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Reciente, la literatura dirigida al público infantil, en la cultura occidental: Campech

Reciente, la literatura dirigida al público infantil, en la cultura occidental: Campech

■ Celebran el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil; rinden honor a Christian Andersen

■ Mansour, Malpica, Brozón, entre los autores mexicanos más actuales de este género, dice

En la cultura occidental la literatura dirigida exclusivamente a niños tiene sus orígenes en el siglo 18. El primer libro que tuvo esa orientación fue Aventuras de Telémaco, de Francois Fénelon. En México, la historia del libro infantil es todavía más reciente, los años 80 del siglo pasado.

Cuando en Europa se inauguraba el género, en el país se buscaba apenas un proyecto de nación, por ello “es complicado” que comparemos las tradiciones letradas y de lectura, pues hay un desfasamiento histórico, señala Eduardo Campech Miranda, encargado del Departamento de Fomento a la Lectura del Centro Bibliotecario Mauricio Magdaleno con motivo de celebración este 2 de abril del Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, que hace honor a Hans Christian Andersen.

En breve recuento señala que en el siglo 18 se aparejaron iniciativas de rescate de las tradiciones orales de los pueblos europeos que encabezaron fundamentalmente los hermanos Grimm para Alemania; Charles Perrault, en Francia y Afanasiev, en Rusia. Sin embargo, cuentos ahora considerados clásicos para niños, no estaban destinados originalmente para este público e incluso, apunta para configurar un marco socio-histórico, el concepto de infancia como tal no existía, “los niños eran adultos chiquitos”.

“Vemos en la versión de Perrault de Caperucita Roja que el lobo le dice a la niña: quítate la ropa y acuéstate junto a mí…cual cura del siglo 21 (bromea)”. El final de la madrastra de Blanca Nieves en la versión de los hermanos Grimm, presenta un castigo sangriento. La antagónica es introducida en un barril traspasado por clavos que luego se hace rodar cuesta abajo.

“No perdamos de vista que en la época no se pensaba en la infancia. Los niños se apropiaron de estas historias. Y comienza los que denominan como cuentos de hadas”. Paradójicamente, comenta, una de las críticas de este género, la autora de La Bella y la Bestia, pasó a la historia justo con esta historia que se inscribe en él.

Juan Jacobo Rousseau tampoco recomendaba el que los niños leyeran cuentos de hadas sino obras como el Robinson Crusoe, de Daniel Defoe. “Hay que pensar en el marco socio histórico. A los niños habría que darles a leer Robinson Crusoe porque era el símbolo de la civilización, del progreso, del dominio del hombre y la naturaleza…”.

Estamos en la época de la Ilustración, advierte. Luego vendría toda una época de grandes exploraciones. Todo esto es el momento simiente de las ciencias.

El impacto que tuvo la obra de Defoe generó una escuela que se conoce como robinsonadas. Aparecen, señala, “un montón de Robinsones y Robinsonas…Julio Verne tiene una novelita que se llama Escuela de Robinsones dentro de toda esta tradición”.

Toda esta literatura, advierte, tiene fines didácticos. Y es también la que produce el vínculo de los niños a lecturas como las fábulas de autores como La Fontaine, Esopo y Samaniego. Esta orientación trasciende a nuestros días, refiere, todavía sucede que a los escolares les dejen leer alguna obra y luego les pregunten, “¿qué aprendiste?”.

En México esta herencia didáctica dirigida a la literatura para niños todavía se hace evidente en los primeros tiempos de su promoción, los años 80, durante el sexenio de López Portillo. Momento en que se establece el Día del Libro, 12 de noviembre y se lanzan las primeras convocatorias para la escritura y edición de libros infantiles.

Entre los contados autores que han construido una trayectoria dentro de la literatura infantil mexicana trae a colación a Francisco Hinojosa, su novela A golpe de calcetín fue editada primero por Novaro, luego tuvo reediciones en la SEP y el Fondo de Cultura Económica (FCE).

