José Guerra, propietario de El Retiro, una de las cantinas más antiguas de la entidad

José Guerra, propietario de El Retiro, una de las cantinas más antiguas de la entidad

■ Desde hace 50 años es el quinto dueño del lugar; se fundó desde el año de 1880, señala

■ Es el sitio donde Juana Gallo acostumbraba tomar mezcal, que se traía de La Pendencia

José Guerra Jacobo es el quinto propietario de la cantina El Retiro, la cual fue fundada en 1880, y lugar donde Juana Gallo acostumbraba tomar mezcal. La adquirió, dijo, por 25 mil pesos en 1951, agregando que en esa época se acostumbraba tomar ponches de alcohol de 96 grados, mezcal y tequila. Las cantinas abrían las 24 horas y sólo cerraban un día al año, que era el Viernes Santo, durante Semana Santa.

“Se tomaban litros y litros de ponche. Se servían en latas de cuatro hojas y se vendían a 20 centavos; eran de 96 grados de alcohol limpiecito. El mezcal, que no se diga, lo traíamos de la Pendencia, pero se tomaba poca cerveza”, dijo José.

Otra bebida que recuerda era una mezcla de estafiate con mezcal, el cual también se le daba a los niños para desparasitarlos. Esta bebida se podía elaborar de mezcal con canela, y era una de las preferidas de la clientela, aunque él no las preparaba, pues no le gustaba estar en la barra.

Señaló que en esa época, las cantinas eran lugares muy concurridos, pues en aquel entonces las únicas opciones de distraerse para los zacatecanos eran el cine, los billares y las cantinas, y en estos lugares se podía socializar.

Dice que había como 50 cantinas en ese entonces, entre ellas La Oficina, La Casa Verde, Mi Capricho, El Paraíso, El Club Verde, Las Campanas (en el Callejón de las Campanas), La Bohemia, Mi Último Cartucho, La Lonja, las Cuatro Esquinas, entre otras.

“Todas jalaban, y todas estaban llenas; no había a dónde ir. Recuerdo que a Las Campanas acudía el obispo que oficiaba misa en aquel entonces en la Catedral; no había otra distracción para la gente”.

En aquellos años, de forma estricta, se impedía el paso a las cantinas a mujeres, niños y militares, así como a cualquier uniformado, tradición que con el paso de los años se perdió, pues ahora se permite la entrada a las mujeres, añadió.

P13 cantina, foto 2

A la cantina llegaban vecinos de las primeras colonias del centro como Mexicapan y El Vergel, así como los llamados barreteros que trabajaban en las minas, quienes bailaban en piso de tierra la música de viento que se escuchaba a través de una sinfonola, agregó.

Aunque con el calor de las copas no faltaban las discusiones entre los clientes, y vienes protagonizaban peleas. Sin embargo, los duelos eran a mano limpia, y nunca hubo un muerto en su cantina, dice orgulloso, pues no se permitía el uso de armas.

“Aquí fue la guarida de Juana Gallo, que era una mujer amable, aunque tenía su carácter, y supe que antes de que yo tomara la cantina, vino Pánfilo Natera, eso dicen. Algunos políticos también; otro cliente era un artista a quien le llamaban El Panzón Soto, que siempre invitaba a un quinteto de músicos. Tocó aquí un trío de músicos que compitió con el Trío los Calaveras donde estaba Raúl Sáenz y Jesús El Campesino, que tocaban en la W”, manifestó José.

P13 cantina, foto 3

Lamenta que actualmente se haya perdido la tradición de acudir a las cantinas a tomar una buena bebida preparada, pues se puede hacer conduciendo en automóvil, en la calle, en callejoneadas o en lugares como la Alameda.

Además, expuso, con el paso del tiempo ha desaparecido la mayoría de las cantinas en el Centro Histórico; algunas de las que existían han cambiado y se convirtieron en bares unisex o restaurantes.

“No existe una verdadera cantina que se pueda ofrecer a los turistas. Se ha degenerado este oficio; incluso, hace algunos años se tomó la Alameda como una pequeña zona de tolerancia, donde se permitía beber en los autos. Todo gracias al influyentismo”, comentó el cantinero.

El Retiro ha tenido varias modificaciones, pues en un inicio la barra era de madera y tenía un tubo de metal en la parte posterior para apoyar los pies, un pequeño mingitorio y bancas de madera.

Actualmente, sólo queda la caja registradora que se utilizaba hace más de 60 años, unos sillones y la sobre-barra, la cual es de madera. José manifestó que no se pusieron fotos de mujeres ni de políticos, y en su lugar, se colocaron fotografías de las calles antiguas de Zacatecas.

P13 cantina, foto 4

Nunca estuvo detrás de la barra, sentenció, aunque siempre vivía al pendiente de lo que ocurría en su cantina. Recuerda que tuvo tres empleados que trabajaron con él mucho tiempo, Ventura Trejo, Miguel Robles y Jesús Martínez.

“Esos muchachos me ayudaban, pero a la vez no, porque como quien dice trabajaban de a gratis, pues en aquel tiempo se les pagaba sólo 5 centavos por 24 horas trabajadas, y juntaban como 28 pesos para el chivo nada más”, mencionó el propietario.

Por otro lado, dijo que él se dedicó a otras ocupaciones como la agricultura y la construcción, y no quiso que sus hijos atendieran la cantina.

Orgulloso, señaló que en los últimos años es frecuente la visita de turistas a la cantina, quienes buscan un lugar tradicional donde puedan tomar un buen whisky, un buen tequila, un ron, o los clásicos vampiros.

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