Los intelectuales y el poder

Los intelectuales  y el poder

“Menos Paz y más Revueltas” leí por ahí en el aniversario número cien del natalicio de Octavio Paz, escritor mexicano de indiscutibles méritos literarios cuya relación con el poder, se ha convertido en el flanco más apetecible para sus detractores.

Hijo de un abogado zapatista, a nadie sorprendía su cercanía con la izquierda en los primeros años de su existencia. Era la época de la defensa de la república española, y de la resistencia contra el fascismo.

Sin embargo para la cuarta y quinta década del siglo, Paz observa una izquierda mexicana y latinoamericana que en palabras de Carlos Monsiváis está “atenida en sus débiles y lejanas instancias de poder al ejercicio melodramático de la autoridad moral, arrinconada por la represión y la Guerra Fría, generosa y mezquina en su combinación de protesta valerosa y dogma, la izquierda reconocible se divide entre el Partido Comunista Mexicano y los sectores del nacionalismo revolucionario, absortos en negar su fracaso (…). La izquierda apenas lee, doblegada por el prejuicio o por algo pavoroso: la revisión ocasional de literatura soviética y la entrega a la verbomanía.” 1

Empezaba la distancia, pero a paso lento. Octavio Paz se entera de la masacre del 2 de octubre de 1968, siendo embajador de México en la India; renuncia a su cargo y escribe un poema:

La vergüenza es ira

Vuelta contra uno mismo:

si una nación entera se avergüenza

es león que se agazapa

para saltar.

A partir de los años setenta la bandera es la democracia. Pero siempre es más fácil hablar de los bueyes de mi compadre, porque la Unión Soviética es el centro de atención. Vargas Llosa se lo dice a la cara y en televisión nacional en septiembre de 1990: “Al describir el caso de México tengo la impresión de que (Paz) ha exonerado a México de lo que ha sido la tradición dictatorial latinoamericana (…)  Yo no creo que se pueda exonerar a México de esa tradición de dictaduras latinoamericanas. Creo que el caso de México (…) encaja dentro de esa tradición con un matiz que es más bien el de un agravante (…) México es la dictadura perfecta, la dictadura perfecta no es el comunismo, no es la Unión Soviética, no es Fidel Castro, es México. Porque es la dictadura camuflada de tal modo que puede parecer no ser una dictadura, pero tiene de hecho, si uno escarba, todas las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido, un partido que es inamovible, un partido que concede suficiente espacio para la crítica en la medida en que esa crítica le sirva porque confirma que es un partido democrático. Pero que suprime, por todos los medios, incluso los peores, aquella crítica que de alguna manera pone en peligro su permanencia. Una dictadura que además ha creado una retórica que lo justifica, una retórica de izquierda. Para la cual, a lo largo de su historia reclutó muy eficientemente a los intelectuales, a la inteligencia. No creo que haya en América Latina ningún caso de sistema de dictadura que haya reclutado tan eficientemente al medio intelectual sobornándolo de una manera muy sutil a través de trabajo, de nombramientos, a través de cargos públicos. Sin exigirle una duración sistemática como hacen los dictadores vulgares. Por el contrario, pidiéndole más bien una actitud crítica, porque esa era la mejor manera de garantizar la permanencia de ese partido en el poder”. 2

Paz sudaba frío, visiblemente incómodo, esbozó que el tema de conversación eran las dictaduras militares. Acorralado, lo más que reconoció que es vivíamos una “dominación hegemónica de un partido”.

Al mes siguiente se anunciaba el Premio Nobel de Literatura para Octavio Paz; era el año 1990.

Paz desde la embajada, el dinero y los honores, José Revueltas (a quien la frase inicial dibuja como su antítesis) desde la cárcel y las marchas, tienen en común cuando menos haber tomado una posición. Ninguno de ellos argumentaba ni “el arte por el arte”, ni la condición trágica del mundo como subterfugio para evitar posicionamientos políticos a pesar de las grandes injusticias sociales de las que somos testigos.

Frente al saqueo de las riquezas nacionales, la discriminación contra las minorías, o el embate contra los derechos de los trabajadores, muchos intelectuales y artistas se niegan a decir “esta boca es mía”; probablemente algunos en una actitud coherente con esa concepción del arte y de la vida. Para otros tantos es la manera más sutil de evitar incomodar y arriesgar así sus cargos en la burocracia cultural, o los apoyos gubernamentales a sus organizaciones, exposiciones, eventos y premios. Sería su legítimo derecho de elegir entre aparecer en las nóminas y los libros historia, si no fuera porque, al menos desde mi perspectiva, el privilegio de haber accedido a educación y oportunidades conlleva el deber ético de buscar lo mismo para los demás. ■

 

(Endnotes)

1              Monsivais, Carlos (abril 1999) “Octavio Paz y la izquierda” en Letras Libres. Disponible en http://www.letraslibres.com/revista/convivio/octavio-paz-y-la-izquierda

 

2                Disponible en http://aristeguinoticias.com/3103/mexico/video-el-pri-la-dictadura-perfecta-vargas-llosa-ante-paz-en-1990/

 

@luciamedinas

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