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El teatro permite dejar abajo del escenario la discapacidad, señala directora de Cuerpos libres

El teatro permite dejar abajo del escenario la  discapacidad, señala directora de Cuerpos libres

■ El grupo de actores con capacidades diferentes pone en escena la obra El Pájaro del Alma

“Resulta que cuando los chicos se suben al escenario la discapacidad se esfuma. Se va. Deja de existir.  En ese momento la gente reconoce y aplaude su capacidad, no su discapacidad. Y creo que los muchachos han aprendido eso”, habla Olivia Valle, directora fundadora del grupo Cuerpos libres, acerca de su cuadro de actores, jóvenes con capacidades diferentes de entre 17 y 30 años, quienes se insertan en un trabajo de producción y formación teatral que tuvo su más reciente experiencia con la puesta en escena de una adaptación del cuento de Mijal Snunit, El Pájaro del Alma.

Esta obra tuvo 15 representaciones, entre ellas algunas realizadas en el Cerereso de Cieneguillas en sus áreas femenil y varonil. Entre lo destacable de este proyecto es que “¡fue extraordinario, porque fue un contrato (por parte del Instituto Zacatecano de Cultura) y hubo pago…!”. Que significa un reconocimiento al esfuerzo y dedicación al trabajo de los integrantes de su grupo.

La labor de Olivia Valle con este sector de la población inició en los años 90. Como antecedente se encuentra su formación durante cinco años en el  Laboratorio de Investigaciones Teatrales de la UAZ (Lituaz), dirigido por Antonio Rocamontes. Y como docente de nivel preescolar.

En 1993, recuerda, se incorporó el concepto de integración de las personas con alguna discapacidad a las escuelas regulares.

Olivia Valle recuerda gratamente sus inicios en el teatro. Al interior del Lituaz su educación teatral y su participación en obras como Cementerio de automóviles, de Fernando Arrabal y  El Juglarón.

A la par, dice,  se realizaban desfiles que anunciaban el inicio del Festival Cultural Zacatecas, evento entonces denominado Semana Cultural, en los que participaban jóvenes teatreros, algunos de los cuales hacían trabajo por su cuenta o a la par en el Lituaz.

Su labor en la integración de personas con capacidades diferentes a la disciplina del teatro, proyecto que fue perfilándose como un medio terapéutico fue construyéndose poco a poco.

Su trabajo era cuestionado “¿Qué vas a hacer?, ¿De veras es funcional?, ¿Esto va a dar frutos?”, recuerda. Sí era funcional, asevera. Así inició un proyecto de teatro para jóvenes con discapacidad. A él empezaron a llegar algunos con grados severos de ella.

“Pensaba hacer un grupo de formación y producción teatral.  No era mi objetivo pero empecé a tener un taller de teatro pero un teatro de sensibilización terapéutico…yo no me daba cuenta pero sin embargo se fue dando…”.

De esta manera en 1998 surgió la necesidad de estudiar y prepararse en temas como el arte terapéutico, desarrollo humano, acompañamiento de enfermos, entretenimiento en hospitales.

Olivia Valle se apoyó también en técnicas del teatro Butho japonés. Un estilo casi ritual que atiende a la corporalidad y cuyos ejercicios implican la concientización del proceso de movimiento corporal realizado con extrema lentitud.

Otra vena fueron los denominados “sensoramas”,  que se sustentan en la experiencia sensible de los sentidos y que trabajó conjuntamente con Manolo Leaños, que en su caso después por las propias necesidades de aplicación se transformaría en “teatro sensibilizador terapéutico”.

No se trataba ya de representar un personaje sino de generar herramientas para que los niños y jóvenes se habilitaran progresivamente para muchas actividades.

Contratada por el IZC, y vinculada al proyecto Alas y raíces de Conaculta, se enfrentaba al problema de la falta de espacios para realizar su trabajo. Las instalaciones del instituto habían sido ocupadas por oficinas.

Comenzó una itinerancia por diferentes espacios para realizarlo, entre ellos baños y bodegas.  “Me mandaban del Instituto: vaya a buscar instituciones de beneficencia para que la apoyen”.

Entre 2005 y 2006 inició el estudio de las leyes relativas a la discapacidad y los derechos de las personas que la padecen al arte y la cultura.

“Y me doy cuenta que entonces que salen las leyes…y son letra muerta…luego es un escrito más que se hace y hasta ahí”. Con la ley en la mano inicio una serie de protestas frente a la Legislatura del estado, solicitando un espacio digno para realizar su labor y se visibilizara la importancia de ésta.

 

Además daba algunas clases mientras se exponían pancartas con leyendas como “El arte y la discapacidad valen”, “Exigimos talleres artísticos para personas con discapacidad”. E hizo llegar sendas cartas a la gobernadora, Amalia García Medina; el director del IZC, David Eduardo Rivera Salinas, y la titular de la Comisión Estatal para las Personas con Discapacidad, Claudia Anaya.

 

Se incorporó entonces a la Biblioteca Mauricio Magdaleno en el proyecto Salas de lectura, dirigido al público infantil. En este lugar a la postre reiniciaría su trabajo con los jóvenes con discapacidad, mismo que ha cumplido cinco años de trayectoria ininterrumpida y dos montajes, La aventuras de Don Quijote y El Pájaro del Alma.

 

En este momento prepara una adaptación de La Pared,  sustentada en la obra musical del grupo inglés Pink Floyd. Y proyecta la puesta en marcha del Centro Cultural Arte y Discapacidad mediante el cual pretende hacer accesibles las disciplinas artísticas para los jóvenes y niños con discapacidad.

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