Alma, la primera conductora de transporte urbano; enfrenta el machismo a diario, dice

Alma, la primera conductora de transporte  urbano; enfrenta el machismo a diario, dice

■ Acudió a capacitaciones de la DTTyV, donde aprobó a 100 por ciento las pruebas aplicadas

■ Otras mujeres se motivaron y han llegado a solicitar trabajo a los concesionarios, comenta

Alma Rubí López Muñoz, de 21 años de edad, es la primera mujer chofer de autobús urbano del estado, a dos meses de trabajar en la Ruta 15 del municipio de Guadalupe, ha tenido que enfrentar el machismo, la indiferencia y falta de apoyo de sus compañeros choferes, quienes incluso le niegan el clásico saludo entre compañeros cuando se encuentran en la ruta.

A pesar de ello, demuestra que las mujeres son capaces de trabajar en labores de las cuales se cree que son exclusivas para el sexo masculino, y ha motivado a otras mujeres a trabajar en el transporte público.

Pues mientras los choferes de esta ruta esperan su horario, platican entre ellos y comparten experiencias, Rubí, durante una hora aproximadamente, se dedica a limpiar su camión o a hablar por teléfono, ya que sus compañeros evitan hablar con ella.

“No soy de su agrado porque soy mujer, y están acostumbrados a convivir entre ellos, aunque no me han dicho nada. Yo me bajo, compro algo de comida y regreso al camión a limpiar. Yo les diría que no vengo a quitarles el trabajo, simplemente quiero ser una compañera de trabajo”, dice Rubí.

Este machismo no sólo lo vive con sus compañeros, pues al inicio de sus primeras rutas de viaje, los hombres dudaban de su capacidad para manejar un camión. “Una vez, un pasajero me preguntó si en verdad sabía manejar y si no corría el peligro de chocar”.

Aunque también ha recibido palabras de aliento, sobre todo de mujeres, “hay personas que se han subido y me han dicho: ‘que Dios te proteja’, ‘échale ganas’, y algunos choferes de otras rutas me saludan”.

Su esposo es concesionario de un camión, y fue él quien le enseñó a manejar, al principio ella llegaba a la base de camiones y se llevaba la unidad a casa, después le comentó a su pareja que buscaba aportar económicamente al hogar y que quería ser chofer.

En un inicio acudió a las capacitaciones de la Dirección de Transporte Público, Tránsito y Vialidad, donde le aplicaron una serie de pruebas escritas, así como una prueba en computadora, las cuales aprobó a 100 por ciento.

Alma combina las actividades del volante con las propias de un hogar, pues antes de iniciar su rutina diaria, debe dejar la casa limpia, preparar un lonche para ella y su marido y alistarse para manejar durante seis horas por la zona conurbada de Guadalupe.

El primer recorrido de la ruta se hace después de las 6 horas, aunque la primera vuelta la recorre su esposo, Rubí llega después con el desayuno, y al terminar, continúa ella con el trabajo hasta las 17 o 18 horas, pues regresa a casa a hacer la comida y los quehaceres del hogar.

Narra que al principio tenía temor de causar un accidente, sobre todo en las calles y avenidas angostas, además de que el volante es más grande y duro que el de un automóvil normal, y tener que adaptarse a controlar los pedales.

Dice que aunque el trabajo es cansado, sí se vive de la manejada “en este trabajo, el sueldo es parejo, aunque el de atrás no lleve pasaje, lo que uno saca se divide entre todos, yo gano al día alrededor de 500 pesos”.

Originaria de la comunidad de El Refugio, en Genaro Codina, Alma cuenta que sus padres no creían que en verdad fuera a conducir un camión, y fue hasta que la acompañaron en una ocasión a recorrer su ruta cuando se dieron cuenta de que Rubí no estaba jugando y ya era oficialmente una conductora de autobús.

“Me decían que era un trabajo exclusivo de hombres, pues como varía el horario, si llegaba tarde a casa podría tener problemas con mi esposo, pues es mal visto que una mujer llegue tarde a su casa, pero al final lo entendieron y me dieron su apoyo.  Incluso mis tíos me decían “échale ganas tú puedes”, expone Rubí.

Reconoce que cuando hay caos vial, o hay embotellamientos originados por accidentes, se incrementa el cansancio, pues debe soportar los rayos del sol y lidiar con los tiempos establecidos en su horario, y estas situaciones la retrasan.

 

 

Alma dice orgullosa que desde que aprendió a manejar, a la edad de 18 años, no ha tenido accidente alguno ni percance vial, y a diferencia de otros choferes de camión, evita poner música, pues señala que sólo es un distractor que le impide concentrarse.

Rubí reconoce que tendría más confianza en su centro de trabajo si otras mujeres tuvieran la iniciativa de trabajar como chofer, y espera que con su ejemplo, se incremente el número de mujeres certificadas para desempeñar esta labor.

“Yo he invitado a más mujeres para que seamos más, pero aún existe machismo y esto las detiene, pues la mayoría me dicen que no tienen el permiso de su marido.  Pero yo pienso que las mujeres sabemos hacer las cosas, además somos más responsables”, comenta la chofer.

Después de que se diera a conocer su certificación como chofer de camión, otras mujeres se motivaron y han llegado a solicitar trabajo a los concesionarios de la Ruta 15, una de las solicitantes tiene experiencia manejando un tráiler; y si ingresaran, Alma se sentiría más confiada.

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