UAZ entre el fuego amigo sindical

UAZ entre el fuego amigo sindical
  • Agenda Política

La Universidad Autónoma de Zacatecas vive un conflicto político financiero que parece ir en dos vías, pero con una meta en común. El grave endeudamiento que las administraciones de los rectores Rogelio Cárdenas, Alfredo Femat, Francisco Domínguez y Armando Silva han dejado por concepto de Seguridad Social, efectivamente, como lo expuso el líder sindical Antonio Guzmán desde hace más de 5 meses, cuestionan la viabilidad de aquella institución pública.

Al mismo tiempo evidencian las condiciones políticas con que han crecido las organizaciones gremiales, dentro de la Universidad. Dos sindicatos que pelean por el control político de algunas prebendas y/o prerrogativas, y que únicamente se diferencian por la calificación cualitativa de sus agremiados (y la correspondiente mejora en sus prestaciones y salarios), han propiciado que quienes participen por la rectoría de la Máxima Casa de Estudios oferten a estos grupos canonjías semejantes, pero que con el paso del tiempo, entran en conflicto.

Ejemplo de ellos es la lucha –que apenas comienza- entre el sindicato de personal académico, y el de trabajadores administrativos, por 259 plazas laborales. Estos espacios en la nómina, gestionadas y reconocidas ante rectorías previas, miden el poder político de las organizaciones gremiales para ser incluidas o relegadas en las negociaciones cupulares de la Universidad.

Como resultado del apoyo a tal o cual grupo político, las plazas han aumentado, pero creciendo de manera irregular. Esto es, sostenidas con presupuesto de las prestaciones laborales de los mismos trabajadores. La materia ha sido suficiente para impulsar a Rodríguez Espino, líder sindical del personal administrativo, a demandar a quien(es) resulte(n) responsable(s) por el desvío de recursos latente.

El medio jurídico que presume el agremiado principal de la burocracia universitaria, muestra el distanciamiento de este gremio con el Rector Armando Silva. Y nuevamente da luz sobre el fuego amigo en el que han vivido ambas organizaciones sindicales desde hace ya varios años. En el mes de Noviembre, Espino apoyaría la revisión del emplazamiento a huelga del sindicato de personal académico que exigía Silva Cháirez a la Junta de Conciliación y Arbitraje local.

Sin que prosperara dicha iniciativa, ya que la Junta local dio el visto bueno a la petición de huelga por falta de pago de seguridad social, cargas de trabajo, asuntos particulares y reconocimiento de plazas técnico administrativas, el sindicato de personal académico provocó que la opinión pública zacatecana volteara los reflectores a la crisis por la que pasa la universidad. Incluso mostró la disciplina sindical y la cohesión de sus miembros, con la marcha del pasado 27 de febrero.

Ante esta nueva composición del conflicto universitario, el Rector Silva tuvo que romper los acuerdos previos que sostuvo -con alfileres- con Rodríguez Espino, dando prioridad al nutrido movimiento de los docentes. Frente a ello, el sindicato administrativo buscó no ser excluido del debate público, tomando la bandera de las 259 plazas técnico administrativas que se encuentran suspendidas en el aire como combustible de su lucha.

Por el momento ninguno de los dos sindicatos reúne las condiciones suficientes para reclamar la potestad de esos espacios. Recordemos que esas plazas nacieron de negociaciones políticas, más que de prerrogativas sindicales como tal.

Lo que resta en este conflicto, a decir del sindicato del personal académico, traza una ruta más elaborada y abierta hacia la renovación de la estructura universitaria. No sólo la estructura administrativa y docente, sino la que permite que dos sindicatos pongan en jaque el ritmo natural de una institución tan compleja, que atiende nada más y nada menos que alrededor de 40 mil estudiantes.

Esto es, si ambos sindicatos no están dispuestos a cuestionar la pertinencia de la partición sindical de la Universidad, difícilmente podrán presionar a la Rectoría, los legisladores y el gobierno, para lograr la gestión de recursos que rescate las finanzas de los trabajadores que hacen uso de los créditos para compra de bienes muebles e inmuebles.

Con menos letras: si los sindicatos no perciben que una reestructura coherente comenzaría con la desaparición de uno de los dos gremios, fundándose con el restante, el cual, para esos momentos, deberá ser quien presente mayor calidad política y moral para la defensa de los trabajadores; difícilmente se podrá avanzar en el tema de la crisis universitaria.

El gran problema político de la Universidad, al día de hoy, es vivir a la expectativa de dos sindicatos que luchan por los mismos derechos laborales. Sí, ambos buscan beneficiar a sus trabajadores imponiendo ante la ley la calidad del trabajo desempeñado, pero al final del día los derechos que defienden son exactamente los mismos.

Dependerá de la seriedad del gobierno para manejar una crisis de largo alcance -puesto que ya no es un problema contingente- para reunir las condiciones políticas necesarias que le permitan realizar la ambiciosa reestructura que promueve y defiende. ¿Le interesará? ■

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