Nada que celebrar

Nada que celebrar

Este año dejó de celebrarse en México el Día de la Expropiación Petrolera. Lo que debiera haber sido su conmemoración número 76, el 18 de marzo lo transformó en su antítesis: el primer aniversario de la privatización de la industria. Y es que Pemex –que ocupa el lugar 34 entre las 500 petroleras más importantes del mundo, que es la mayor empresa de México y América Latina y el mayor contribuyente fiscal en nuestro país– ha sido, como sabemos, conferido a intereses extranjeros.

Es pertinente recordar que en los años 30 del siglo pasado, operaban en territorio mexicano compañías petroleras en manos de extranjeros y que las relaciones laborales de los trabajadores con estas empresas se fueron deteriorando a tal grado que provocarían una huelga que paralizó al país. El entonces Presidente de México -Lázaro Cárdenas del Río- intervino mediando y luego se unió abiertamente a las peticiones de los trabajadores petroleros. Las compañías británicas y norteamericanas que se negaban a satisfacer los reclamos obreros, amenazaron con irse del país llevándose todo su capital.Fue entonces que al no darse un acuerdo entre las partes –el 18 de marzo de 1938– el Presidente tomó la histórica decisión de expropiar la industria petrolera que incluía todos los recursos e instalaciones existentes en territorio mexicano.

Después de la patriótica decisión, los distintos gobiernos que siguieron al de Cárdenas vieron en el petróleo mexicano la fuente principal de riqueza dejando de lado toda estrategia de diversificación productiva y energética. Pemex –cuyos ingresos constituyen hoy 37 por ciento del total de las percepciones del presupuesto nacional—hubo de soportar durante largo tiempo su constante descapitalización por administraciones y regímenes corruptos que utilizaron las arcas como caja chica con propósitos ajenos al interés nacional y para asegurar canonjías a una burocracia sindical de cuello blanco. Cuando se afirma que la privatización de la industria petrolera pondrá en riesgo las finanzas del país, se hace pensando en que Pemex transfirió a Hacienda más de 7.13 billones de pesosestos últimos años.

Es cierto que la falta de inversión en tecnología e infraestructura, los frecuentes accidentes y explosiones, la ordeña y robo de combustibles agravaron la situación. Pero hoy todo indica que estas “anomalías”en realidad formaron parte de un plan de descomposición inducido con el fin de exhibir la insolvencia técnica y financiera de la industria y así entregarla “para su redención” a intereses privados.

“Inspirado”en la experiencia de Petrobras, el Gobierno Federal impulsó la privatización pensando en hacer “más eficiente” la industria mexicana.Pero contrariamente, en el espejo de Brasil podemos ver que las trasnacionales se apoderaron del 100 por ciento del petróleo que explotaban, que sólo pagaban 10 por ciento de impuestos y que jamás desarrollaron nuevas tecnologías. Más aún, se sabe que Petrobras debió someterse a la ley estadunidense Sarbanes Oxley que entorpeció del todo su accionar…

En México, la Reforma Energética no solo liquidará la rectoría del Estado y la propiedad de éste sobre los recursos de la nación, sino que su perspectiva de extracción ilimitada como industria neoliberal, pone en peligro las reservas y contribuyea la degradación irreversible del medio ambiente. La soberanía nacional amenazada y la pérdida del petróleo desatarán acciones cuyo desenlace no puede preverse, pero, junto a la demanda por recuperar la industria, es nuestro deber referir aquí que la crisis ecológica actual es aún tan o más terrible que la crisis económica del capitalismo porque no tiene salida.El cambio climático y el calentamiento global ocasionado por la quema de energías fósiles están poniendo en peligro la vida de las especies, incluida la nuestra.

En la disputa sobre la propiedad y el uso de los hidrocarburos debemos tener presente que la fusión de los glaciales producto del fenómeno de la inversión térmica (efecto invernadero), va más aprisa de lo que pensamos y que se ha convertido en una real y seria amenaza para las generaciones actuales; que de continuar el calentamiento terrestre, ciudades como Barcelona, Londres, Nueva York, Venecia, Hong Kong… quedarían bajo el agua por el derretimiento de los casquetes polares.

Para enfrentar la emergencia, será entonces urgente tomar alternativas radicales: Cambiar las fuentes de energía del aparato productivo; los patrones de consumo; detener el despilfarro de la energía; desarrollar fuentes de energía alternas y renovables como la eólica, hidráulica, la solar o la geotérmica. Sustituir el transporte privado por uno público y gratuito; promover el uso de la bicicleta y autobuses; educar a las generaciones actuales sobre el problema…etc., todo lo humanamente posible para impedir el desastre.

El mundo requiere de más una sola salida técnica para superar el problema y cada nación tendrá como “sujeto de esta transformación” su propia vanguardia, esto es una mayoría convencida.En México, los [email protected] deberán movilizarse para echar abajo la reforma, defender la propiedad de la nación sobre el petróleo y, al mismo tiempo, desplegar una amplia campaña de difusión para frenar las políticas energéticas que amenazan el futuro de la humanidad. Salir cuanto antes de la dependencia de las energías fósiles… es la condición previa. (Lowy) ■

 

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