Noticias fulgurantes de una época inolvidable

Noticias fulgurantes de una época inolvidable
  • Historia y poder

Muchas de las ciudades zacatecanas también comparten la historia magnífica que les permitió abrir puertas de todas clases, personajes ilustres, militares aguerridos, músicos inolvidables, poetas de fama mundial, inventores y científicos accesibles al alma popular, pero sobre todo, el singular habitante que construyó con su esfuerzo diario la porción de patria que le dio su domicilio, su estilo de vida, la costumbre centenaria.

Curioso que de 1555 a 1576 uno de los fundadores y descubridores de las poderosas y portentosas minas de Zacatecas, Diego de Ibarra, lograse reproducir más de 30 mil cabezas de ganado vacuno que le dio pujanza a la economía de sus pobladores y el trabajo de las minas.

En su Bosquejo Histórico de Zacatecas, don Elías Amador, tuvo que dejar en claro, que era solo una leyenda y noticia sin ningún fundamento de los antiguos pobladores indígenas zacatecanos que median tres metros. Se refería a los míticos gigantes quinamntin y huextlacame.

Don Elías Amador explica de manera objetiva y apasionada la historia indígena de nuestras tierras, en donde su presencia de más de mil 500 años, dejó en claro que sus vestigios arqueológicos, la presencia azteca en su camino a la ciudad de Tenochtitlán y lo portentoso de sus naciones indígenas con culturas clave y bien definidas, (los ulmecas y xicacalangas) son aún el sustento de su magna obra, que es consultada de forma frecuente, por los estudiosos de la historia.

Las comunidades agrícolas jesuitas en Zacatecas fueron más que un experimento que dejó claro resultados en el bienestar colectivo, eran los efectos de haciendas que beneficiaban con gran cantidad de productos a muy bajo precio, durante 200 años su presencia en Zacatecas fue más que benéfico ya en el plano espiritual, educativo, en la generación de riqueza que despertó simpatía en todas las clases sociales y muy especialmente de la multitudinaria clase menesterosa que esperaban siempre de ellos su respuesta siempre activa y su consulta siempre generosa.

Curioso y aún más entrañable, que muchos dueños de minas y haciendas y comunidades agrarias en nuestro territorio, entregasen el famoso “partido”, es decir, dinero adicional al salario común y ordinario de los trabajadores lo que permitió, que trabajasen con mayor ahínco, hubiese resultados más benéficos en la economía en general y un ambiente de cierta paz y tranquilidad que duró por lo menos casi 200 años.

De 1700 a 1800 fueron denunciados alrededor de 49 sacerdotes que en Zacatecas se excedieron en los preceptos morales que debían inculcar, fueron juzgados por acoso sexual, violación y homosexualidad, pederastia y hasta robo y abuso de ancianas y ancianos que creían en su benevolencia. Muchos fueron desterrados, otros castigados severamente, en ese sentido, el tribunal de la inquisición, quiso ser parejo o aparentar que sus normas eran pares en todas sus circunstancias.

En el afán de tener una vida democrática, justa y equilibrada nuestro Zacatecas de 1890 tenía toda clase de reglamentos que normaban la vida cotidiana: reglamento para prostitutas, mendigos, hospicios, para la policía, para inspectores, para juegos y subastas, corridas de toros, diversiones públicas, casas de empeño y un larguísimo etc., en la cual era muy justa o trataba de serlo en la impartición de la justicia. Las imprentas de Guadalupe, famosas por su trabajo pulcro y profesional, seguido imprimían dichos códigos, reglamentos, leyes, que eran el orgullo republicano que debía acatarse.

Se dice que el indígena Tenamaxtle, tenía la altura de casi dos metros, que sus estudios en las más antiguas escuelas indígenas y españolas, del populoso Tlatelolco, le dieron capacidad oratoria, concordia y arbitraje en asuntos de delicada acción política; protegido y cuidado por las autoridades virreinales zacatecanas, no obstante se rebeló y encabezó un movimiento indígena que atemorizó más de una vez a las más de 300 casas de españoles que nuestra ciudad protegían sus intereses en la explotación fecunda de las minas, la trata de esclavos, el azote a sus ciudadanos.

Fue un día por demás especial el 26 de noviembre de 1919 puesto que esa tarde en punto de la cinco seria fusilado el Gral. Felipe Ángeles a la escasa edad de 47 años, apenas habían transcurrido cinco años de su famosa acción en la Toma de Zacatecas, fue un espléndido maestro de matemáticas, espigado, delgado y alto, tenía la costumbre de ser muy alegre, leal a sus principios, generoso en la batalla, con la costumbre de leer y apuntar todo movimiento, pasó a la historia, por haber defendido el honor militar y la lealtad al presidente Madero, al que vio llorar en su celda por la muerte de su hermano.

En julio de 1907 tenía mucha actividad la Junta Local de Bosques, en su afán de mantener lo relativo a la conservación y repoblamiento de los bosques por la importancia que esto representaba a la riqueza pública, sucede que eran constantemente desaparecidas extensas áreas de frondosidades para el consumo de muebles y leña.