Ha habido sin duda, comenta, antecedentes de libros dedicados a los infantes como Las lecturas para niños que publicó José Vasconcelos, editado alrededor de 1925. Una compilación de fragmentos de obras de la literatura universal. Y existen autores como María Enriqueta Camarillo en el periodo del Porfiriato que aportó Rosas de la infancia, entre otros, pero éstos tienen como interés más que el generar lectores, la alfabetización, apunta.

“Esos libros de los años 80 todavía tienen cierta parte didáctica y aquí es donde entra la Biblioteca Pública Mauricio Magdaleno. Si hay un acervo infantil que nos permita conocer los inicios de la literatura infantil en México, ése es el acervo infantil de la Mauricio Magdaleno, muchos de los libros son de esa época”.

Son originalmente, comenta, publicaciones argentinas o españolas de editoriales como Austral o Espasa Calpe.  Luego vino Océano, esta última propuso un premio que tiene que ver con la inauguración de la Feria del Libro Infantil y Juvenil en México, cuya sede original era el Auditorio Nacional.

“Era un esfuerzo gubernamental por generar la producción de libros infantiles. Y creo que sin temor a equivocarme que  la literatura infantil en México tuvo un parteaguas cuando Daniel Goldin asume en el Fondo de Cultura Económica esta tarea con la inauguración de la colección A la Orilla del Viento, entre mediados y finales de los 80”.

“Sin duda la obra más vendida y leída por la niñez mexicana, al menos por dos generaciones, es La peor señora del mundo, de Francisco Hinojosa”.

Hubo en su presentación, en 1990, intentos de censura. Un sector ultraconservador la consideraba un texto peligroso. ¿Cómo era posible que existiera una mujer tan fea?… y se le iba a atacar a la mujer en una sociedad de por sí machista…no se entendía esa parte lúdica”.

Aparece también una literatura infantil y juvenil crítica, como un antecedente en el contexto mundial, cita, El oso que no lo era, una obra que rescata la preocupación ambientalista por el planeta.

Autores como Ricardo Chávez Castañeda en México, empiezan a tocar temas tabú. Este autor en La Valla aborda el acoso y abuso sexuales al interior de la familia. “Es un tema duro pero como psicólogo supo manejarlo”.

Pascuala Corona, pseudónimo de Teresa Castelló Iturbe, hizo en México un trabajo similar que el de los Grimm, Perrault y Afanasiev, “se dedicó a recorrer el país y recuperar la tradición oral”. “Es padrísimo porque es una mezcla de un reino donde está el castillo, la princesa, los nopales y los magueyes”.

La autora es poco conocida pero, señala, aportó muchísimo. Tomó el nombre de su nana, de quien escuchó los primeros cuentos. Entre los autores mexicanos recientes que proponen tópicos y razones de lectura diferentes se encuentra Mónica Mansour, Toño Malpica, Mónica Brozón, ésta ha abordado además de temas históricos y de literatura fantástica, otros como la anorexia o Federico Navarrete, quien ha escrito novela histórica para niños. Obras como La niña del canal o Un pacto con el diablo introducen al lector al tema de las drogas.

Quedarán fuera de este registro nacional e internacional muchos autores y obras, señala Eduardo Campech. Algunos que han ayudado a romper mitos, como la aparición de Harry Potter, que dejó de lado la creencia de que los niños no leían obras extensas. Y que actualmente refrenda la autora alemana Cornelia Funke, cuyos libros se componen de hasta 700 páginas, mismas que no desalientan a sus lectores.

La Biblioteca Mauricio Magdaleno cuenta con una acervo reciente de 300 títulos infantiles y juveniles actualizados. Y en el Centro de Lectura Amparo Dávila que se encuentra en el Instituto Zacatecano de Cultura, 90 por ciento del fondo editorial se destina a niños de cero a 12 años de edad.

Este 2 de abril a las 11 horas en la Sala infantil de la Biblioteca Mauricio Magdaleno se abordará  en el ciclo Cómo leer…, el tema los libros álbum, volúmenes de gran formato, extensas ilustraciones y textos cortos. Y posteriormente a las 18 horas se exhibirá El increíble castillo vagabundo, película japonesa de dibujos animados basada en la novela de la inglesa Diana Wayne.

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