Los derechos de los animales

Los derechos de los animales

Cuando hablamos de los derechos de los animales o aún más, de los derechos de la naturaleza, y apelamos a su reconocimiento formal en algún instrumento jurídico, debemos  justificarlo, Y es ahí cuando surgen las dificultades. En el ámbito del derecho humano, basado en la noción de persona, se justifican los derechos por la entidad absoluta de la persona, es decir, que la persona es un fin en sí mismo y nunca medio para otra cosa, lo que a su vez se funda en la idea de que los seres humanos son seres para sí mismos, y prueba de ello es que tienen autonomía de acción, lo que se muestra por sus facultades de tener conciencia de sí, la existencia de una voluntad libre y de la razón.

Con los animales, brota la pregunta sobre el fundamento de sus derechos, lo que determina  su alcance, por ejemplo, si decimos que los animales comparten los mismos valores de los humanos, entonces se impone la necesaria prohibición a ser comidos; o si por el contrario se les concibe como cosas, entonces no hay siquiera obligación moral para con ellos. En occidente, hay una diversidad de visiones sobre la identidad de la realidad animal, pero la hegemónica es la idea de la existencia del alma (que hoy tiene múltiples traducciones equivalentes). En el hombre, el argumento de la existencia del alma racional sirvió a la escuela salmantina para promover la injusticia de la esclavitud de indios americanos; y por el contrario, el argumento de la inexistencia de ésta era la justificación  de los portugueses para esclavizar a los naturales.

La pregunta ahora es, ¿cómo se funda la existencia de derechos en los animales? En el mismo occidente (Aristóteles) se justifica la existencia de Las almas (vegetativa, sensitiva e intelectiva) no de El alma. Los animales no tendrían alma intelectiva, pero si vegetativa y sensitiva, por tanto, no son meras cosas y además tienen cierto nivel de autonomía. Así, no son personas (por tanto se les puede comer), pero sufren y desean, con lo cual queda fundado el ámbito propio que no puede ser transgredido y debe ser respetado.

Con esta base, el Estado debe subir a ley positiva el reconocimiento de dichos derechos. Y al hacerlo, elaborar una serie de restricciones en el trato y condiciones de pertenencia de los animales; lo cual supone también, que se establecen las sanciones de no respetar dichos límites. En México, y en especial en Zacatecas, estamos muy atrasados en este tema.  Faltan no sólo los cuerpos normativos completos, sino los instrumentos para hacer efectivo el derecho. Y mientras tengamos esa deuda, seguiremos siendo civilizaciones bárbaras. No olvidemos que sólo somos custodios de la naturaleza, no dueños.

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