De muchos es sabido que el pueblo zacatecano padecía de una gran cantidad de problemas con sus alcohólicos y mujeres alcohólicas, por lo que en la ciudad de Zacatecas existían alrededor de 30 cantinas que tenían mucha demanda, frecuencia de visitantes y la visita continua de inspectores municipales que multaban porque los mingitorios no eran adecuados, no tenían escupideras, se cobraba y se abusaba de más a los borrachines, nombres de cantinas famosas como El Boliche, La Zacatecana, Salón París, El Triunfo, Mañanitas de Abril, La Leona, Nápoles, Caballo de Bronce, La Metralla, la Revolución, esta última ubicada en plaza Zamora 19 cuyo dueño era José de la Parra con fama de lenón. Afuera de dichas cantinas era común ver a ebrios y ebrias tiradas los cuales eran recogidos por las autoridades municipales  con su respectiva multa, sanción, arresto.

La oligarquía zacatecana del mineral tenía en las minas La Albarrada, San Benito y San Bernabé la posibilidad suprema de convertirse en los hombres más ricos de México para lo cual, tenían que ser disciplinados y generosos con sus capataces para que ,estos a su vez, hicieran rendir a esclavos y demás mineros cuyas expectativas de vida eran muy breves.

En 1552 fueron tales las ganancias que pronto se dio la orden para que se hiciera la Real Caja y que permitió el avance en la economía de la joven ciudad zacatecana.

Hacia 1630 se tenía terminantemente prohibido abandonar la ciudad de Zacatecas cualquier habitante sinotenía el permiso por escrito del Corregidor, ¿los motivos? La escasa mano de obra en las minas. A quien intentase hacerlo y fuera sorprendido se le castigaba con multas y azotes, cual si fueran niños regañados.

Hacia 1633 eran comunes las misas, procesiones y elegías, seguidas por la Cofradía de: las Mujeres Arrepentidas, que intentaban con sus plegarías que no se turbase la tranquilidad de los zacatecanos.

Hacia 1637 todos los sacerdotes que oficiaban en el estado de Zacatecas se unieron a la famosa Hermandad de San Pedro, con el fin de protegerse.

El 9 de junio de 1614 inexplicablemente cayó una lluvia de ceniza, el sol se cubrió por completo que asustaba hasta el más incauto, las casas, calles, la gente cubierta de gran cantidad de cenizas, las cuales rezaban, oraban y se confesaban, con amargo desdén, lo peor de todo, es que no había un volcán activo en esta zona, por lo que pensaban era un castigo del cielo a sus pecados.

En enero de 1818 nuevamente volvió a temblar en la ciudad de Zacatecas lo que motivó al gran susto de casi de todos sus pobladores por lo cual se le pidió a San Nicolás de Tolentino fuese el protector de la ciudad.

Era el enojo de las autoridades virreinales, que tanto indios, esclavos negros, mulatos, lobos y mestizos, trajesen el pelo largo, colguijes en las orejas, pues que eso los afeminaba. De la misma manera ninguna india, esclava o mujeres de la plebe deberían usar vestidos de castilla, joyas en sus cuerpos, so pena de arrebatárselas y dejarlas semidesnudas.

En 1916 nuevamente se hizo un censo y/o registro de mendigos en la ciudad, el cual superaba todos los pronósticos.

Un gran problema de salud pública era los altos índices de sífilis que colapsaban los servicios sanitarios.

Un mes de prisión recibían las prostitutas o meretrices, si a sus lugares donde se ofrecían entrasen menores de edad o hijos de familia.

Nuevamente una hambruna agobiante en la población derivó en muertes masivas en el año de 1785 ante la escasez de maíz y de frijol, las autoridades religiosas conminaban a toda la población a desprenderse lo que poseían en tierra y así abrir las puertas de la vida eterna.

Hacia el año de 1862 eran común las manadas de lobos azules, hambrientos, que asolaban las comunidades de Fresnillo, Jerez, Juchipila y Nochistlán, en busca de víctimas o de alimento. Los habitantes temerosos salían en grupo bien armado con fuego y con machetes en la búsqueda frenética.

Uno de los personajes más importantes en la vida cotidiana de la extracción de plata y oro en las minas zacatecanas era el azoguero, ya que mucho se dependía de su audacia, pericia y experiencia para la extracción oportuna de los metales tan preciados, en la cual tenían que evitar el derrumbe de las minas, la terrible enfermedad de la silicosis, el maltrato de los capataces, la miseria de sus familias.

Hacia 1920 eran famosos los partidos políticos que en Zacatecas propugnaban por elecciones limpias, responsables, equitativas y con una amplia participación ciudadana, es así que el Partido Reconstructor Zacatecano, Partido de la Unión Democrática Zacatecana, Partido Laborista Mexicano y el Partido Voluntad Popular, además el Partido Revolucionario Zacatecano, alentaban una amplia participación ciudadana, incitaba cuidadosamente los ideales de la lucha electoral con cientos de personas elegibles, además de representantes en casillas y ante las autoridades electorales; famosos Jesús M. Reza, Juan Delgado, Alberto Macías y Jerónimo Ramírez, quienes daban conferencias de prensa y hacían mítines.

