicen eso es imposible…están diciendo no somos capaces…ah bueno, sigan como están”.

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