Salud: servicios que niegan el derecho

Salud: servicios que niegan el derecho

El 40 por ciento de la población en México está fuera del sistema de Seguridad Social, no obstante que su presupuesto ha venido aumentando desde 2004, vía Ramo 33 (que ya rebasó el tope de los 90 mil millones de pesos) y Ramo 12 a los cuales se les dedica 15 por ciento del gasto. Se ha ensanchado el presupuesto del llamado ‘seguro popular’ con el propósito de incrementar la cobertura, lo que se ha conseguido pero, lamentablemente, la  atención que ofrece es de muy mala calidad y están excluidos los servicios más caros de la atención. Y la pregunta que surge es, ¿cómo es que habiendo aumentado los presupuestos en salud a partir de 2004 (por la creación del Seguro Popular en 2003) con la expectativa de la cobertura universal, los problemas de salud siguen en aumento al grado que hay emergencias estructurales como las que genera la obesidad (que pueden llegar a ser impagables)?

La preservación de la salud no se consigue en hospitales, por el contrario, las personas concurren a ellos cuando la han perdido. Los gobiernos locales deberían proponerse la preservación de la salud, que no es un asunto médico-hospitalario sino que tiene que ver con la consecución de equilibrios socioambientales donde viven las personas. Es curioso que la mejor forma de afrontar la problemática de salud es la preventiva, que es más barata, e implica estrategias sociales, pero que no se impulsa, asignándole presupuestos verdaderamente ridículos.

Contra el sentido común, el cuidado de sí mismo no es algo espontáneo, sino algo que hay que cultivar, con medidas cuyo cultivo es responsabilidad común; es decir, debe ser una meta de las políticas públicas. Y justamente eso es lo pueden hacer con mucha eficacia los gobiernos locales en materia de salud. Medidas que impactan de manera determinante en la calidad de vida de la población y en la reducción de gastos hospitalarios. Es decir, si lo vemos por el ángulo del gasto, la inversión en cuidado de la salud es una ‘inversión negativa’, porque lo que se invierta en ese renglón se ahorrará, con ganancias, en los renglones curativos: inversión que se convierte en ahorro. Amén del incremento en la calidad de vida de cada uno de nosotros que con ello se consigue.

La salud es un derecho social, y en términos de cobertura pareciera que hemos alcanzado la respuesta a este derecho; sin embargo, la calidad de los programas tanto de atención curativa como preventiva, hace que el ingreso a un sistema de salud no signifique el ingreso al derecho a la misma. En la salud pasa algo muy parecido a la educación: entrar a la escuela no significa entrar al conocimiento. Por ello, lo derechos sociales pueden resultar negados por causa de la mala calidad de su gestión.

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