En el Reglamento para la Matanza de Cerdos de la Asamblea Zacatecana de 1895, se especificaba con claridad de la limpieza que deberían de tener los matanceros, que la carne, chicharrones y pieles no durase más de doce horas en época de calor y 24 en ´época de frío, a fin de evitar los malos olores y otras vicisitudes, además el municipio tenía la obligación de proporcionar un cuarto en el que el dueño del animal o los animales pudiera descansar mientras se suscitaba la tarea del sacrificio.

Gran conmoción causó el 14 de noviembre de 1900 que el demente Patricio Gallegos saliera armado con una pistola amedrentando a la gente, el cual fue detenido oportunamente por los policías municipales.

El 21 de julio de 1704 fue condenado a muerte por el delito de bestialidad el negro esclavo Juan Thomas.

También fue condenada Ángela Benítez quien mató a su esposo Telésforo Castañeda de una pedrada.

Los sacerdotes jesuitas lo entendieron con toda claridad: tenían que aprender de las variadas lenguas de las naciones indígenas que cohabitaban el territorio zacatecano, que eran el náhuatl, cacama, huichol, tlapaneco, entre otros y en los cuales en sus propias lenguas les enseñaban el padre nuestro, muy variados cánticos y poesías y hasta obras de teatro que eran motivo de evangelización y cohesión en la formación de pueblos.

Uno de los generales que fungieron como los estrategas militares en la Toma de Zacatecas y la defensa de la ciudad y de los ideales pueriles de Victoriano Huerta, es decir, Antonio Olea, se dice que “quiso matar a su propio hijo porque le levantó la voz” errando su tiro en una tinaja; el ambiente era hostil entre las tropas huertistas, quienes solapaban, ante la ausencia de estímulos concretos monetarios, que ricos comerciantes de la ciudad les proporcionasen bebidas, mujeres y marihuana.

En los tres días cruciales que duró la Batalla de la Toma de Zacatecas, se supone que ambos bandos, según nos dicen las estadísticas, fueron detonados alrededor de diez millones de cartuchos entre ambos bandos.

Entre el fácil entusiasmo y bajo los escombros de la anécdota, el Gral. revolucionario Enrique Estrada finalmente fue gobernador hacia 1920 de su estado natal Zacatecas. Habían pasado las vicisitudes de la guerra cuerpo a cuerpo, del sufrimiento a la hora de matar al semejante, de traiciones, pachangas pírricas en donde había la vanagloria y la condecoración de estrellas mientras el pueblo seguía sufriendo de hambre, frío y enfermedades.

El poeta Ramón López Velarde fue sin lugar a dudas, desde su temprana edad, hijo predilecto del pueblo zacatecano, que le dio las armas necesarias para ser un poeta de los mejores del mundo, abogado frenético, juez justo y ejemplar, articulista en diarios de San Luis Potosí, Guadalajara y la Ciudad de México, dramaturgo, galán, lúcido orador, sacó del bote, en una defensa genuina e histórica al gran Francisco I. Madero, de la tenebrosa penitenciaría del estado potosino.

Era por demás curiosa la figura del gran pintor Francisco Goytia ya que siempre andaba desalineado, se bañaba una vez al mes a veces, hasta descalzo andaba aun cuando muchos de sus cuadros eran bien pagados por  coleccionistas de Estados Unidos y de Europa; en plena época de la Revolución y Toma de Zacatecas, se dice mandaba poner nuevamente cadáveres de campesinos que habían sido colgados en árboles y postes de telégrafos y así poder pintar detenidamente los rasgos de tan tenebrosa escena.

Quien no escapa tampoco a la fama, a los escándalos y sus múltiples viajes por el mundo, lo es el pintor Pedro Coronel, cuya colección ahora exhibida ante el público es una de las mejores de México y del Continente, pues se exhiben piezas de los más remotos lugares del mundo, así como la autoría de sus cuadros, de amplía calidad y espectro solidario.

El beato zacatecano San Mateo Correa, se ganó en justicia fuese beatificado por el entonces papa Juan Pablo II, debido a su heroísmo, su devoción cristiana, su apego a los humildes, era una época de duras circunstancias para todos, más para los miembros de una iglesia que prometía acción evangelizadora y solidaridad con la clase siempre desprotegida, de los más pobres entre los pobres.

De las prevenciones que debían observarse por el personal del cuerpo de gendarmes en el ejercicio de su cargo en el año de 1886 destacan, primero, que deberían de aprenderse de memoria más de cien artículos que obligadamente y sin tapujos deberían prevenir, alentar o disminuir. Una de ellas el artículo 26 decía que “en los coches de alquiler en la noche, se prohíba se introduzca cadáveres, dinero o muebles de transporte, que los conductores, porten licencia, anuncios de tarifas y que no anden embriagados.”

Veintiún mujeres y cuarenta y cuatro hombres, estuvieron muy temprano en la mañana del 21 de diciembre de 1904, en el famoso departamento del gabinete antirrábico, para su tratamiento, esto es, o la duda o la certeza de haber contraído tan temeroso mal.

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